Lunes, 16 Julio, 2018

            

Los/as excelentes y los/as arrinconados, ocultos, proscritos y sus mediocres jefes/as

Imagen remitida
Joan Carles March | @joancmarch


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La #excelencia es definida por el diccionario de la Real Academia de la lengua, como la superior calidad o bondad, que hace digna de singular aprecio y estimación, una persona o cosas. También se define, según EFQM, como las prácticas sobresalientes en la gestión de la organización y logro de resultados, basadas en la aplicación de un conjunto de ocho conceptos fundamentales.

Hace unos días Zulema Gancedo, #enfermera cántabra y profesional de prestigio en el ámbito del liderazgo en salud, preguntaba en twitter: ¿Por qué los excelentes pasan inadvertidos en las organizaciones? Ese tweet generó gran cantidad de movimiento en twitter.

De la pregunta y de la #imagen que la acompañaba, que pueden ver en este post, sobresale la imagen “lejana” de los jueces, ante el maravilloso espectáculo que les ofrecía el gimnasta.

Hubo muchos comentarios muy interesantes, de los que destaco la sensación de que aportar ideas y/o un proyecto bueno que sale adelante y funciona, no implica que la medalla sea para la persona que lo impulsa, ya que normalmente es para la organización. Que a los excelentes les importa su trabajo y su equipo, sus resultados y la mejora, con un interés especial, centrado en la meta. Que su trabajo, su dedicación, su compromiso, su respeto y su cercanía habla por ellos y ellas. Y que la #meta es fundamental, aunque también lo es, según ellos/as, recibir #refuerzos y #reconocimientos en función del trabajo hecho y sus resultados, aunque la mayor parte se contentan con el apoyo y contribución al #logro.

Ante ello, surgían preguntas: ¿Cómo tenemos que gestionar el #talento y la excelencia?, ¿Por qué todos estamos tan de acuerdo en que la #mediocridad nos llega hasta las rodillas como el fango y no cambia nada? ¿Por qué hemos llegado al punto de aceptar ser fichas de ajedrez y meros números sin importar nuestras aptitudes y capacidades?

Y vinieron respuestas: Primero, apoyemos a los excelentes, en su camino de esfuerzo, buscando, a través de su #ejemplo, también ser excelente.
Y ante los excelentes #arrinconados y #ocultos, los #proscritos, los que se van por el sumidero y suponen un desperdicio inexplicable para un sistema que dice querer servir a la ciudadanía, ante esas personas que el sistema no les soporta porque la disrupción que plantean va siempre en contra del “paradigma del confort” y que igual no gustan, busquemos la fórmula para mantenerlos vivos, para estar cerca, para que sientan tu apoyo, para que mantengan la motivación intrínseca que les ha llevado a su excelencia. Aunque seguro, como se apuntaba, en la realidad, nadie es excelente al 100% ni tóxico al 100%.

Y ante ello, ¿qué jefes/as encontramos?: También hay de todo. Sin embargo, los que no cuidan a los excelentes son, como alguien apuntaba, esos peligrosos “idiotas” con poder. Y dos si son pares. Y que cuando hacen trío, destrozan la organización, la paralizan y la inhiben. Otros decían que la mediocridad hace triunfar a gestores #dictadores, #machistas y que se amparan solo en criterios de resultado económicos muchas veces sin fundamento, que suelen tener cero habilidades comunicativas y no saben que existe el #liderazgo #emocional y los indicadores cualitativos. Había quien mantenía que hay quien disfruta con los egos, los celos, las parcelas de poder, ponerle la zancadilla al que sobresale o fastidiar al prójimo… Mientras que uno apuntaba que es difícil innovar, ser crítico y no volverse odioso para algunos, porque da igual si te involucras, si aportas, si te sigues formando e informando a los demás, porque muchas veces aparece el “colega de turno” que pasa por encima, ya sea por “amistades”, parentescos varios u otras influencias que interesen.

Ante esta visión negativa, venía la positiva de mi amigo Alex Rovira: “Pienso que la excelencia atrae. Que el amor por el trabajo bien hecho magnetiza. Que la belleza, convoca (…) hagamos lo que nos toca hacer, convocaremos, emocionaremos, transformaremos”.

Quiero centrar en esa posibilidad mi foco. Para ello, te propongo hacerte estas 12 preguntas y así podrás valorar cuanto se aprecia tu excelente trabajo: ¿Sé lo que se espera de mí en el trabajo?; ¿Dispongo de los materiales y equipamiento que necesito para hacerlo correctamente?; En mi trabajo, ¿tengo la oportunidad de realizar diariamente lo que mejor sé hacer?; En los últimos 7 días, ¿he recibido algún reconocimiento o elogio por hacer bien mi trabajo?; ¿Tengo la sensación de que mi jefe u otra persona se interesan por mí como persona?; ¿Hay en la organización alguna persona que me anima en mi desarrollo; ¿Tengo la impresión de que mis opiniones son importantes en mi ámbito de trabajo?; ¿La misión de mi organización me hace sentir que mi trabajo es importante?; ¿Las personas que trabajan conmigo están comprometidas para hacer un trabajo de calidad?; ¿Tengo un buen amigo en la organización donde trabajo?; En los últimos 6 meses, ¿alguna persona de la organización me habló sobre mis progresos?; ¿La organización me brindó oportunidades de aprender y de crecer durante el último año?

Si las respuestas son mayoritariamente positivas, ten seguro que estás en una organización que cuida la excelencia. Cuídate. Cuídala

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