Domingo, 22 enero, 2017

Los bebés con más apetito tienen mayor predisposición genética a la obesidad

"La obesidad es un problema importante en la salud de los niños -alerta Wardle--. Estos hallazgos son muy poderosos porque estábamos comparando niños de la misma edad y el mismo sexo que crece en la misma familia, con el fin de revelar la papel que juega el apetito en el crecimiento infantil".

E.P


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Un mayor apetito está ligado a un crecimiento más rápido del lactante pero también a su predisposición genética a la obesidad, de acuerdo con dos artículos publicados este lunes en la revista ‘JAMA Pediatrics’. “Los factores que promueven o protegen contra el aumento de peso podrían ayudar a identificar objetivos para la intervención y la prevención de la obesidad en el futuro”, señala la autora principal del estudio, Jane Wardle, del Centro de Investigación de Comportamiento de la Salud en la University College London, en Reino Unido.

Los trabajos analizaron cómo el aumento de peso está vinculado a dos aspectos clave del apetito: menor grado de saciedad y mayor capacidad de respuesta a los alimentos. El primer documento revela que los niños con un apetito más contundente crecieron más rápidamente hasta la edad de 15 meses, lo que les podría poner en mayor riesgo para la obesidad.

Los autores utilizaron datos de gemelos no idénticos del mismo sexo nacidos en Reino Unido en 2007. Seleccionaron pares de gemelos que diferían en las medidas de la capacidad de respuesta de saciedad (SR) y capacidad de respuesta de los alimentos (FR) a los tres meses y compararon su crecimiento hasta la edad de 15 meses.

Dentro de los pares, el niño que era más sensible a los alimentos y menos capaz de saciarse creció más rápido que su gemelo. Los más sensibles a los alimentos eran 654 gramos más pesados que sus cogemelos a los seis meses y 991 gramos a los 15 meses. Los que eran menos sensibles eran a la saciedad pesaban 637 gramos más que sus hermanos a los seis meses y 918 gramos a los 15 meses.

“La obesidad es un problema importante en la salud de los niños -alerta Wardle–. Estos hallazgos son muy poderosos porque estábamos comparando niños de la misma edad y el mismo sexo que crece en la misma familia, con el fin de revelar la papel que juega el apetito en el crecimiento infantil”.

El segundo artículo, en colaboración con el ‘Kings College London’, también en Reino Unido, arroja más luz sobre la forma en que el apetito, en especial la baja respuesta de saciedad , actúa como uno de los mecanismos que subyacen en la predisposición genética a la obesidad.

Los investigadores accedieron a los datos de 2.258 niños de 10 años de edad, nacidos en Reino Unido entre 1994 y 1996 y crearon una puntuación de riesgo de la obesidad poligénica (PRS, por sus siglas en inglés) para cada niño para estimar la susceptibilidad genética a la obesidad, al sumar el número de alelos de alto riesgo de 28 genes relacionados con la obesidad. Las puntuaciones más altas en PRS indican una predisposición genética más elevada a la obesidad.

Posteriormente, examinaron las puntuaciones de PRS para determinar la correlación de la respuesta de los niños de saciedad y la adiposidad (grasa corporal). “Como era de esperar, vimos que los niños con una puntuación más alta de PRS eran propensos a tener mayor índice de masa corporal y circunferencia de la cintura”, destaca Clare Llewellyn, autora principal del Centro de Investigación de Comportamiento de la Salud de UCL, quien añade que estos niños eran más propensos a tener una baja capacidad de saciedad.

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