Lunes, 23 Octubre, 2017

            

Los que no: un cuento de otra Navidad

Imagen ilustrativa de una familia en Navidad | Autor: Archivo GD
Juan Pablo Luque Martín


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Mi Dani, que cuando se acerca Navidad, se me vuelve tierno. Que le gusta pensar en los que no. Así los llama él. Los que no:No escuchan, no tienen, no sueñan…los que no. Hace mucho, su papá, que soy yo, le hizo un cuento recordando a los que por un tsunami, ¿os acordaís?, quedaron solos. Aquel tsunami que en el camino dejó a muchos “los que no”: sin sueños, sin familia, sin amigos… solos. Inmensamente solos. Sin saber qué pasó, ni porqué en tan poco tiempo, el de una ola, su vida se había vaciado tanto y tanto. En aquel momento en cambió, sentí que aún les quedaría la esperanza de recuperar lo que fue, y qué, no sé, qué mejor que en Navidad acordarse de ellos aunque fuera en un cuento….

El caso es que a Dani le ha apetecido que os vuelva a contar el cuento…y porqué no, si al final de leer el cuento, arrancamos un poco de corazón y nos sentimos más solidarios, bienvenida sea esta Navidad. Dice así:

“Posó sus ojos donde la noche anterior quedaron sus zapatos. Juntos, muy juntos, para que quien tenía que venir no se equivocara y supiera que esos y no otros eran los suyos. Aquella noche era especial: no podían equivocarse. No; esa noche no. Demasiado ilusión, demasiado sencillo esperar todo un año a que por fin aparecieran en su carroza de fiesta, luces, y guirnaldas para dejarle sus regalos…

No pudo dormir. Y lo intentó toda la noche. Cerraba sus ojos y los apretaba contra la almohada. Quedarse dormido, que rápidamente amaneciera, que esa noche pasara deprisa, muy deprisa. Sus amigos le habían dicho que no los mirara, que si lo encontraban despierto, no tendría regalos. Bajarían por la chimenea hasta la habitación donde había puesto el árbol de Navidad. Era bonito, él el más bonito del mundo. Costó mucho hacerlo: cortar el árbol, traerlo hasta la casa, buscar donde ponerlo… Sin figuras, sin guirnaldas, sin lazos, sin luces que se apagan y se encienden…un cartel a lápiz en la copa. “Feliz Navidad”, decía. Bonito, el más bonito del mundo. Era el suyo. Sólo suyo. Como lo que le rodeaba.

Faltaba para amanecer. Su padre y su madre se habrían acostado, dormidos, cerca de su árbol de navidad, y esperando sus regalos. Seguro que algo habrían pedido para él. Debían estar felices y nerviosos. Como él. Ese año se habrían portado muy bien. Como él. Aunque no hubieran estado. Con él. Ese año. Ni tampoco el otro.

Quedaba menos. Apenas se oía ruido en su habitación. Sólo viento. Y lluvia, que azotaba con dureza. Y frío. Y hambre. Y soledad. ¿Habrán llegado? – se preguntaba. ¿Qué le dejarían en sus zapatos? Decididamente, no se dormiría. No tenía ganas, los nervios no le dejaban dormir. La noche estaba acabando como comenzó…

Cuando clareaba, se levantó. Apenas despuntaba el día. Descalzo, atravesó el pasillo y llegó hasta la habitación donde estaba el árbol. Mucho frío. Una habitación vacía. “Ya no están, se habrán ido”. Su árbol se había caído con el viento. Tampoco sus zapatos. Después de mucho buscar los encontró vacíos, mojados por la cortina de agua que había entrado por el cristal roto. Un caos, un puro desorden. No había regalos. Ninguno. Los buscaba sin parar. Los buscó en todos los rincones de la habitación. No era posible, no había sido tan malo este año, se había portado bien, algo le tenían que haber dejado…

Después de buscar sin encontrar nada, sentado como siempre en su mesa, solo, cogió el lápiz con el que escribió lo de “Feliz Navidad” y en un trozo de hoja escribió: “Queridos Reyes Magos: Os escribo esta carta para pediros perdón y deciros que no volverá a suceder. Sé que habéis venido a mi casa, porque siempre vais a todas las casas del mundo. Que trajisteis lo que os pedí, los mejores juguetes del mundo. Y que cuando lo íbais a dejar junto a mi árbol, el más bonito del mundo, os disteis cuenta que no estaba dormido. Que por culpa del frío, la lluvia y los nervios, no me había dormido. Lo siento, queridos Reyes. No volverá a suceder. Os prometo que el año que viene me quedaré dormido, muy dormido, seré el más dormido de todos los niños. Y esperaré con mi árbol, el más bonito del mundo, y colocaré mis zapatos… nada fallará. Lo prometo. Os quiere mucho, Fdo.: De los que no.

Y colorín colorado este cuento, de otra navidad, se ha acabado. Dice Dani que le gustaría no tener que contarlo nunca más. Nunca más. Que nada fallara. Que al menos en estas fechas fuéramos más solidarios. Con los que tienen navidad, como nosotros, pero no tienen regalos. De nosotros depende. Sólo de nosotros.

Feliz Navidad. Unos días de asueto con Dani. Volvemos después de Reyes.

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