Sábado, 17 de Noviembre de 2018

            

Paz Padilla: “En ‘Desatadas’ la gente se ríe muchísimo y yo disfruto con ello”

La actriz gaditana, que actúa en el Palacio de Congresos este fin de semana, se declara una enamorada de Granada: “Es la novia de Andalucía, una de las ciudades más maravillosas del mundo”

Paz Padilla en 'Desatadas' | Gabinete
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A sus 49 años recién cumplidos, Paz Padilla atraviesa posiblemente el mejor momento de su carrera profesional. Popular presentadora de televisión, humorista y actriz, la polifacética artista gaditana triunfa en los escenarios con una comedia teatral que parece hecha a su medida. ‘Desatadas’, del director Félix Sabroso, es una oportunidad para mostrar el gran don que tiene ‘la Padilla’: hacer reír. Y lo hace en el entorno que más cómoda se siente, el cara a cara con el público que le facilita el teatro. Así se presenta este fin de semana en el Palacio de Congresos de Granada, en el segundo espectáculo programado en ‘Heterogénea, ciclo de música y artes escénicas’, que impulsa la productora granadina Spectae. Serán dos funciones, los días 20 y 21 de octubre, en las que promete diversión a raudales y, de paso, disfrutar de una ciudad de la que se siente enamorada.

 

Paz Padilla en ‘Desatadas’ | Gabinete

 

Pregunta (P.) ¿Cómo te sientes como actriz de teatro y qué diferencias encuentras con respecto a tus actuaciones en el cine o, fundamentalmente, en series de televisión?

Respuesta (R.) Fíjate que siempre digo que si algún día me retiro solo me voy a quedar con el teatro, por lo que significa el teatro en directo y la relación con el público. No me quiero retirar nunca del teatro. Podré hacerlo de la televisión o de muchos sitios, pero del teatro nunca. Es maravilloso.

 

(P.)  ¿Disfrutas mucho más en el teatro que en televisión?

(R.) Disfruto muchísimo en el teatro. En la televisión hay un público que no paga, que sabe que son profesionales y, de hecho, cobran por ir a la televisión; hay un regidor que les dice cuando tienen que aplaudir y todo eso hace que se pierda un poco la autenticidad de las cosas. Pero en el teatro ves a un público que ha pagado una entrada porque quiere verte, y el que paga exige, todo es mucho más auténtico. Si te aplaude es porque le ha gustado y si se ríen es porque les hace gracia. Eso no tiene precio.

 

(P.)  En Granada vas a presentar ‘Desatadas’. ¿Cómo ha respondido hasta ahora la gente a esa comedia teatral?

(R.) La respuesta ha sido maravillosa. Maravillosa (se ríe). Uy, parezco la Pantoja. Ha ido muy bien. Hay dos razones, creo. La gente espera ver una Paz Padilla humorista, y no como en la televisión, cuando me ven como presentadora. En el teatro es humor, puro y duro. Desde que entran hasta que salen. Entonces se lo pasan muy bien. Y lo que más me ha gustado es que la venta de entradas ha ido estupendamente, y en muchos sitios hemos agotado localidades, y luego cuando termina la obra la gente, en pie, aplaude. Fíjate que ahí es donde me pongo más nerviosa. Más que a la entrada. Ahí es donde mis compañeras me aprietan las manos y pienso que hay disfrutar esto, que hay que retenerlo en la retina porque es el momento más maravilloso que puedo tener en todo el año.

(P.)  Dicen que estás divertidísima en esta obra, aunque para hacer reír así también te lo tienes que pasar tú muy bien.

(R.) La gente se ríe muchísimo y yo disfruto con ello. Porque, aunque los personajes son muy diferentes unos de otros, muy dispares, no deja de ser el reflejo de la sociedad actual. Y es que en la sociedad actual existen esos personajes con los que te ríes. Llevado a la comedia es muy divertido. ‘Desatadas’ es un poco de pasar de cómo te ves tú a cómo te ve la gente. La imagen irreal que muchas veces tenemos de nosotros mismos. Y yo me lo paso genial. También es verdad que meto y saco por donde quiero. Es una obra que tengo muy abierta. El ‘dire’ (Félix Sabroso, director y guionista de la obra) ya lo sabía. Además, es una obra muy actual. Si ocurren cosas actuales yo las meto. Y luego juego mucho con el público. Si suceden cosas con el público yo las introduzco y eso me da una libertad increíble. Por eso me lo paso tan bien y nunca me aburro. Los técnicos se ‘descojonan’ porque comentan entre ellos: “Esto lo ha metido nuevo”. Siempre estoy pensando en la obra. Es una cosa increíble. Me tiro todo el día dándole vueltas, quitando y poniendo cosas. Es muy viva.

 

(P.)  La obra va sobre tres mujeres internadas en un centro de salud mental, con muchas cosas por descubrir, pero que también tiene un trasfondo importante, como la mentira, la locura de la vida actual, la religión, el miedo a la soledad, el desamor… Son muchos temas importantes de la vida actual, ¿no?

(R.) Sí, y además todo el mundo va a ver a alguien reflejado en los personajes. Ves a tu vecina, a tu cuñada, a tu compañera de trabajo… Es que la sociedad nos hace llegar a ese punto de locura, en el que parece que tenemos que ser perfectos. Y nadie es perfecto. Pero tengo que tener la mejor casa, ser la más buena del mundo, ser la mejor persona, tengo que ser solidaria… cuando realmente nadie es perfecto. Nadie. Pero todo esto es llevado al humor y resulta muy divertido. Primero te preguntas: ¿Y esto de qué va? Porque te sientas ahí y, de repente, te vamos llevando a un mundo de locura, pero a medida que va pasando la obra, el espectador va cogiendo el sentido y la unión. Porque los personajes entran y salen, y se van preguntando quién es cada una. Las tres vamos vestidas iguales. De hecho, la hago vestida igual y, sin embargo, voy interpretando personajes distintos sin usar atrezo. Y tienes que ir distinguiéndolos. Y eso conlleva una dificultad, entre comillas, porque no es tan difícil si lo hago yo (bromea otra vez). Eso es maravilloso.

 

(P.)  Al final, en la sociedad actual parece más difícil hacer reír que hacer llorar.

(R.) Llevo 25 años en la profesión y puedo decir que el drama es internacional. Todos lloramos por lo mismo, conectamos con lo mismo: con la enfermedad de un hijo, con un accidente grave… Todos conectamos con la desgracia. Todos lloramos por lo mismo y, aunque unos pueden ser más sensibles y otros menos, a todos nos afecta. En el humor, no. El humor de cada uno es diferente. Hay quien le gusta lo surrealista, otro más la ‘sal gorda’… No es igual el humor de un notario, de una ama de casa, de una adolescente o de un niño de siete años. En ‘Desatadas’ conectamos con todos. Viene la abuela porque le gusta el ‘Sálvame’, la madre que dice “voy a llevar a mi madre” o la niña porque le gusta ‘La que se avecina’. Y, de repente, me encuentro con tres generaciones y las tres se ríen. Entonces pienso que eso es el milagro. Lo difícil que es conseguir que tres generaciones totalmente diferentes y con gustos diferentes acaben riéndose de lo mismo. Eso es maravilloso y, por eso, estoy feliz cuando se acaba la obra. Creo que no voy a dejar de hacerla nunca.

 

(P.)  Supongo que para ti será especial cuando el público es andaluz, de tu tierra, como te ocurrirá este fin de semana en Granada.

(R.) No lo dudes. Para mí resulta muy fácil, porque solo en determinadas expresiones me paro y digo: “Me estáis entendiendo, ¿verdad?”. Eso ya es magia. Solamente con que haga referencia a lo incomprendidos que muchas veces nos sentimos los andaluces fuera de nuestra tierra, que es muy duro… Mira, hay una cosa por la que siempre lucho: llevar mi acento por delante. Siempre, a muerte. Y no me lo quitaré nunca. Evidentemente, si tengo que hacer un personaje diferente en una película, voy a dicción y consigo quitar el acento, porque es fácil quitarlo. Pero lo difícil es mantenerlo en un mundo donde nos presionan tanto porque ser andaluz es como ser un cateto. Y eso es así. Y yo siempre digo que me siento muy orgullosa: hablo un mal castellano, pero un perfecto andaluz. Y nos tenemos que sentir muy orgullosos de nuestro acento. Y no debemos permitir que haya gente que nos haga sentirnos ridículos por eso. Porque no es verdad. Tenemos un acento precioso, muy rico, que es la evolución del castellano. Todo el lenguaje tiende a abreviar, que es lo que hacemos los andaluces. Y el andaluz es una abreviación del castellano. Yo me siento muy orgullosa y nunca perderé el acento. En la televisión nacional solo hay un presentador con acento andaluz, que es el de OT. Y, sin embargo, hay muchísimos presentadores andaluces que no hablan en andaluz. Y yo lo reivindico a muerte. Siempre.

Mira, existe un refrán en castellano que dice: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Pues nosotros, hacemos el mismo refrán, pero utilizando menos palabras: “Faena hecha, no estorba”. Ea, hemos dicho lo mismo, pero con menos palabras.

 

(P.) ¿Conoces Granada?

(R.) Por supuesto, es la novia de Andalucía. Granada es una de las ciudades más maravillosas del mundo. Si es que tenemos una Andalucía increíble. Qué rica, chiquillo. Mira, he estado este puente en Cádiz, fui en el tren a recoger a mi hija, y venía de Madrid con abrigo y el gorro puesto, y me encuentro en Cádiz con 28 grados, con una playa y un sol increíbles. Este carácter que tenemos nosotros o esta riqueza, en Granada es inmensa. Siempre que voy a Granada tengo que ver La Alhambra. La he visto millones de veces, pero tengo que ir otra vez cuando regreso. Siempre suelo ir un día antes para cenar en Granada y dar una vueltecita el viernes y el sábado, y disfrutar de la ciudad hasta que llegue la actuación. ¿A Granada voy a ir con el tiempo justo? Ni mijita.

(P.)  ¿Cómo animarías a la gente a que vaya a verte en ‘Desatadas’ este sábado o domingo? ¿Qué razón les darías para asegurarles que no se van a arrepentir si van al Palacio de Congresos a ver esta comedia?

(R.)  Seguro que no se van a arrepentir porque se van a descojonar. De verdad te lo digo, porque he estado cuatro meses en Madrid, en la Gran Vía, que es algo muy difícil. Me lo decía mi productora, y no es que yo sea egocéntrica, de verdad. Es que tú ves una obra de teatro y ves varias caras famosas que se utilizan como reclamo. Pero una Paz Padilla que llene en la Gran Vía… no hay otro actor que lo haga. Porque es humor. Y la gente va porque se ríe. Tú sabes que esto es el boca a boca. Si no funcionara, no hubiera estado cuatro meses en Gran Vía. Y luego en la gira, si ves mi Instagram, es que no hay ni un solo comentario negativo a la obra. A la gente le encanta. Es lo que les puedo decir, que no se van a arrepentir de ir, y es el mejor dinero invertido porque no hay nada mejor que reírse. Por lo menos para mí… Anda hija, no tengo abuela (se ríe de sí misma).

Cuando vendes un producto y no tienes que mentir, porque es auténtico, es muy fácil hacerlo. No te digo yo que otras veces no me haya costado vender una película, pensando que era una porquería, pero de ‘Desatadas’ estoy muy orgullosa. Y mi director ha sido muy lindo, porque es muy inteligente. Félix Sabroso hizo una obra y luego se dio cuenta de que tenía a la Paz Padilla. ¿Y qué quiere decir eso? Que, aunque él estuviera acostumbrado a tener un guion muy cerrado, cuando me vio en el escenario pensó que no podía dejar que no improvisara o no jugara con el público. Él se ha adaptado a mí y yo a él. Tenemos un texto maravilloso, trabajado con alguien que tiene una pluma increíble, finísima, que ha trabajado con todos los grandes y que ha arrasado por donde ha ido. Sin embargo, no me ha acotado, me ha dejado crecer con él y ha sido una fusión maravillosa… Anda hija, otra vez sin abuela (vuelve a reírse).

 


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