Domingo, 21 de Octubre de 2018

            

“Los que tenemos párkinson, el presente es lo único en lo que debemos volcarnos”

Manuel Garzón, una cara muy conocida en la vida pública granadina, relata cómo ha afrontado la enfermedad y el giro a mejor que ha dado su vida tras una cirugía que permite controlar el temblor y la rigidez

Manuel Garzón posa para esta entrevista de Granadadigital | Imágenes: Manuel Cepero
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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“Manuel, ¿te das cuenta de que te tiembla el dedo?”, le dijo un compañero. Él claro que se había dado cuenta de que su mano no se ‘comportaba’ igual que siempre. De hecho, se esforzaba mentalmente para intentar controlar ese movimiento involuntario, pero llegó un momento que, ni poniendo todo su empeño, ese tembleque le daba tregua.

Manuel acudió al médico. Le hicieron pruebas y llegó el mazazo: tenía párkinson. Este trastorno neurodegenerativo se coló en su vida y en la de su familia, en su día a día en casa, pero también en su rutina como director de la Feria de Muestras de Armilla. Manuel Garzón, que ya ha conseguido más dominio de su cuerpo gracias a una operación, no logra, sin embargo, controlar alguna que otra lágrima de emoción al recordar los desafíos diarios que vinieron después del diagnóstico, aquel mes de febrero de 2008. “Recuerdo una reunión con representantes de cooperativas de la provincia. No pude terminar mi intervención. Mi cuerpo no respondía igual. Tuve que pedir ayuda a otra persona para que siguiera hablando por mí”, relata este hombre que ha vivido siempre de cara al público por su trabajo.

Garzón, que ahora tiene 65 años, ha sido concejal de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Armilla, director de Deportes de la Junta de Andalucía, jefe de gabinete del exalcalde de Granada Antonio Jara, director del Centro de Alto Rendimiento y, por último, director de FERMASA, la etapa que cerró su vida profesional después de que el un tribunal médico le concediese la baja por enfermedad en 2012.

“Ese momento…”, y se le entrecorta la voz al recordarlo, “fue frustrante y agobiante; un querer y no poder, un agobio y un auténtico castigo psicológico”, recuerda.

 

Manuel Garzón durante la entrevista | Manuel Cepero

 

Pero Manuel se seca la lágrima que cae por su mejilla y una tímida sonrisa aparece en su cara. “Pero ahora me siento muy bien”, afirma cobrando el ánimo. Y eso aparenta al menos de puertas para fuera en esta entrevista, en la que se disculpa varias veces cuando le falla la voz, aunque salvo eso, no conseguimos ver ningún otro signo visible que nos indique que tiene párkinson. Y todo gracias a la operación que cambió absolutamente su vida. Manuel, sin caer en tecnicismos médicos, tiene en su cerebro un aparatito, conectado a una pila implantada en el estómago, que controla ese temblor y movimiento involuntario típico de la enfermedad de Parkinson.

Después de cuatro años lidiando con la enfermedad, Manuel le debe mucho de cómo es él hoy a un quirófano y a un gran equipo médico, con los doctores Mínguez y Escamilla al frente. La estimulación cerebral profunda del núcleo subtalámico bilateral (ahora sí ponemos nombre y apellidos a la intervención) ha sido el viraje que le ha salvado de una inminente tempestad.

“Asumí el alto riesgo de la operación porque entendí que necesitaba mejor calidad de vida”, afirma con la convicción que fue de las mejores decisiones que ha tomado. Y allí estaba, en la mesa del quirófano del Virgen de las Nieves, solo con anestesia local, consciente de todo el trabajo que estaba haciendo el equipo médico en su cerebro. “Escuchaba el ruido de las máquinas perforando…”, recuerda, “pero no sientes nadas, ¿sabes?”, y ríe al ver nuestras caras de espanto al imaginarnos una escena a lo Frankenstein.

Fue ahí, en esa misma mesa de operaciones, al ‘conectar’ los electrodos, cuando supo que su vida había cambiado a mejor. “De forma instantánea, notas que vuelves a tener el control de tu cuerpo”, y sus ojos se vuelven a encharcar.

 

Autor: Manuel Cepero

 

FAMILIA Y MENTE OCUPADA, LA OTRA MEDICINA

Pero la ciencia y la medicina no es lo único que te puede sacar del agujero en el que a veces uno se tropieza con este tipo de enfermedad degenerativa. Una mente fuerte, positiva y ocupada, así como el apoyo familiar y de amigos, forma parte del ‘tratamiento’ que necesitan las personas que padecen esta enfermedad. Y a Manuel, en esta parte de la conversación, le faltan palabras de agradecimiento para su familia. “Hay que tener una capacidad de superación permanente”, expresa. Él ha buscado como mantener su mente ocupada. “Hago cosas que me entretienen y que hacen que me olvide de la enfermedad. De hecho, procuro no hacerle mucho caso…”, añade.

A golpe de pedalada, Manolo se pierde con su bicicleta de montaña de vez en cuando. Le hace sentir bien. Entregar su cuerpo a la actividad física le reconforta y le viene muy bien para que sus músculos estén activos. Durante estos últimos meses no ha podido darle mucha caña a la bici, después de una caída que le provocó la fractura de unos huesos en la mano, pero sigue entretenido con otra de sus aficiones: los grabados. Nos promete que nos enseñará el último que está haciendo de la Alhambra. Manuel tiene también un pequeño huerto. Los tomates y las patatas le han ayudado mucho en su presente, “en lo único en lo que debemos volcarnos”, dice, evitando hablar del futuro, de si le asusta o no. “Igual inventan algo que lo frente por completo, pero igual no… Por eso, solo nos queda vivir el presente y disfrutar de las cosas buenas que nos da. No queda otra, ¿no?”, nos convence sentado en un banco cerca de la plaza del Humilladero.

 

Autor: Manuel Cepero

 

La historia de Manuel es una de entre las más de 3.000 que se podrían escuchar en Granada. Pero esa cifra es estimada. En realidad, a día de hoy, no existe un registro fidedigno sobre las personas que viven con la enfermedad, algo que limita la ejecución de políticas eficaces acordes al perfil de los afectados, según apunta la asociación Parkinson Granada. Los pacientes tardan una media de entre 1 y 3 años en obtener un diagnóstico y se cree que hasta un 25% de los pacientes diagnosticados tienen en realidad otra enfermedad.

Hoy, 11 de abril, Día Mundial de la enfermedad de Parkinson, asociaciones de toda España, incluida la de Granada, quieren aprovechar este día para visibilizar la enfermedad, para hacernos partícipes de ella a quienes hemos tenido la suerte de no tenerla cerca.  A través de una campaña de sensibilización, que este año tiene como lema ‘Lo que más duele del párkinson es cómo me miras’, intentará promover que las personas afectadas mantengan su vida social y personal como antes del diagnóstico, lanzando el mensaje de que la normalización de la enfermedad combate la estigmatización y el rechazo social que conduce al aislamiento de algunas personas afectadas. Sin embargo, Manuel no comparte esta opinión. “Yo no me he aislado. He procurado pisar mucha calle, rodearme de gente, disfrutar de mi pareja, de mis hijos, de mi familia, de todo… Esto no va a poder conmigo”, apostilla.

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