Martes, 23 Mayo, 2017

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Scout una vez, Scout siempre

La singladura emocional que se experimenta en este movimiento "te marca de por vida"

Campamento Scout | Foto: ASDE Scouts España
Gabriel Sánchez | @Gabisancara


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La vigencia prolongada del éxito siempre ha sido –y será- secuela del trabajo eminente. Ya ha pasado tiempo desde que en 1907, Robert Baden Powell diese el pistoletazo de salida al Movimiento Scout con un campamento experimental en la isla de Brownsea. Desde entonces, la creación de este concepto destinado a la juventud y a la educación social no ha hecho más que extenderse por todo el mundo, crecer y alcanzar unas dimensiones que a su propio fundador le costaría imaginar cuando dio el primero paso. No queda menos lejana la fundación del escultismo en Granada, allá por 1913, según el método que ideó Powell.

El escultismo no cesa su desarrollo, rompiendo moldes y prejuicios y cada vez junto a un creciente uso virtuoso de los medios de comunicación y la publicidad para darse visibilidad. Asimismo evoluciona con la sociedad, a través de los nuevos valores que van siendo inherentes a esta. Lo que comenzase como una formación eminentemente militar para jóvenes varones que trabajaban el código morse, la topografía, la orientación o la supervivencia, se ha convertido hoy en una alternativa coeducativa de ocio y tiempo libre no exenta sin embargo de compromiso formativo por parte de los voluntarios que trabajan en la asociación.

Hoy son, sobre todo, una ONL con un alto grado de compromiso social que inculca a sus educandos. Los scouts son veinteañeros que prefieren pasar un fin de semana en la naturaleza que beber y salir de fiesta o niños que disfrutan recorriendo los senderos de La Alpujarra con sus enormes mochilas a cuestas; son adolescentes comprometidos que trabajan como voluntarios en asociaciones como Granadown, Homo Sapiens, Calor y Café o A Toda Vela; son niños de siete u ocho años que comienzan a ser conscientes de la importancia de compartir lo que tengan, aunque sea poco. Niños que aprenden a ser ellos mismos, a convivir, que se relacionan y hacen amistades para toda la vida.

Adquirir perspectiva de la empatía y el sacrificio como base de formación personal. Esto erige la figura educacional de los ‘Scouters’ como unos ‘segundos padres’ que velan por humanizar desde el enfoque del consejo y la convivencia a sus educandos. Existe un compromiso que siempre se torna liviano y dinámico, rindiendo honores a unas premisas genéricas en todos los Movimientos Scouts del mundo: Que se trabaje en pequeños grupos de semejantes, forjar y entender la sintonía que aporta la vida en naturaleza, y andar a lomos del entendimiento coletivo e individual mediante metodología y valores scouts.

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Foto: ASDE Scouts de España

Óscar Mesa, scout desde hace diecisiete años, cuenta que sus inicios en el movimiento fueron fortuitos: “Me llevaron mis padres casi obligado. Era un chaval de nueve años que pasaba mucho tiempo en casa con los videojuegos, y a mis padres les recomendaron una alternativa muy buena para comenzar a relacionarme con gente de mi edad. A día de hoy, lo mejor que me llevo de toda la trayectoria ha sido conocer a tantas personas que actualmente son un pilar vital en mi vida. El grupo de amigos que más tiempo perdura en el tiempo ha sido el que se forjó en los scouts”.

Las prioridades cambian con el tiempo, y los incentivos que dan sentido a cada etapa vital van transformándose con el paso de los años: “Conforme te haces más mayor, comienzas a valorar otro tipo de ámbitos, como la vida en naturaleza, el vivir cosas diferentes, el ser sano. Incluso me planteé ser profesor por lo maravillosa que me parece la experiencia de ser ‘Scouter’. Tras tanto tiempo en el movimiento también es normal plantearse ciertas cuestiones, como qué aporto yo aquí y si se es útil”.

Siempre habrá momentos que caerán en el olvido, pero la singladura emocional que se experimenta, según Óscar “te marca de por vida”. Aunque hay lugar para todo. Momentos difíciles que acaban encontrando tu propia senda de la felicidad o experiencias tristes que acrecientan lazos: “La experiencia que más me ha marcado fue la despedida de un amigo que ha dejado el grupo después de haber sido seis años monitor. Es la sensación de que tu generación llega a su fin, pero para instaurarse en una nueva etapa tras estar orgullosos y satisfechos de lo que hemos hecho. Como monitores hemos sido educadores sociales, hemos hecho juegos, hemos sido psicólogo o hemos resuelto conflictos. Todo eso me acompañará de por vida y me ayudará en mi día a día”.

De cara al futuro, Óscar reconoce que es el culmen de la autorrealización personal lo que acaba dictando el fin del periplo en la formación, pues la esencia cíclica de regenerar con ‘savia nueva’ es un paso ineludible: “Hay que saber decir basta. Llega un momento en el que te das cuenta de que tus propios educandos están a un paso de ser ‘Scouters’ y percibes que tu labor aquí va llegando a su fin. Preveo que el año que viene será mi última temporada. Cuando tenga noventa años y vea una pañoleta me seguirá generando la misma emoción que ahora, pues creo que nunca se deja de ser scout. Es un espíritu que siempre me acompañará”.

El ‘halo scout’ siempre acompaña, desde la emoción del primer campamento hasta la enseñanza en valores hacia tus futuros descendientes. La atemporalidad de la causa genera un movimiento sentimental que siempre permanece en el alma.

Mientras personas como Óscar dilucidan el fin de su ciclo en el proyecto tangible, la incursión de nuevas generaciones en el Movimiento Scout clarifica que el mensaje identitario cala hondo con el devenir del tiempo. Es el caso de Paula Martínez, de quince años de edad y que lleva cuatro de ellos en la dinámica del escultismo en Granada. Ella define su experiencia como “enriquecedora” y “magnífica”: “Siempre me ha gustado el valor de la empatía, de ayudar a los demás, o desarrollar la capacidad de encontrar salidas propias a tus problemas. Todo eso lo encuentro día a día en los Scouts”.

Para labrar una correcta canalización en valores, los más jóvenes se resguardan bajo el amparo de los Scouters, forjándose vínculos irrompibles de amistad y alta estima. Paula da fe de ello al destacar la cercana relación entre monitores y los más jóvenes: “Un Scouter no te aconseja como un padre que sabe que debe tener responsabilidad hacia ti, y tampoco como un profesor que se muestre distante. Son amigos que te orientan en base a su experiencia”.

Tal vez el mensaje real de los Scouts sea un tanto desconocido para todos aquellos que no están vinculados al proyecto, pero indudablemente triunfa entre los individuos que sí lo conocen, y que mayormente acaban desarrollando un estilo de vida muy ligado a la estima que promulga el escultismo: “Siempre he aconsejado a toda persona que conozco a que se viniera a los Scouts. Suelen desconocer qué hacemos, y además muestran rechazo a la idea de tener que estar atados a ciertas rutinas o compromisos de asistencia. Ante eso, yo siempre digo que es como quedar con tus amigos pero con la garantía de que vas a aprender”.

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