Jueves, 15 de Noviembre de 2018

            

Los últimos moradores de la Alhambra | Vídeo y galería

María Victoria Carrasco, la última persona que habitó en el monumento, tuvo el privilegio de rodearse de las leyendas que inspiraron a Washington Irving, pasear a sus anchas por los palacios y amanecer bajo el cobijo de la fortaleza nazarí

La Alhambra, una vivienda de la que solo unos pocos han podido disfrutar | Foto y vídeo: Javier Gea
Paula Ruiz


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Vivir en la fortaleza mandada a construir por el Rey Mohamed I en el siglo XIII es algo que todo el mundo desea y puede llegar a imaginar aunque cueste creer. Durante años, el reino nazarí estuvo resguardado por vigilantes que hacían guardia por las noches y caminaban de palacio en palacio. Ellos fueron las últimas personas que vivieron en el corazón de la Alhambra.

La protagonista de esta historia se llama María Victoria Carrasco, fue la mujer del último vigilante de la Alhambra, Manuel Jiménez, y una de las personas más queridas dentro de tan antiguos muros. Hemos tenido el privilegio de hablar con su sobrina, María Victoria Miranda, y con su sobrina nieta, María Jesús, quienes también tuvieron el placer de dormir bajo el cobijo de la fortaleza roja.

María Victoria Carrasco, 1944

Amanecer en tan privilegiado lugar debe de ser algo imposible de describir. “El regadío salta unas horas durante las mañanas y tú notas el fresco. Notas el agua, el olor y las ranas y sapos cantando en el estanque. Es algo especial y ves que todo es para ti”,  recuerda María Jesús describiendo sus sensaciones al abrir los ojos en tan dichoso lugar.

María V.M. recordaba la “mezcla de olores que producía las flores” y los “cánticos de los ruiseñores” que anteriormente anidaban en la Alhambra. “Recuerdo a mi tío traer por las mañana platos de higos con el rocío de la noche y es algo muy bonito. Son recuerdos que llevaré siempre conmigo”, nos transmite María, muy emocionada recordando a su tío Manuel.

Manuel Jímenez, 1940

Y es que su tío Manuel Jiménez fue el último vigilante de los que, con una chapita numerada y un silbato con el que llamar la atención, se encargaba de proteger el interior de los muros de la Alhambra. La vigilancia y el cuidado del bosque, parques y jardines pasaba de generación en generación. María V.C. comenzó a trabajar en una casa dentro del recinto cuando tenía once años. Allí conoció a Manuel, pocos años después se casaron y vivieron juntos en la conocida ‘Casa de María del Partal’.

María V.M. y María Jesús recordaban como hacían vida en dicha casa. “En una tina de hojalata grande nos bañábamos. Poníamos el agua al sol para que se calentase y hasta turistas nos han hecho fotos”, narra María Jesús.

La fachada y el interior de la Casa del Partal no han cambiado. Su espacio tan reducido hace que los recuerdos parezcan más acogedores y cada rincón del hogar era suficiente para añadir una cama en la que pudiera dormir otro invitado más. “Había sitio para que todo el mundo pudiera dormir. Si era necesario se descansaba en el sofá del salón o se ponía un colchón en la cocina. Mi tía le daba la bienvenida a todo el que venía”. Sin embargo ya no hay rastro de un banco y una mesa de mármol que formaban el lugar favorito de María. “Por la noche salíamos a cenar sobre una mesa de mármol en la puerta de la casa. Había también un banco de mármol, ambas cosas las han quitado. Aquel era el lugar favorito de María. Pasaba horas sentada allí: cocinando, cosiendo o simplemente disfrutando de su alrededor”, recordaba su sobrina.

María siempre fue muy querida por todos los que frecuentaban la fortaleza nazarí. “La gente pasaba y entraba en la casa. Charlaban con mi tía, si les apetecía iban al baño e incluso tomaban café. A los jardineros por las mañanas, que eran bastante frías en los meses de invierno, siempre les preparaba una taza de café caliente”, comentaban las dos sobre la encantadora personalidad de su tía.

María V.C. abandonó la Casa del Partal cuando tenía 85 años por problemas de vista tras ser operada de cataratas. “Ella tenía fuerza de sobra para vivir aquí. Bajaba al centro a comprar y subía la cuesta cargada de bolsas sin ningún problema. Se tuvo que marchar por problemas de vista que le hacían muy duras las noche sin luz”, explicaba su sucesora.

Vivir dentro de los muros que esconden tantas leyendas parece algo fascinante. La Alhambra oculta cientos de historias que sirvieron de inspiración a escritores como Washington Irving. María también pasó unos años viviendo en la conocida Casa de las Pinturas. Dentro de ella, existe una leyenda acerca de un grupo de mujeres que visten de negro y se pasean de noche con unos largos collares. María V.M. y María Jesús aseguran que, aunque ellas no creen este tipo de cosas, “sus tíos las llegaron a ver y lo decían muy convencidos”. Otra leyenda que a Manuel le encantaba era la que ha perdurado siglo tras siglo en la Torre de la Cautiva. Se dice que allí vivían unas hermanas que se escaparon con unos cristianos para casarse, excepto una. Ésta se quedó sola en la torre y murió de pena a los años. El día de la Toma de madrugada se escucha llorar a la princesa desde la torre donde murió. “Manuel subió a un grupo de turistas a la torre mientras les contaba la historia. Al salir, todo el grupo aseguraba haber oído a la princesa llorar y quedaron bastante impactados”.

María Jesús nació en Navarra y es de las pocas personas que pueden decir que pasa un mes de vacaciones en el palacio nazarí. “Si a la gente le dices que veraneas en la Alhambra no te creen”, añadía. Su infancia está llena de recuerdos únicos, “nos íbamos al Patio de los Leones y jugábamos a cristianos y árabes. Nos disfrazábamos con pañuelos”. 

 

La fauna de la Alhambra ha cambiado a partir de los años. “Los estanques estaban llenos de ranas y de pequeños jugábamos con los renacuajos. También existían muchos más peces”, nos relata María Jesús, quien tenía más de 50 gatos. “En una época quisieron que se deshiciera de ellos pero los convenció de su importancia a la hora de acabar con ratones y otros bichos. Se acercaban a la cocina y ella les hacía la comida y les compraba pienso”, recordaba María V.M. sobre la pasión de su tía con los felinos.

María V.C. fue un personaje único y muy querido dentro del recinto. Enviudó cuando Manuel era aún muy joven, en 1972. Gracias a sus familiares, su historia no se ha quedado en el olvido y es que merece la pena recordar una vida ubicada en el corazón de la Alhambra.

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