Martes, 25 Julio, 2017

            

Las granadinas cobran al año 3.213€ menos que los hombres

Un informe elaborado por UGT Granada señala que las granadinas cobraron, de media, un un 19,84% menos que los hombres en el año en 2013.



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Tal y como señala un informe elaborado por UGT Granada bajo el título “Un reparto Patriarcal de la Riqueza”, las granadinas cobraron de media 12.895€ en el año en 2013, mientras que en el caso de los hombres, esta cifra asciende a 16.198€, lo que supone una brecha salarial del 19,84%.

Según este informe, para percibir el mismo salario las mujeres granadinas tienen que trabajar 90 días más. Los datos establecen además que de las 152.221 asalariadas en Granada, 76.682  perciben un salario inferior al S.M.I, de las cuales, 55.906 tuvieron un salario medio anual de sólo 1.537 euros.

Por sectores de actividad, la brecha salarial es aún mayor. En el sector  agrario se amplía hasta el 45%, en información y comunicaciones al 38% y en el sector comercio, que abarca a 50.205 asalariadas, se sitúa en el  30%. En prestaciones por desempleo esta diferencia ronda el 21%, y en el caso de las pensiones de jubilación, la pensión media anual de una mujer en la provincia de Granada  es un 33,4% menor que la pensión de un hombre.

Ante estos datos, la Secretaria de Igualdad y Mujer de UGT Granada, Maravillas Vargas, ha manifestado que “resulta claro que los trabajos con peores sueldos los realizan mayoritariamente las mujeres. Que ellas tengan peores condiciones laborales, el hecho de que el cuidado de la familia y la conciliación de vida laboral y familiar recaigan casi en exclusiva en las mujeres y que se vean obligadas a solicitar la reducción de jornada o renunciar a su puesto de trabajo, tiene consecuencias directas en sus ingresos”, ha dicho.

La representante de UGT ha añadido además que “hay que tener en cuenta que tras la reforma laboral se ha producido una importante precarización en el empleo que ha afectado profundamente a las mujeres. Muchos empleos han dejado dejan de ser indefinidos y pasan a ser a tiempo parcial, temporales, y las mujeres se ven obligadas a trabajar en esas condiciones porque en muchas ocasiones es la única opción que tienen para poder conciliar la vida laboral y familiar.

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  1. SOBRE BRECHAS SALARIALES “DE GÉNERO” Y ESTÚPIDOS EMBUSTES SIMILARES.

    Aún no se han apagado los rescoldos del último aquelarre del feminismo de género –también llamado de forma no precisamente desacertada, “Feminazismo”, me refiero al Día de la Igualdad Salarial (22 de febrero) y ya se escuchan tambores, anunciando un nuevo aquelarre, el del Día de la Mujer Trabajadora (8 de marzo). Durante los próximos días se acentuará la competición de los charlatanes de feria en los que se han convertido la mayoría de los políticos profesionales, a ver quién o quiénes acaban llevándose el diploma de “feminazi mayor del reino”. Seguro que asistiremos a un concurso muy reñido, pues, teniendo en cuenta que estamos en año electoral, se acabarán diciendo barbaridades de tal magnitud que algunos conseguirán entrar el Libro Guinness de los Records…
    En los días previos, aunque el aquelarre de este año ha estado menos animado que en años anteriores, hubo tiempo para que el sindicato feminazi UGT nos soltara la “perla” de que en España las mujeres ganan un 24 por ciento menos que los hombres… y se quedaron tan contentos ellos y ellas, y apenas nadie se atrevió a contestarle, no sea que fueran tildados de machistas, patriarcalistas, y lindezas por el estilo.
    Como era de esperar, el Gobierno social-feminazi de Mariano Rajoy no podía quedarse fuera del aquelarre y antes de que finalizara el día, el Ministerio “de igual-da” ha prometido que está muy preocupado y que pondrá todos los medios a su alcance para intentar acabar con semejante injusticia, semejante lacra…
    Yo, ante semejantes embustes, siempre pregunto ¿Los y las empresarios españoles son estúpidos? Lo digo porque si así fuera, lo de que es más barato contratar a mujeres que a hombres, y con la legislación actual sobre despidos que, tuvo la ocurrencia de aprobar el Gobierno del Partido Popular, no entiendo a qué esperan para despedir a los hombres y contratar exclusivamente a mujeres…
    En el fondo de las continuas estupideces que se repiten de continuo y más durante y cuando se aproxima alguna fecha del calendario del feminismo de género, subyace un siempre una idea: las ganas de igualar con acciones políticas lo que la Naturaleza ha hecho “desigual”.
    Bien, para tratar de explicar esta cuestión, lo mejor es empezar por el principio.
    Y el principio fue lo que algunos llaman “Prehistoria”, aunque yo prefiero llamarla “Historia Primitiva”: Aunque tal vez aburra tener que repetir semejante perogrullada, los hombres y las mujeres no hemos sido diseñados por ningún ente sobrenatural patriarcalista, malvado y puñetero; somos el resultado varios cientos de miles de años de evolución. En ese proceso milenario, el criterio aplicado por la Naturaleza no fue la opresión de un sexo por el otro, por más que rabien las feministas, sino la supervivencia de la especie.
    Para lograr esa superviviencia, la Naturaleza les encomendó funciones específicas –y diferentes- a los hombres y a las mujeres.
    La mujer primitiva era, sobre todo, madre y cuidadora. El hombre, protector y proveedor. Siempre en situaciones especialmente adversas, de tremenda dificultad, luchando a muerte contra grupos y especies rivales en la competencia por unos recursos escasos. La mujer fue el sexo valioso que aseguraba la lenta y biológicamente costosa reproducción de la especie. El hombre fue el sexo menos valioso, la parte más desechable, y por tanto quien debía y podía correr más riesgos. Las funciones –y cualidades innatas- de la mujer concordaban más con la prudencia, la mesura, la moderación; las del hombre, con la temeridad, la audacia, la osadía, e incluso la irreflexión.
    Esta forma de comportamiento continuó, perduró y se reprodujo durante cientos de miles de años y, sin duda, -así lo afirman los científicos que de esto saben- ha dejado un poso genético.
    Las diferencias entre hombres y mujeres son tales que son imposibles de borrar de la noche a la mañana, por más que porfíen, por más que se empecinen los partidarios del feminismo de género. Por ejemplo, los hombres siguen teniendo más apego al riesgo que las mujeres; y las mujeres siguen más interesadas en dispensar cuidados que los hombres.
    Tal vez por eso, es casi imposible que encontremos a una mujer encaramada a un andamio –los albañiles suelen ser siempre hombres- y por el contrario, la enfermería ha sido una profesión femenina.
    En términos “ecológicos”, esas diferencias son una reserva de biodiversidad que, más que combatir, habría que preservar. Quienes se hacen llamar “progresistas”, en este aspecto son bastante incoherentes.
    Aunque la especie Homo sapiens haya sido capaz de inventar nuevas tecnologías, que le han permitido cambiado el caballo por trenes de alta velocidad, y las señales de humo por el smartphone, hombres y mujeres seguimos teniendo capacidades e intereses diferentes, y la uniformidad, el igualitarismo, son una perversa utopía. No una bella utopía, sino una utopía estúpida y empobrecedora; aparte de totalitaria y liberticida.
    Si, en el conjunto de la sociedad, hay más hombres que mujeres en la punta de la pirámide empresarial, posiblemente se deba a que los hombres han arriesgado más, y por tanto suelen ser más emprendedores. En el otro extremo, también es mayor el número de varones socialmente excluidos. Y si las mujeres son mayoría en la carrera judicial o en las profesiones sanitarias, pero no en las ingenierías, quizá la verdadera razón haya que buscarla en un diseño genético ancestral, no en un techo de cristal imaginario.
    Así que, menos política “de igualdad y género”, menos “políticas de discriminación positiva” (léase “tratos de favor”) y más libertad. Menos cuotas y más igualdad de oportunidades. Menos victimismo y más igualdad ante la ley. Y que cada palo aguante su vela.