Jueves, 23 Marzo, 2017

La higiene en los poblados de Mauritania, cuestión de “ingeniería social”

El objetivo de la cooperación internacional pasa por tanto por "sensibilizar" a la población, "convencerles" por ejemplo de que el recipiente del que beben agua tiene que estar limpio



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El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) trabaja en Mauritania con programas específicos para llevar agua y saneamiento a cientos de comunidades que viven aisladas de las grandes urbes y en las que el trabajo más complicado puede terminar siendo el de convencer a la población, mediante “ingeniería social”, de la importancia de “cuidar la higiene”.

Mauritania es un país grande en extensión pero relativamente pequeño en cuanto a población. Sus cuatro millones de habitantes se dividen entre las grandes urbes y miles de pequeñas localidades “alejadas” y en ocasiones “inaccesibles”.

David Simón trabaja para UNICEF como especialista en Agua, Higiene y Saneamiento y ayuda a que más de 200.000 personas tengan acceso a agua potable, que más de 600.000 puedan acceder a un saneamiento mejorado o que 400.000 adopten buenas prácticas de higiene, todos ellos elementos claves en materia de salud.

Según datos de la ONU, tan sólo la mitad de la población del país africano tiene acceso a fuentes de agua salubre y tres de cada cuatro carecen de instalaciones de saneamiento a las que recurrir en su día a día. Estas carencias llevan a enfermedades diarreicas que pueden llegar a ser potencialmente mortales –cada día mil niños mueren en el mundo por falta de agua potable–.

“Cuando vas a cualquier poblado, de lo primero que te hablan es el agua”, ha explicado Simón, en una entrevista con Europa Press en la que ha repasado los desafíos de un país tan “diverso” como “complejo”. En este sentido, ha apelado a la “responsabilidad compartida” que tienen autoridades, empresas y comunidades para facilitar el acceso al agua.

Miden el brazo de un niño en Mauritania para ver e

CONCIENCIAR

Sin embargo, la decisión última siempre recae en última instancia en cada ciudadano de forma individual. “Consumes agua si quieres consumir agua”, ha subrayado Simón, al aludir a la diferencia de “prioridades” entre una persona que vive en una metrópoli europea y otra que reside en un poblado mauritano.

En este sentido, y aunque ha reconocido que Mauritania tiene “un problema de acceso al agua potable”, ha asegurado que “lo más difícil” no es siempre “abrir un grifo”. UNICEF desarrolla toda una “ingeniería social” para hacer ver a la población la importancia de cuidar sus prácticas diarias de bebida e higiene.

“¿Cómo haces para que la gente se dé cuenta de que es importante lavarse las manos?”, ha planteado. Simón, que trabaja en Mauritania desde el año 2013, ha recordado que “hay que entender las prioridades de las personas y la educación que han recibido, qué conocen o qué no conocen”.

“Hacer una infraestructura es ‘fácil’. Lo que es difícil es el cambio de comportamiento, que responsables de salud, de educación, padres y madres y los propios niños se den cuenta de ciertos gestos”, ha agregado.

El objetivo de la cooperación internacional pasa por tanto por “sensibilizar” a la población, “convencerles” por ejemplo de que el recipiente del que beben agua tiene que estar limpio. Buscan “enfoques participativos” para que sean ellos mismos los que se den cuenta de los cambios que debes adoptar.

Simón ha puesto como ejemplo un programa de saneamiento pilotado por las propias comunidades y con el que UNICEF fomenta que sean las poblaciones locales quienes se construyan las letrinas. Una de las técnicas que han llegado a utilizar consiste en poner un plato de arroz cerca de heces para que comprueben por sí mismos “cómo la mosca va de un sitio a otro”.

Con este tipo de técnicas, consiguen que los ciudadanos entiendan poco a poco la importancia de hacer sus necesidades en lugares estancos o de lavarse las manos, dudas que el propio Simón ha reconocido que serían “inconcebibles” en un país como España.

RED DE PROBLEMAS

En Mauritania, en cambio, la higiene queda eclipsada por una “red social de problemas” que van desde un grado “alarmante” de malnutrición hasta unas débiles infraestructuras, pasando por la ya mencionada disparidad cultural e incluso idiomática.

Simón ha advertido de que en Mauritania “el desafío es enorme porque la necesidad es infinita”. Muchos ciudadanos, incluso niños, deben caminar cientos de metros para sacar agua de un pozo; y eso si “tienen la suerte” de tenerlo en su propio pueblo.

En la escuela, la situación tampoco es fácil, con profesores “desbordados” y centros sin elementos básicos de saneamiento o higiene. Así, el especialista de UNICEF ha contado que los propios niños “se organizan para ir al pueblo de al lado en una carreta con burro y traer agua a la escuela” y que “no tienen una pastilla de jabón para lavarse las manos” en el comedor.

Los desafíos se extienden también al sistema sanitario: el médico o enfermero al cargo de un centro de salud atiende a pacientes en condiciones que “higiénicamente no está bien”. “No dan abasto, no les da tiempo a otra cosa” o ni siquiera “tienen agua al lado”, ha explicado Simón.

UNICEF trabaja para llevar el agua y las prácticas higiénicas básicas a centros educativos y médicos, vehículos utilizados en última instancia para garantizar la supervivencia infantil. Las cifras no engañan: uno de cada diez niños mauritanos muere antes de cumplir cinco años.

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