Lunes, 29 Mayo, 2017

Contracturas: ¿es posible evitarlas?

En la espalda dos conjuntos musculares son los más afectados, el de los músculos paravertebrales y la musculatura del cuadrado lumbar

Foto: GETTY/G-STOCKSTUDIO


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Las contracturas son en sí mismas un aumento del tono muscular de forma mantenida e involuntaria que acaba produciendo dolor. Las malas posturas, la falta de ejercicio o incluso una hidratación deficiente pueden ser los principales aliados de estas dolorosas alteraciones en nuestra musculatura.

Según explica  Ramón Aiguadé, fisioterapeuta y tesorero del Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña, la contractura es un acortamiento muscular que no permite el funcionamiento normal de los músculos y que en la población general se presenta de forma más común en cuello y espalda.

“En las extremidades como brazos y piernas estas contracturas son menos frecuentes salvo en el ámbito del deporte como sucede en el caso de tenistas o futbolistas, por ejemplo”, aclara el fisioterapeuta.

En el cuello se ven implicados desde la parte trasera superior de la espalda el músculo trapecio que moviliza a cuello y hombro y el músculo esternocleidomastoideo que comunica la parte delantera, cuello, clavícula y alcanza hasta la parte trasera de la oreja.

En la espalda dos conjuntos musculares son los más afectados, el de los músculos paravertebrales y la musculatura del cuadrado lumbar. Estos músculos atraviesan varias articulaciones y además las muchas vértebras que existen en la espalda llevan a que sea más fácil un mal posicionamiento que lleve a que una vértebra trabaje más y que haya un grupo de fibras dentro de los músculos que se utilicen en exceso.

Los paravertebrales son un grupo de músculos pegados a las vértebras cuya función principal es la estabilización del cuerpo. Las contracturas lumbares están asociadas a los músculos del cuadrado lumbar que se sobrecargan si se ha perdido la fuerza en la musculatura abdominal y la sincronía en el movimiento que requiere que los músculos del abdomen sean los primeros en actuar para dar soporte a otras acciones de la musculatura central del cuerpo.

¿SE PUEDEN PREVENIR LAS CONTRACTURAS?

“Las contracturas son muy comunes y a veces incluso asintomáticas, todos las tenemos. Por estrés o preocupación aumenta el tono muscular y se produce dolor”, señala Aiguadé.

Tres son las principales características de las contracturas: dolor, pérdida del funcionamiento muscular y cambios en la postura. Se produce así una disminución de la fuerza muscular, no se puede elongar el músculo y con ello se pierde movilidad.

CÓMO QUITAR CONTRACTURAS

La medicina convencional trata las contracturas con analgésicos para quitar el dolor pero no se trata la lesión primaria y estos medicamentos no actúan sobre el tono muscular, para el que se emplean fármacos más agresivos como los miorelajantes. Desde la consulta de fisioterapia se realizan masajes descontracturantes y técnicas como la fibrolisis instrumental o la compresión isquémica.

Ramón Aiguadé apunta a Infosalus algunos consejos para prevenir las contracturas:

1. Incluir en nuestra vida diaria la higiene postural: esto supone realizar cambios en la postura cada cierto tiempo y evitar así las posturas mantenidas.

2. Realizar estiramientos cada dos horas durante unos dos o tres minutos: los estiramientos deben ser suaves, prolongados y progresivos. Hay que evitar los estiramientos musculares rápidos y los movimientos elásticos que se producen al elongar demasiado el músculo (estiramientos con rebote) ya que podrían producirse contracturas y roturas microfibrilares.

3. Tener una ingesta de agua adecuada: la deshidratación aumenta la probabilidad de calambres. Hay que beber agua a lo largo de todo el día y no tomarla toda de golpe o sólo durante las comidas.

4. Dieta equilibrada: dentro de una dieta variada no hay que eliminar por completo la sal de la dieta ya que es necesaria para la contracción muscular y su ausencia lleva a la aparición de calambres.

5. Evitar las situaciones de estrés dentro de lo posible y cumplir con las horas necesarias de sueño.

“Las contracturas mantenidas y sin tratar pueden llegar a provocar problemas de artrosis y degeneración articular además de cambios posturales que hacen que el cuerpo entre en un círculo vicioso muy perjudicial que mantiene la contractura y la empeora”, concluye el fisioterapeuta.

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