Lunes, 29 Mayo, 2017

¿Cuál es la recompensa del generoso?

Ser altruista es fácil

Foto: E.P


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La razón por la que las personas actúan de forma altruista es un tema ampliamente debatido. Algunos argumentan que las personas son por naturaleza egoístas y la única forma de anular esas tendencias codiciosas es ejercer el autocontrol; mientras otros ofrecen una visión más positiva, afirmando que los seres humanos, naturalmente, encuentran la generosidad gratificante y que sólo actúan egoístamente cuando se detienen a pensar en ello.

Un nuevo modelo computacional de cómo el cerebro toma decisiones altruistas es capaz de predecir cuándo una persona va a actuar generosamente en un escenario que implica sacrificar dinero. El trabajo, dirigido por el Instituto de Tecnología de California (Caltech), Estados Unidos, y publicado este miércoles en la revista ‘Neuron’, también ayuda a explicar por qué ser generoso es a veces tan difícil.

El modelo de Caltech sugiere que tanto la generosidad como el egoísmo pueden darse de manera rápida y sin esfuerzo, pero que depende de la persona y el contexto. “Cogimos un modelo muy simple de elección que se ha desarrollado para predecir las decisiones perceptivas –como si un punto se mueve hacia la izquierda o hacia la derecha– y lo adaptemos para capturar la generosidad”, dice la autora principal Cendri Hutcherson.

“Con este modelo simple, fuimos capaces de explicar una gran cantidad de patrones previamente confusos acerca de cómo las personas toman decisiones altruistas”, añade Hutcherson, quien hizo el trabajo como investigadora postdoctoral miembro del Instituto de Tecnología de California y ahora dirige el Laboratorio de Neurociencia sobre las Decisiones de la Universidad de Toronto, Canadá.

“Nos encontramos con que lo que importa no es si se puede ejercer el autocontrol, sino simplemente la fuerza con la que se considera las necesidades de los demás en relación con las propias”, dice esta experta. “Si se tienen en cuenta más las necesidades de la otra persona, ser generoso es fácil. Si te tienes más en consideración a ti, la generosidad requiere mucho esfuerzo”, detalla.

Hutcherson también piensa que el modelo arroja luz sobre los debates acerca de si el mero hecho de comportarse generosamente es gratificante. “Los investigadores han observado que si se actúa con generosidad luego se ve una mayor actividad en áreas del cerebro que representan el valor de la recompensa, y así han llegado a la conclusión de que la generosidad es un acto intrínsecamente gratificante, pero nuestro modelo de realidad sugiere que se puede conseguir la actividad sólo por la forma en que estas regiones construyen una decisión -dice–. Se ve una mayor activación en las áreas de recompensa, simplemente porque la decisión es compleja y, por lo tanto, requiere más procesamiento”.

El modelo se basa en los escáneres cerebrales de 51 varones mientras toman las decisiones en una versión modificada del ‘juego del dictador’. Para jugar a este juego, cada participante fue emparejado con un extraño y se le preguntó si estaría dispuesto a sacrificar diferentes cantidades de dinero de manera que el desconocido pudiera conseguir una cifra significativamente mayor (por ejemplo, perder 25 dólares y que la otra persona reciba un extra de cien dólares). El dinero era real y cada participante tuvo que tomar un total de 180 decisiones.

CODICIA, EMPATÍA, GENEROSIDAD

Los escáneres cerebrales sugirieron que las diferentes áreas del cerebro representan los intereses propios y ajenos. Los valores auto-orientados se correlacionaron con la actividad en el estriado ventral, un área vinculada al procesamiento básico de recompensa.

Otros valores orientados se vincularon con la activación de la unión temporoparietal, que ha sido implicada en la empatía. Hutcherson cree que esto es evidencia de que las personas son más propensas a dar recursos si ya tienen en cuenta cómo su donación beneficiará a otra persona.

La mayoría de las personas tienden a ser codiciosas, pero el modelo también explica otro enigma: a veces incluso los participantes más egoístas toman decisiones generosas. Los investigadores ven estas opciones no como una prueba de auto-control, como se pensaba, sino simplemente errores, un momento en el que el beneficio para sí mismo fue accidentalmente infravalorado.

Estos errores sugieren que la presión del tiempo podría ser una manera de hacer que la gente se comporte de manera diferente en relación a sus comportamientos normales de donaciones, pero es probable que no sea una estrategia de éxito a largo plazo para la recaudación de fondos.

“Nuestros resultados indican que las personas son más felices cuando la generosidad errónea no sucede”, asegura Hutcherson. “Pero si podemos aumentar la atención de las personas en los pensamientos y las experiencias de otros, podemos disminuir los errores mientras que se incrementan las donaciones caritativas y hacer que el altruismo parezca mucho más fácil”, concluye.

ANTERIORES ESTUDIOS

Estudios anteriores habían sugerido que el desarrollo del altruismo, mediante la capacitación y las prácticas sociales, puede ocurrir a través de cambios en la estructura del cerebro, y de las activaciones neuronales que hemos identificado.

Así las diferencias en el comportamiento altruista mostraba que están relacionadas con la variación en el tamaño y la actividad de una región del cerebro involucrada en la empatía, según un estudio de la Universidad de Zurich, publicado hace tres años en la revista ‘Neuron’, el primero que relacionaba la anatomía del cerebro con la activación cerebral del altruismo humano.

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