Sábado, 21 enero, 2017

El botellódromo de Granada, “caldo de cultivo de adictos” según los expertos

Terapeutas granadinos advierten que la moda de beber grandes cantidades de alcohol en el menor tiempo posible aumenta hasta en un 19 por ciento la probabilidad de desarrollar una adicción |

El macrobotellón celebrado en la Fiesta de la Primavera | Foto: Carlos Gil


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El botellódromo de Granada ha estado sujeto a crítica y polémica desde su misma creación, aunque no ha sido hasta hace unos meses y al calor de las elecciones municipales cuando el debate ha trascendido las quejas de vecinos y denuncias puntuales de la oposición para convertirse en uno de los temas prioritarios en la agenda política… al menos de la oposición en el Ayuntamiento de Granada. Y también de los vecinos que comparten vida con el controvertido espacio, quienes en los últimos meses han promovido la plataforma “No al Botellódromo” en un intento de reivindicar alternativas para el ocio de los jóvenes y para su propia paz y descanso. Ahora estos vecinos y partidos que piden un replanteamiento del modelo encuentran el respaldo de terapeutas granadinos expertos en adicciones, que advierten del “caldo de cultivo de adictos” que supone un espacio al que cada fin de semana acuden centenares de jóvenes a consumir alcohol y, en ocasiones, también sustancias ilegales. Por el momento, el Consistorio granadino ya ha prohibido la celebración de la Fiesta de la Primavera en este espacio, aunque el futuro del botellódromo todavía está en el aire.

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El terapeuta Ramón Bravo

‘BINGE DRIKING’

Para el terapeuta Ramón Bravo, de la clínica Tibbon especializada en el tratamiento de adicciones, el tipo de consumo que algunos jóvenes practican en el botellódromo y que se conoce como ‘binge drinking’, conlleva un riesgo importante de desarrollar una futura adicción al alcohol: “son cerebros que no están formados por completo y con este tipo de consumo hacen que el cerebro se adapte neuronalmente a la necesidad de ingerir ciertas sustancias para continuar funcionando”. La práctica, aclara Bravo, consiste en ingerir todo el alcohol posible en muy poco tiempo para potenciar los efectos de la bebida; este tipo de consumo, según cita el terapeuta, aumenta en un 19 por ciento la probabilidad de que el bebedor desarrolle un problema de adicción.

Además, los efectos perjudiciales del alcohol se ven reforzados, explica Bravo, por el consumo de otro tipo de sustancias como el cannabis, lo que hace que los posibles problemas de salud en el consumidor aparezcan antes y de manera más intensa. Es lo que se conoce como ‘silencio clínico’, el periodo entre consumo prolongado de una sustancia potencialmente adictiva y sus repercusiones en el estado de salud y la adicción de quien la consume. “Ese tiempo se reduce considerablemente cuando se consumes varias sustancias psicoactivas”, explican desde Tibbon.

Así, el terapeuta recuerda los múltiples efectos que se derivan de un consumo excesivo de alcohol: “los principales riesgos a corto plazo son la pérdida de control que deriva en intoxicaciones etílicas, accidentes de tráfico, violencia, enfermedades de transmisión sexual, suicidios, pancreatitis aguda, coma o incluso la muerte en los casos mas extremos”. Del mismo modo y remitiéndose a estudios publicados, Ramón Bravo alerta del  “riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, problemas de concentración, atención y memoria, enfermedades cardiovasculares…”. Todo un cuadro clínico que puede afectar a cualquiera, porque hoy el perfil de adicto ha cambiado.

Es lo que explican los profesionales de la materia, que quieren desterrar del imaginario colectivo el prototipo de adicto como alguien de aspecto deteriorado y un nivel socio-económico bajo. “Es una idea que viene de los años 80 con el consumo de heroína”. Hoy este perfil de adicto, ya sea a una droga ilegal o a sustancias como el alcohol, ha cambiado para ser el de un varón de entre 29 y 35 años con estudios universitarios y empleo. Es decir, una persona perfectamente normal.

Esto no quiere decir, por supuesto, que todo el que consume alcohol, ya sea en un local habilitado para ello o en el botellódromo,vaya a terminar convertido en adicto: “se tienen que alinear los planetas”, puntualiza Bravo que, sin embargo, trata a diario a personas que comenzaron consumiendo de manera ocasional y lúdica para terminar haciéndolo de manera asidua y por necesidad.

Sin un presente y futuro todavía claros para el botellódromo, expertos como Bravo apuestan por derivar el ocio de los jóvenes hacia otro tipo de eventos. Y parece que por ahí podrían ir los próximos movimientos del Ayuntamiento, si recoge el guante lanzado por vecinos, profesionales sanitarios y oposición al completo.

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