Jueves, 20 Septiembre, 2018

            

El complicado ejercicio de ponerse en los zapatos del otro

Marisa Chacón


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Pornerse en la piel o en los zapatos del otro es un ejercicio complejo pero muy sano.

Cuando hablo con la gente me doy cuenta de que, como diría Ortega y Gaset, vemos las cosas como somos, no como son en realidad. La falta de empatía es un problema grave, muy grave.

Tachamos de tontería o exageración las reacciones de las personas, solo porque a nosotros nos parece que el tema no tiene suficiente importancia. Pero ignoramos que la persona que tenemos enfrente no siente ni piensa igual que nosotros y que, por tanto, su reacción tiene la medida de sus propios sentimientos.

Hacer un ejercicio de comprensión es necesario siempre y en todo momento.

La falta de empatía lleva a la crítica, a la generalización, al desdén y a la frustración.

Nos lleva a pasar junto a alguien que necesita ayuda sin ni siquiera percatarnos. A vender consejos desde nuestra propia posición, consejos que vendemos y que para nosotros no tenemos cuando nos encontramos en la misma tesitura. Nos lleva a destruir relaciones de trabajo, amistad o familiares. Nos hace ser violentos en ocasiones, tal vez no con una bofetada física, pero sí con el golpe de la ignorancia o la falta de respeto.

La ausencia de empatía lleva a absurdas guerras ideológicas, a la destrucción y al desastre.

Creed cuando os digo que nos morimos. Mirar nuestro ombligo mata nuestra verdadera esencia, nos empobrece sentimental e intelectualmente.

Y la causa de los mayores problemas de la sociedad está precisamente en esto.

Analicemos por ejemplo la corrupción.

Una persona que mete la mano donde no debe, evidentemente sabe que está perjudicando al conjunto de la sociedad. Pero decir que sabe lo que hace es solo una deformación de la realidad.

La persona que es capaz de hacer esto no ha sentido realmente las consecuencias de sus actos. Si esta persona se pusiera en la piel de aquellos a quienes perjudica: el anciano que no tiene para pagar la luz con su raquítica pensión, el parado de cincuenta y tantos que carece de ayudas ni tiene futuro solo por su edad, etc Si estas personas tuviesen la capacidad de empatizar y sintiesen en su piel las emociones de aquellos a quienes perjudican… os aseguro que no lo harían.

Lo mismo sucede si analizamos los malos tratos, las guerras o el critiqueo entre amigos. Todo tiene la misma raíz: no somos capaces de sentir el daño que hacemos.

Una persona empática ayuda, integra, no juzga, facilita,… y sufre, sufre mucho, porque siente hasta extremos insospechados. Pero tiene la conciencia tranquila.

Una persona empática controla su ego, esa vocecita interior que te dice que eres el centro del universo y que todo lo que pasa, pasa por ti. Escucha, analiza e interioriza.

Y escuchar es otra de las graves faltas de esta sociedad. Cuando conversamos, la mayoría del tiempo, oímos mientras pensamos la respuesta que vamos a dar… así difícilmente se puede escuchar y por tanto es imposible comprender la posición de la otra persona.

La falta de empatía es una coraza. Mis sentimientos priman sobre el resto porque así evito el daño de sentir las emociones de los demás… triste pero inmensamente cierto.

Asistimos a la verdadera asfixia del ser.


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