Miércoles, 29 Marzo, 2017

De como las administraciones públicas desalientan el transporte público



image_print

Se supone que desde las administraciones publicas, es decir, nuestras Administraciones, que mantenemos para que nos hagan la vida más fácil fundamentalmente y para hacer de este mundo un lugar mejor, se apuesta a día de hoy por potenciar el transporte público, por eso del cambio climático y tal, “man que sea”. Se supone que deben de hacer fácil y atractivo el que los usuarios diarios del vehículo privado (normalmente para ir a trabajar), se decanten por dejar aparcado su coche o moto y opten por el autobús, por ejemplo. Se supone que es por ese mismo motivo por el cual hemos decidido que sería lógico tener un Consorcio de Transporte Metropolitano, no para colocar a amigantes del político de turno, si no para darnos un mejor servicio y con ello animar a la gente a ir en autobús. Para eso pagamos a las personas que están a nuestro servicio, para llevar a cabo esa labor.

Pues resulta que ésta ha sido mi experiencia personal al decidir usar el autobús metropolitano, que desde luego no alienta a esta opción, y no porque las empresas no den un buen servicio (que he de decir que me ha sorprendido para bien), sino por la inutilidad e ineficiencia de la administración de turno “competente”.

Para poneros en antecedentes decir que el billete desde cualquier autobús del aérea metropolitana cuesta la friolera de 1,5€, así para empezar. No obstante está la posibilidad de sacarte un bonobús y, previo pago, disfrutar del billete a 1€. Eso sí, también, previo pago de una tarjeta por la que abonas 2€ que es donde se hacen las recargas. No obstante, todo hay que decirlo, se devuelven esos dos euros, si así lo deseas, llevándola al lugar donde la compraste. Pero esta información no te la da quien te la vende, sino que me enteré de rondón; porque resulta que soy familia numerosa y me enteré que había un descuento de un 25% (así el billete sale a 75 céntimos) de lo que también me enteré porque decidí averiguar si el ser familia numerosa se contemplaba de alguna forma, y al ir al Consorcio a sacármela fue cuando me dijeron que no tenía que haberlo hecho, porque la de familia numerosa es otra personalizada, “pero te devuelven los dos euros que diste por la tarjeta en concepto de fianza”, por así decirlo.

Entregué toda la documentación necesaria. Y me emplazaron a volver en una semana o diez días “que es lo que tardan en hacértela”. Pedí entonces que me dieran algún tipo de identificación que la sustituyese para poder hacer efectivo el derecho a que me apliquen ese 25% hasta que tuviesen las tarjetas. Me dijeron que eso no existía. “¿Entonces?”, yo no salía de mi asombro. La solución que me dieron era seguir cargando las tarjeta que había comprado (“¡ah!, pues menos mal que no debí hacerlo”), y que no me podían hacer el descuento hasta que estuviesen dichas tarjetas. Tampoco me lo podían hacer sobre los 16€ en viajes que ya había metido en las mismas. O sea, que el ejercicio de mi derecho dependía de cuándo estuvieran las tarjetas, porque a nadie se le ha ocurrido que desde el momento que lo solicitas hasta que se te da la famosa tarjetita personalizada para la que tardan siete días mínimo, quieras ejercerlo. Les dije a las dos personas que atendían (uno estaba enseñando a otra que por lo visto era nueva y no sabía cómo se procedía), que las necesitaba ya. Ocho viajes diarios son muchos viajes… Y me dijeron que intentarían acelerar el proceso y a ver si en un par de días… Esto fue el pasado jueves diez de septiembre. Esta mañana he llamado porque quedaron en hacerlo y necesitaba saber si tenía que recargar o no los bonobuses. Porque esta es otra señores: no se pueden recargar en el autobús. No. Para ponerlo “más fácil todavía” tienes que buscar un sitio (normalmente estancos) donde estén autorizados a hacerlo.

Pero sigo con “la historia interminable” y ahora después volveremos al surrealismo de tener que buscar dónde recargar… Cuando llamo me coge una señora y me dice que las tarjetas tardan entre siete días y diez. “Ya, pero les dije mi problema y me dijeron que intentarían tenerla cuanto antes”; “es que mi compañero no está hasta el miércoles porque está de asuntos propios”; “¡¿sólo hay una persona que hace las tarjetas?!”; “sí, y hasta el miércoles no viene”. Mi indignación y mi pasmo estaban a la par. Un servicio de una administración pública que debe cubrir un derecho ciudadano, no se cubre porque sólo lo hace una persona que no está (el por qué es lo de menos porque no discuto su derecho laboral y porque desde luego si alguien no es responsable de esta situación son las trabajadoras y trabajadores de esta institución).

A estas alturas no sé cuándo podré disponer de las tarjetas de familia numerosa para poder disfrutar del derecho que me asiste. Y mientras tanto, si no quiero que me cueste el doble el billete, tengo que recargar las tarjetas/ bonobús porque no se puede hacer en el autobús. Tienes que llevar la cuenta para no encontrarte con ella vacía porque de otra manera no hay forma de saber lo que queda.

Así que hoy he mandado a mis hijos al estanco más cercano (en Gojar sólo hay uno). Y resulta que está cerrado. Así que he tenido que coger el coche para ir a Ogíjares, al estanco a recargar el bonobús, lo cual ya resulta kafquiano: tener que coger el coche para poder coger el autobús al día siguiente a un precio “normal”…

Pues resulta que parece ser (será porque no fumo y ya apenas escribo cartas al uso, pero no tenía ni idea), que todos los estancos cierran el lunes. O al menos eso he inferido cuando me lo he encontrado cerrado también. Entonces he pensado que hay una urbanización un tanto alejada y que debía de tener algún punto de venta sí o sí porque sino sería de juzgado de guardia (para sus habitantes). Y he ido, de nuevo en coche, hasta Loma Linda. Pues si, allí en una especie de tienda/ kiosko he conseguido recargar. Pero ahí no acaba todo. No. Y es que resulta que no puedes recargar menos de 5€ por tarjeta. Así que recargar dos, sí o sí, supone mínimo 10€. Iba decidida a comprar una más ante la perspectiva indefinida de las tarjetas personalizadas y la necesidad de ser autónomos unos de otros en mi familia. Pero obviamente, “las facilidades”, me han disuadido.

Estamos a lunes. Llevo gastados 4€ en la compra de las tarjetas físicas más 26€ en billetes. Más el desplazamiento doble que voy a tener que hacer al Consorcio por no hacer las tarjetas sobre la marcha que sería a estas alturas, tecnológicamente hablando, lo más lógico. Más la gasolina y la contaminación que produce por cargar los bonobuses. Más la indignación y constante cuenta de “los billetes que quedan”, para recargar a tiempo… Como usuaria les aseguro que utilizar el autobús después de todo esto, es más empeño y convicción personal, que una forma fácil de desplazarse y una alternativa apetecible para la gente. Y esto, cuando para colmo es por culpa de las Administraciones que pagamos, sencillamente, no se puede consentir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *