Sábado, 16 Diciembre, 2017

            

La hora de la distensión

Manifestación para exigir dos hospitales completos en Granada | Foto: Archivo GD
Ramón Ramos


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Las soluciones, los acuerdos no existen; las soluciones y los acuerdos se construyen. Se construyen con negociación y diálogo. El largo pulso que la calle ha torcido a la Junta en Granada a propósito de la frustrada fusión hospitalaria marca un antes y un después en la historia de la ciudad aletargada -que convenía a nuestros aletargados políticos- en la que los ciudadanos han superado a sus gobernantes y representantes. Bien.

Pero es hora de grandezas, de abrir diálogo, de marcar objetivos desde el escenario de ahora pero… sin marcar líneas rojas. Y como primer paso, no estaría de más suavizar el calendario de movilizaciones, mantener a las ‘mareas’ en estado de alerta pero permitir que se dialogue sin la presión de la calle.

Ya sé que nado contra corriente, pero en este escenario de ahora auguro y pronostico que -mucho antes de lo que pensamos- vamos a echar de menos a una figura ecuánime y educada como Cristina López Espada, a la que no tengo el gusto de conocer personalmente más allá de dos o tres contactos, habituales entre un periodista y un personaje público. La ya ex gerente del Complejo Hospitalario de Granada se fue con discreción y señorío este jueves, cuando vio que en la nueva etapa que se abre tras la derogación del decreto de fusión iba a tener que defender lo contrario de lo que había venido defendiendo.

Es una postura personal de coherencia que le honra: nada tiene que defender en lo personal más allá de su puesto de trabajo como cirujana al que regresa. Fue aupada a la gerencia con el fin de abrir cauces de diálogo y ha estado a punto de lograrlo. En sus primeros días recibió los elogios de ‘Spiriman’, quien después se ha referido a ellas con palabras que entran de lleno en el terreno de la grosería. No está de más reflejarlo para que se sepa que los hérores urbanos también tienen su parte de sombra. López Espada ha contestado siempre desde la moderación y el respeto, tratando de reconducir la situación al ámbito profesional de las juntas facultativas y de enfermería. Habrá que decir que ese debe ser a partir de ahora el terreno en el que se desenvuelva la partida, sin restarle un ápice de mérito a esa lucha ciudadana que ya ha recogido sus réditos cuando el errático deambular de la Junta y el SAS ha terminado por devolver la jugada al punto de partida.

La ex gerente que nada más llegar a gerente consiguió tapar la hemorragia de directivos que se avecinaba en aquel momento, tras las dos primeras movilizaciones, esa misma hemorragia que ahora se desencadena con la renuncia de Manuel García Montero y quién sabe cuántos más, sale así dañada en su autoestima, por no haber podido navegar hasta el acuerdo que pareció posible en los últimos días de diciembre. Y yo, al hilo de esta renuncia más las anteriores más las que le seguirán, no dejo de hacerme una pregunta, desde la ingenuidad del ciudadano escéptico: una decisión política, la de la fusión, se ha llevado por delante a profesionales de la sanidad, cierto que desempeñando un cargo político, pero médicos por encima de todo. Una decisión política -repito- emanada de la Junta, donde, entretanto, no se ha producido ni una dimisión ni una renuncia por parte de cargos provinciales de la Consejería y la propia delegación del Gobierno regional en Granada. Es más, han pasado estos cargos políticos por este conflicto como el rayo de sol por el cristal: sin romperlo ni mancharlo. Incólumes, sin crítica ciudadana más allá de un redoblar de silbatos al paso de las manifestaciones por el edificio de la Normal.

Un delegado provincial que el mismo día de la primera movilización aún defendía el modelo y se emperraba en que no hay vuelta atrás, aunque justo es reconocer que rectificó a continuación. La ‘desaparición’ de las ruedas de prensa diarias que precedieron a las manifestaciones ha sido todo el coste político. Nadie los ha invocado o echado de menos para una tarea de interlocución, mediación, distensión o firmeza que -a la espera de que alguien nos desvele lo contrario- no ha existido en los despachos políticos provinciales de la Junta, de donde emanó la decisión política que ha levantado a la ciudad en protesta. Y yo me pregunto: ¿para qué están?

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