Viernes, 17 Noviembre, 2017

            

Bailar con la vida

Imagen ilustrativa | Foto: Marisa Chacón
Marisa Chacón


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Cuando bailo simplemente soy yo, fluyendo, dejándome llevar, expresándome. No existen las preocupaciones, las normas, los prejuicios o el qué dirán. Completamente dueña de mi cuerpo, consciente de mí y de lo que siento.

Cuando bailo soy yo, simple y llanamente. No soy la madre, la hija, la trabajadora o la amiga. Sólo yo, creando belleza, siendo plenamente feliz.

Y es que es así como deberíamos sentirnos en cada momento de nuestra vida ¿no? Sin embargo, los problemas y las obligaciones asfixian la persona que somos y no nos permiten ser felices.

¿No nos lo permiten o no nos lo permitimos?

Mi columna se llama “Bailando con la Vida” porque creo que en cada uno de nuestros pensamientos deberíamos tener presente que la felicidad no es un derecho sino una obligación. ¿Para qué estamos aquí si no?

Y no es una cuestión de egoísmo, sino un planteamiento vital que debería regir todas y cada una de nuestras decisiones. Buscar la felicidad no es fácil ni puede confiarse solo a un aspecto de la vida. De hecho, ni siquiera creo que se trate de una búsqueda sino más bien de actitud. Ser consciente de ti, degustar con fuerza cada momento (incluso el más duro) y aprender la lección, porqué no. Todo puede ser motivo de felicidad, TODO forma parte de ese gran mosaico formado por mil teselas.

Reflexionando, he llegado a la conclusión de que la felicidad que experimento al bailar es posible porque todo se simplifica: solo estamos la música y yo. Por eso creo que bailar con la vida, en mi caso, es un gran lema para expresar que en todo lo que hago, en cada momento que vivo, debo ser yo… consciente, fluyendo, dejando que la vida me traiga lo bueno, levantándome cada vez más fuerte tras la caída, devolviendo en forma de belleza todas las maravillas que recibo.

Haz lo que te haga feliz, pero sobre todo permítete ser feliz.

¡No dejes de bailar con la vida!

Comments

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  1. Enhorabuena, Marisa. Sigues siendo la niña extraordinaria quieras cuando te conocí. Tan igualita a tu madre, la mejor persona que he conocido, y no lo digo por adular, lo sabes.
    Un abrazo muy grande para las dos y mucha suerte con esta nueva faceta de tu vida.