Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

Homenaje a Chet Baker en el Festival de Jazz de Granada

Gran velada en el Teatro Isabel la Catolica de mano de Stéphane Belmondo,Thomas Bramerie y Jesse van Ruller

Foto: David Rodríguez Frías


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Ayer tuvo lugar en el Teatro Isabel la Católica la segunda sesión de la trigésimo sexta edición del Festival de Jazz de Granada, el único festival del género en España condecorado con el Sello de calidad de la Asociación Europea de Festivales de la Comisión Europea y que en esta ocasión se celebra desde el día cinco al catorce de este mes.

El concierto corrió a cargo del Stéphane Belmondo Trío, compuesto por el trompetista francés, el contrabajista Thomas Bramerie y el guitarrista Jesse van Ruller. Tanto Bramerie como Van Ruller son dos reconocidos instrumentistas en el circuito europeo que han trabajado con virtuosos de la talla de Pat Metheny, George Duke, Dee Bridgewater o Milton Nascimiento. Por su parte, Stéphane lleva desde finales de los ochenta labrando su prestigio en la escena del viejo continente y trabajando con leyendas del jazz como Gil Evans, Yuseef Lateef o el músico homenajeado en la noche de ayer: Chet Baker. Belmondo y su formación presentaron un disco (Love for Chet, Naïve, 2015) en el que rinden tributo la figura del trompetista y cantante americano, rememorando algunas de las piezas clásicas de Baker.

Colocados los tres componentes muy juntos sobre el centro del escenario, pasadas las nueve de la noche comenzó una actuación que, en sintonía con la obra del artista homenajeado, estuvo marcada por la intimidad. Una intención que se vislumbraba en los intérpretes desde el primer minuto de concierto por su forma de situarse para tocar. Ataviado con unas gafas de sol que no le hicieron perder el aire cool de su viejo amigo Chet, Belmondo alternó durante la velada la trompeta con el fliscornio, las indicaciones a sus compañeros de grupo con los  gestos de disfrute y aprobación ante el buen hacer de sus colegas. Ejerció de líder en el sentido más clásico de la palabra, no sólo dirigiendo a los miembros de su conjunto, sino acompañando para abrir y cerrar las piezas y entrando para hacer diversos solos a lo largo de la noche.

La actuación englobó canciones que destilaban desde una atmósfera cerrada y melancólica como La chanson d’Hélène a piezas cargadas de luminosidad como With a song in my heart o Love for sale. La función estuvo marcada por la gran labor de Jesse van Ruller, que interpretó varios solos que impresionaron a todos los asistentes.

Alrededor de las diez y media de la noche, la formación ejecutó Seven steps to heaven para, posteriormente despedirse del público, aunque sin éxito en su intento, ya que los allí presentes reclamaban la última canción de rigor. Stéphane y su trío se despidieron por segunda vez interpretando Daddy & I, cerrando así esta segunda jornada del festival nazarí.

 

 

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