Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

Dale que dale que dale

Celebración del Día de la Toma de Granada | Foto: Archivo GD
Ramón Ramos


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Página 26 de ‘La Vanguardia’, noticia fechada en Granada el 1 de enero de 1932: “Se ha declarado fiesta oficial local el día 2 de enero, conmemoración de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos. El Ayuntamiento irá a depositar flores sobre la tumba de la Reina Católica doña Isabel. Después tremolará el estandarte de la ciudad ante el monumento del paseo del Salón y en el balcón del Ayuntamiento. Tocará los días 1 y 2 la histórica campana de la Vela”.

Repito: enero de 1932. Es decir, la II República está proclamada desde ocho meses atrás y vemos cómo una de las primeras decisiones del Ayuntamiento republicano de Granada es la instauración del 2 de enero como fiesta local, como de forma palpable demuestra la noticia de agencia que recoge el periódico catalán. Pues bien…

Puntual a su cita con el calendario, el colectivo anti-Toma repitió este jueves los argumentos que desde hace tres décadas viene manifestando contra la conmemoración de la entrada de los Reyes Católicos en Granada. “Fiesta de exaltación franquista”, en el frontispicio de la oposición al pasacalles que desde tiempo inmemorial recorre las calles de la ciudad del Ayuntamiento a la Capilla Real y de la Capilla Real al Ayuntamiento.

Vaya por delante una obviedad, como es el derecho que asiste a este colectivo para expresar su opinión en torno a esta causa y cualquier otra que se les antoje. Pero, al margen de la contundencia de los párrafos anteriores, que no les arredrará a la hora de su puntual cita con el calendario dentro de un año para repetir contra toda evidencia su argumento favorito -‘fiesta de exaltación franquista’-, no estaría de más que estos ‘anti-Toma’ se parasen por un minuto a reflexionar: treinta años de ‘Manifiesto’ y lo único tangible que han conseguido es reunir a todo el ‘facherío’ nacional en la Plaza del Carmen.

Desde el recuerdo de un niño de los años sesenta, ruego a cualquiera que tenga más memoria que yo a dar testimonio de si vio por aquellas fechas a uno solo de los congregados bajo el balcón del Ayuntamiento que vistiese la camisa azul de Falange. No. Se empezaron a ver con tal atavío a partir del Manifiesto anti-Toma, en los finales de los 80, como única derivada frente a quienes denostaban la conmemoración. Presencia falangista con ostentación de símbolos a la que siguieron los extremistas del otro signo, los de izquierdas. Y entre unos y otros convirtieron lo que había sido una fiesta familiar, de abuelos y niños, en una concentración que necesita de anti-disturbios ante la parafernalia desplegada por los ultras de los dos signos en un intercambio de violencia verbal que cualquier día puede llegar a mayores. Confiemos en que no.

La verdad es que cansa ya volver sobre los hechos: el Día de la Toma alcanzó su esplendor máximo con el Ayuntamiento democrático tras las elecciones municipales de 1979, con un alcalde socialista -Antonio Jara- y un concejal comunista -José Miguel Castillo- que formateó la conmemoración. Hasta entonces, y por lo menos desde que tengo memoria, había sido día laborable y pasó a ser fiesta local. El ceremonial aprobado en Pleno y seguido con máxima afluencia en esa época, así como el alcalde y el concejal de entonces, no merecieron ningún reproche ni del PSOE ni del PCE por esos años.

Otro sí: pasar esa fiesta a la conmemoración de Mariana Pineda. Hombre, la verdad es que conmemorar una ejecución no parece la mejor connotación para una fiesta… Pero que vale, que sí, que lo entiendo. No obstante, me permito volver a recordar que ese día de finales de mayo ya fue fiesta local. Lo fue por decisión del gobierno municipal con el mismo alcalde socialista y el mismo concejal comunista que dieron esplendor a la conmemoración de la Toma. Recordaré más: en 1981, como fiesta local, un coro local estrenó el Himno local. (Por cierto, quince años después, ya en la alcaldía de Díaz Berbel, se acordó designar oficialmente como himno de la ciudad la popular ‘Granada’ de Agustín Lara. Como no se derogó el himno anterior, Granada -salvo que alguien me corrija- desde entonces cuenta con dos himnos oficiales. Así somos en Granada, la ciudad del ‘dos’ para todo…). Pues bien, esa fiesta de Mariana Pineda, finales de mayo, la corporación depositaba una corona de flores en la tumba de la Catedral donde yace nuestra heroína. Como día de finales de mayo que es y generalmente con buen sol y calor, la gente aprovechaba para irse a la playa, dejando los tenderetes que se instalaban en la Plaza de la Mariana en la más completa soledad. El día dejó de ser fiesta y nadie la echó de menos salvo por la jornada playera perdida, vaya usted a saber.

En fin, que en vísperas de la Toma volvemos al ritual de siempre y a uno, como a muchos, solo se le ocurre esperar un imposible: que tengamos la fiesta en paz. Que los extremistas de uno y otro signo se vayan a expresar sus ideas en torno a la Toma a un lugar donde no molesten. Porque -y este es el segundo efecto tangible desde el Manifiesto- en las circunstancias en las que en los últimos años se desenvuelve, quién se atreve a llevar a los niños a responder el tradicional “qué” -la esencia de la fiesta- sabiendo que allí se palpa un riesgo de incidentes que algún día todos lamentaremos.

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  1. Totalmente de acuerdo, Ramón. Unos y otros con sus consignas han hecho de esta fiesta un acto al que asistir conlleva un riesgo. Se echa de menos gritar el “qué” cogido de la mano de nuestros mayores sin más ánimo que el de una fiesta que unos y otros nos están jodiendo.

  2. Pues yo en casi todo, menos en la fecha de instauración de la festividad de la Toma como fiesta local. En eso mi amigo Ramón que me declaró el boicot desde que no le cuadró que pusiera un comentario personal en mi muro sobre “er Echeniquer”, se equivoca. Saludos