Viernes, 20 Octubre, 2017

            

La crisis alimentaria en Malaui obliga a las adolescentes a prostituirse

"Cuando los hombres se me proponían, yo les pedía algo de dinero para mi hijo", cuenta una chica

UNICEF MALAWI/ELDSON CHAGARA
E.P.


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Es el inicio de la estación de lluvias en las costas del lago Malaui y el paisaje ahora es de un verde exhuberante. Los arroyos y ríos fluyen por donde antes solo había orillas secas y polvorientas. Los campos de maíz, tan altos en algunos lugares como las chozas de adobe de los agricultores, superan en altura a los niños que corren junto a ellos.

Sin embargo, las vistas pueden ser engañosas y pese al exhuberante verdor Malaui todavía está en el umbral de una crisis alimentaria, provocada por una sucesión de graves sequías en 2015 y 2016.

Shamim (no es su nombre real) vive en una pequeña localidad a las afueras de Mangochi, en el extremo sur del lago Malaui. Actualmente tiene 18 años, pero quedó embarazada hace tres años cuando solo tenía 15. Su novio la abandonó para trabajar en Mozambique y sus padres la echaron de casa avergonzados. Dejó de ir a la escuela e intentó apañárselas trabajando en las plantaciones de maíz y una finca cercana de tabaco.

No fue suficiente. Cuando llegaron las sequías y las cosechas fallaron, la gente comenzó a pasar hambre o se volvió dependiente de la ayuda alimentaria. Un año después de que naciera su hijo, el trabajo en la granja del que Shamim dependía también se agotó. Desesperada por llegar a fin de mes, comenzó a prostituirse con hombres mayores en la localidad por unos 500 kwacha (menos de un dólar) cada vez.

PROSTITUIRSE PARA ALIMENTAR A SU HIJO

“Cuando los hombres se me proponían, yo les pedía algo de dinero para mi hijo”, cuenta. “No quería hacerlo pero no tenía otra elección. Estaba desesperada. La sequía realmente me afectó. Pensé en abandonar a mi hijo porque no tenía suficiente dinero para cuidarle”, añade.

“Algunos de los hombres me trataban mal”, recuerda. “Querían mantener sexo sin protección. Decían que me pagarían al día siguiente, pero nunca lo hacían. Daba mucho miedo porque creía que contraería el VIH”, explica.

Por suerte para Shamim, había un grupo de apoyo en su escuela local para niñas adolescentes. Gestionada por las ONG Plan Malaui y Ujamaa Pamodzi, con apoyo de UNICEF, el proyecto incluye un ‘ciclo de reflexión’ en el que se anima a las adolescentes a compartir los problemas a los que se enfrentan en grupo, analizar las causas en la raíz y ofrecer soluciones. El personal también ofrece asesoramiento personalizado a las niñas de forma más privada.

“Los ciclos de reflexión realmente me ayudaron”, cuenta Shamim. “Me sentí bien hablando con otras chicas. Me di cuenta de que tenía otras opciones. Quería cambiar mi vida”, asegura.

Siendo el consejo de su terapeuta, Shamim se hizo la prueba del VIH en una clínica local. Pese a sus temores, averiguó que no se había contagiado, lo que incrementó su determinación a hacer un cambio. “Decidí que no quería prostituirme más”, relata.

“Comencé a trabajar en las granjas de nuevo cultivando maíz. Y lavo la ropa a otras mujeres en el pueblo. Me siento mejor conmigo misma. Si puedo recibir patrocinio, me gustaría volver la escuela”, asegura.

Ahora que está recuperando su vida, Shamim está centrada en el futuro de su hijo. “Está comenzando a hablar y a correr, y le encanta jugar con pelotas”, cuenta. “Cuando sea mayor quiero que vaya a la escuela y tenga una educación. Ya no pienso en abandonarle”, asegura.

PROTEGER A LAS NIÑAS DEL ABUSO SEXUAL

Shamim no es la única niña en su localidad que ha recurrido a la prostitución. Otras chicas fueron vendidas por sus familias en matrimonio a cambio de una dote.

“Los dos últimos años han sido increíblemente duros para la mayoría de las familias en Malaui que dependen de la agricultura de subsistencia para sobrevivir”, explica el especialista de emergencias de UNICEF Willis Ouma Agutu.

“Tras sucesivas sequías y cosechas fallidas, la gente se ha visto obligada a adoptar medidas desesperadas como prostituirse o el matrimonio infantil, que normalmente no contemplarían. Podemos ver como a medida que el hambre aumenta, este tipo de estrategias de supervivencia negativas también aumentan”, destaca.

UNICEF está trabajando para atender las necesidades de los niños afectados por la crisis alimentaria. Identificamos y tratamos los casos de malnutrición, suministramos agua potable y saneamiento, inmunizamos a niños, les protegemos de abusos y les ayudamos a continuar su educación.

El proyecto con Plan y Ujamaa busca proteger a las niñas de los abusos sexuales y el matrimonio infantil, ofrecer apoyo psicosocial a las víctimas y mantener a las niñas en la escuela. En total, gestiona 61 escuelas en Malaui, de las que se benefician 3.000 niñas. UNICEF también trabaja en soluciones a largo plazo para los problemas a los que se enfrentan chicas como Shamim.

“Compartimos las cuestiones de las que informan anónimamente con los líderes comunitarios, incluyendo a los jefes locales y los grupos religiosos”, explica el trabajador en protección de menores Cassim Saiti. “Han desarrollado estatutos y un plan de acción para proteger a los niños. Ahora, si alguien en el distrito mantiene sexo con una niña menor de 18 años será denunciado ante la Policía”, precisa.

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