Sábado, 23 Septiembre, 2017

            

Los ingenios tecnológicos de la colección Giménez Yanguas, expuestos en el Centro de CajaGRANADA en Puerta Real

La muestra, de entrada libre y gratuita, estará abierta hasta el 30 de junio en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA en Puerta Real y su objetivo es mostrar de forma didáctica y accesible cómo ha sido la evolución de muchos de los avances tecnológicos que mejoran nuestra calidad de vida en el día a día



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CajaGRANADA Fundación y Miguel Giménez Yanguas han presentado esta mañana, en rueda de prensa, la exposición “El poder del ingenio” que, hasta el 30 de junio, hace un repaso por diferentes hitos en el desarrollo tecnológico contemporáneo, a través de 280 piezas muy diferentes entre sí, pero con un denominador común: mostrar de forma didáctica y accesible diferentes avances tecnológicos que, gracias a su aplicación práctica, redundan en beneficio de la sociedad.

La exposición, inaugurada por el presidente de CajaGRANADA Fundación, Antonio Jara, fue presentada a los medios de comunicación por Luis González Ruiz, vicepresidente de CajaGRANADA fundación, el comisario de la muestra, Javier Píñar y por el propio Miguel Giménez Yanguas. Tal y como ha explicado Luis González, “es necesario felicitar y agradecer a Miguel Giménez su labor de preservación y cuidado de este patrimonio, lo que nos permite, ahora, contemplar la belleza del pasado desde la óptica de los procesos de industrialización. Quiero destacar su papel de mecenas y el esfuerzo realizado para trasladar a la sociedad este trabajo de conservación y su decidida voluntad de divulgación. Porque ése es el verdadero reto: no se trata de amontonar piezas, sino darles sentido y concatenación a las diferentes colecciones de objetos y documentos aquí expuestos”.

El vicepresidente de CajaGRANADA Fundación concluyó su intervención señalando que “para CajaGRANADA Fundación es muy importante mostrar colecciones como ésta y apoyar estas imprescindibles labores de mecenazgo que surgen de la sociedad granadina, contribuyendo a su difusión”.

Miguel Giménez Yanguas, por su parte, ha agradecido a la entidad que ponga a disposición de los visitantes su emblemático Centro de Exposiciones de CajaGRANADA en Puerta Real, un lugar estratégico en la ciudad que permitirá a miles de personas acercarse a la historia del desarrollo tecnológico más reciente. A partir de ahí, Miguel Giménez explicó cómo se crió en un ambiente industrial, dado que su padre era ingeniero. “Crecí en las fábricas de azúcar, en un momento en que eran un ejemplo vivo de las técnicas antiguas. Viví sus cambios y su adaptación a la modernidad y, desde niño, me ha gustado desmontar objetos, arreglarlos, restaurarlos y ponerlos en uso. Una afición que se acrecentó cuando cursé estudios de ingeniería. A partir de los años 80 del pasado siglo comenzaron a desaparecen las azucareras y vivimos el fin de una tecnología del vapor, única en Europa. Por eso inicié mi labor de preservación y exposición de algunas piezas como mobiliario urbano en diferentes zonas de Andalucía”.

Giménez Yanguas terminó su intervención diciendo que “no me considero coleccionista. Soy un admirador de la técnica que trata con cariño las máquinas, pero no tengo un afán coleccionista. Quiero agradecer nuevamente a CajaGRANADA Fundación que exponga esta muestra de 280 piezas, un 20% aproximadamente de las que tengo guardadas e invito a las instituciones granadinas a que den continuidad a esta muestra, exponiendo un legado industrial con gran valor informativo, didáctico e histórico”.

El poder del ingenio

Subtitulada como “Hitos en el desarrollo tecnológico contemporáneo a través de la colección Miguel Giménez Yanguas”, la exposición “El poder del ingenio” se presenta con motivo de la conmemoración del año europeo del patrimonio industrial. Se trata de una singular y didáctica exposición, contando para ello con una parte de la inestimable colección tecnológica del ingeniero D. Miguel Giménez Yanguas.

La vinculación de CajaGRANADA Fundación con este tipo de iniciativas que promueven el conocimiento del patrimonio industrial y de la propia historia económica de Granada, ha sido intensa y dilatada en el tiempo. Con motivo de la entrada del nuevo siglo se organizó en 2002 la exposición Granada, memoria de un cambio de siglo y dos años después se conmemoró con otra magnifica muestra el centenario de la implantación de los tranvías eléctricos en Granada. Ambas iniciativas tuvieron un gran éxito de público, que no era ajeno a la calidad de los contenidos y al valor de las piezas expuestas, muchas de ellas cedidas desinteresadamente por el propio Miguel Giménez.

La exposición que ahora se inaugura en el Centro de Exposiciones CajaGRANADA incide sobre estas temáticas, si bien ampliando sus contenidos a algunos de esos ámbitos que evidencian la capacidad del ingenio humano y de la ingeniería en particular para encontrar soluciones tecnológicas que han cambiado la vida de la humanidad a lo largo de los dos últimos siglos. Pero, al mismo tiempo, quiere ser una reflexión sobre la historia reciente de Granada y su provincia y, también, un homenaje a aquellas personas que, como Miguel Giménez Yanguas, han contribuido con su esfuerzo y dedicación a preservar una parte de ese patrimonio local.

La colección tecnológica y documental que ha logrado reunir Miguel Giménez Yanguas, su incansable actividad en la defensa del patrimonio material vinculado a la industrialización granadina, no solo son manifestaciones palpables de un empeño personal que merece el mayor de los elogios, sino la demostración de cómo una iniciativa particular es capaz de enriquecer el patrimonio y la memoria públicas cuando se conserva y se difunde con el altruismo y la generosidad que caracterizan a su propietario.

Fundación CajaGRANADA reconoce con esta exposición esa inestimable dedicación y compromiso de Miguel Giménez Yanguas durante tantos años. Sin duda, Granada tiene una deuda de gratitud con él. Sirva esta exposición también como reconocimiento a su trayectoria como ciudadano ejemplar.

LA EXPOSICIÓN

Toda colección es el reflejo de una vida. Conviven en ella los lejanos recuerdos de las experiencias infantiles, los rastros del lento y arduo aprendizaje de la profesión, herencias y patrimonios familiares. Cuesta una vida reunirla y son muchas las vidas que acaban reflejándose en sus propios contenidos, ya sea porque mantienen la memoria de personas y actividades pretéritas, ya porque contribuirán en el futuro a alimentar el conocimiento de los que vendrán. Al mismo tiempo, toda colección es un monumento a la curiosidad y al deseo de conocer y comunicar. Iniciarla y mantenerla es un ejercicio de constancia y paciencia – a sabiendas de que nunca acabará de estar completa- y un ejemplo de generosidad pública cuando trasciende la mera posesión para convertirse en una acción consciente de preservación y difusión de aquellas ideas y artefactos que antaño tuvieron sentido y utilidad y hoy son –nada más y nada menos- que vestigios de la memoria del tiempo.

Tales características podrían aplicarse al conjunto de objetos, mecanismos y documentos que Miguel Giménez Yanguas ha logrado reunir a lo largo de los años, sabedor de que muchos de ellos no existirían hoy de no haber dedicado tiempo y dedicación a su salvaguarda. Parte de su colección alberga en realidad los restos de un naufragio, aquel que borró los rastros de uno de los periodos más dinámicos y llenos de novedades que vivió la ciudad y la provincia: el azúcar, la electrificación, la red tranviaria, la modernización urbana, los nuevos sistemas de comunicación., etc. Todos estos episodios forman parte de la exposición porque son los elementos constitutivos de una colección formada por piezas muy diversas, estrechamente conectadas unas con otras y orientadas en su conjunto a dar explicación y sentido a iniciativas y actividades que de otro modo quedarían sumergidas en el olvido. Conservar, conectar y difundir estos testimonios no deja de ser un modo de hacer historia, aunque las mimbres con las que han de tejerse esos relatos no sean instrumentos habituales del historiador.

Nos encontramos, pues, ante una colección intensa y extensa, tanto en sus temáticas como en sus dimensiones. Si algo la singulariza es que se ha nutrido de supervivencias rescatadas de entre los escombros de emplazamientos y actividades que en otro tiempo marcaron el espacio y la vida de ciudades y paisajes más o menos cercanos, constituyendo un corpus de patrimonio industrial o científico-tecnológico que se enriquece con una numerosa documentación complementaria. En tanto que expresión de la constancia y altruismo de su impulsor, rebasa el ámbito de lo privado para constituirse en una colección compartida; y es que lejos de circunscribirse a esas estancias repletas de curiosidades que son su propio domicilio, más allá de los almacenes donde se amontonan los terminales informáticos, prensas, bombas o luminarias que algún día habrán de restaurarse, su legado se extiende por las plazas de la ciudad, facultades universitarias y museos. Se trata, pues, de una colección pública en un doble sentido; porque es notorio que sus gestiones han permitido que valiosos restos hayan sido rescatados y convertidos en patrimonio cultural ciudadano; pero también porque ha puesto generosamente su legado a disposición de todos siempre que se le ha requerido.

Hoy lo hace de nuevo a través de esta exposición, que evoca el poder y la capacidad del ingenio humano para interpretar el entorno material y suministrar herramientas y técnicas capaces de moldearlo y ponerlo al servicio de nuevas y crecientes necesidades. Los términos ingenio e ingeniería se prestan a sugerentes interpretaciones, motivadas por los plurales significados de su raíz. En su acepción más contemporánea, la misión principal de la ingeniería es transformar los resultados de la investigación científica en procedimientos tecnológicos económicamente viables. Confluyen en ella ciencia, aplicaciones y necesidades sociales interpretadas por el mercado. Pero también, en su acepción más clásica, el término ingenio es sinónimo de invención, destreza, habilidad, idea o talento. Quizá porque aquellas soluciones tecnológicas expresadas en mecanismos más o menos complejos requerían una notable dosis de inventiva y destreza, las máquinas ideadas para domesticar la fuerza del agua y ponerla al servicio de las necesidades productivas recibieron el nombre de ingenios.

Los ingenieros pasarían a ser, de este modo, los constructores de máquinas, pero también aquellos que eran capaces de elevar un puente o acueducto, construir un puerto de abrigo o diseñar medios de transporte más sofisticados. El ingenio humano y la ingeniería en particular han moldeado el mundo que conocemos; y lo han hecho, además, en un breve espacio de tiempo. Es ese periodo relativamente reciente, que tendemos a definir como la contemporaneidad, el que se aborda en la exposición.

La muestra recoge una pequeña síntesis de ese amplio universo de la memoria material que Miguel ha logrado preservar. En ella se despliega un repertorio de objetos, documentos e imágenes referidos a algunos hitos tecnológicos y económicos que han marcado el mundo contemporáneo, describiendo un proceso que arranca en los usos tradicionales del agua para concluir en los albores de la revolución digital. Entre la turbina hidráulica y el transistor discurre el vapor, el gas y la electricidad; los avances en la cuantificación y medida de las magnitudes; los prodigios vinculados al registro y trasmisión de la escritura, la imagen y el sonido, tan sorprendentes en su momento y tan cotidianos para nosotros; el modo en que estas “conquistas de la ciencia” llegaron a Granada y transformaron radicalmente el horizonte de los recursos y la propia sociedad local. Se trata, en definitiva, de que el recorrido por los propios objetos descubra la génesis histórica de ciertas innovaciones tecnológicas que se hallan plenamente insertas en nuestra realidad actual y han moldeado, generación, tras generación, nuestro particular modo de aprovechar los recursos, dominar nuevas fuerzas, desplazarnos y consumir información.

El presente catálogo, como no podía ser de otro modo, expresa un doble reconocimiento, tanto del valor histórico de muchas de las piezas que integran la exposición como de las cualidades de quien ha hecho posible que ahora podamos contemplarlas. De ahí que combine la puesta en escena de una selección gráfica del material con diversos textos que trazan el perfil humano y profesional de Miguel Giménez Yanguas. Se ha contado para ello con la colaboración altruista de destacados especialistas que abordan, desde perspectivas diferentes y no exentas de cierta emotividad, el valor de la colección, algunas de sus actuaciones en defensa del patrimonio y las razones que avalan que su trayectoria sea objeto de un merecido reconocimiento público.

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