Martes, 13 de Noviembre de 2018

            

Aprender del fracaso como camino hacia el éxito. El error es maravilloso como motor de las mejores hazañas

Joan Carles March Cerdà


image_print

Fracasar es No producir el resultado deseado o previsto. Es no conseguir en cierta actividad lo que se pretende.

El temor a fracasar, es uno de los principales obstáculos en nuestro camino hacia el éxito, pero está basado en el significado que nosotros le damos al fracaso y en lo que hemos aprendido al respecto. Aprende a percibir corregir esas ideas equivocadas y disfruta de tus logros. Y es que el error es maravilloso (en teoría), pero cultural y socialmente esta muy penalizado.

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido más de 300 partidos. En 26 ocasiones me confiaron el tiro ganador y fallé. He fallado una y otra y otra vez en mi vida, y por eso he tenido éxito”. Son palabras de Michael Jordan, una de las estrellas del Baloncesto mundial, leyenda indiscutible de todos los tiempos. No fue sólo su talento lo que le llevó a ser uno de los grandes, sino también su filosofía de vida, aquélla que decía que la clave del éxito es el fracaso. Y es que es evidente que de los errores se aprende, que si no fallamos de vez en cuando, no entenderíamos nunca el éxito o que si no nos equivocamos, es que no nos arriesgamos.

Aunque el rigor, la creatividad, el optimismo o la empatía son valores en los que me reconozco, resulta paradójico, que el valor que más celebro cuando sale, quizá porque suele mantenerse oculto a pesar de su trascendencia, es el del fracaso. Frente a esa corriente simplona y conformista que quiere hacernos creer que en la cultura científica sólo caben el éxito, la diversión y el asombro, insisto en la necesidad de mostrar (también) el esfuerzo, el error, los pesados procedimientos a los que se somete el método científico, la falta de reconocimiento y, desde luego, el fracaso, el fracaso como motor de las mejores hazañas.

Hay mucha gente que “celebra” el fracaso como demérito, como tropiezo que únicamente da idea de la mediocridad de aquellos que no consiguen alcanzar sus objetivos. Si un vecino abre un negocio y le va mal, explicó, aquellos que le rodean, o muchos de los que le rodean, sienten un íntimo regocijo, una confirmación de sus peores presagios, una celebración del batacazo. Casi nadie aprecia en el fracaso un motivo para medir la verdadera voluntad de un individuo, su capacidad de sacrificio, la dimensión real de su esfuerzo, la disposición que tiene para adaptarse, para reinventarse, para intentarlo una y mil veces más.

En Estados Unidos, hay quien incluye en su currículum las veces que intentó alcanzar un determinado objetivo, las veces que fracasó antes de conseguirlo. Y éste es el mejor aval para que a uno lo consideren una persona tenaz y decidida, de esas que no le tienen miedo al fracaso, de esas que no se rinden con facilidad. Es darle valor al descalabro, elogiar la derrota de alguna manera.

Sin duda, el fracaso nunca debería ser la excusa para no intentarlo (al menos) una vez más (haciendo el esfuerzo oportuno para identificar lo que falló, lo que no funcionó como esperábamos, para buscar el mejor remedio).

El fracaso llega a ser tan valioso que termina convirtiéndose en una herramienta de aprendizaje compartido(siempre que las lecciones se compartan de igual a igual, con humor y humildad, y no haya, por tanto, juicios maniqueos ni doctos sermones).

Mucha más inquietud nos causan los que celebran el fracaso ajeno, es decir, los auténticos fracasados, y, sobre todo, nos espantan aquellos que emplean gran parte de su existencia en zancadillear al prójimo para que, si es posible, no alcance sus metas.

Y ante el fracaso podemos hacer, en lugar de alegrarnos:

  1. Aceptar que forma parte de nuestras vidas. Nadie ha tenido una vida ausente de fracasos.

  1. Sacar la lectura correcta del error. No es lo que dice de ti, sino las soluciones que tienes que buscar.

  1. Reforzar los valores, la iniciativa y tu capacidad para enfrentarte a situaciones nuevas.

  1. No tratarse mal. No decirte nada que no dirías a un compañero de trabajo, de tu equipo o a tu familia. Si a los demás les darías ánimos para que cogieran fuerzas para intentarlo otra vez, ¿por qué no lo haces contigo? Olvidarte, tratarte de forma severa no sirve “para que aprendas”. Sirve para sentirte mal. Trátate de forma compasiva.

  1. Fomentar situaciones sin mucho riesgo en las que puedas fracasar, como probar recetas nuevas, y experimenta así lo libre que te sientes cuando piensas, “me ha salido una pena de receta, pero… ¡me da igual!”

  1. Relativizar. Pensar, ¿esto va a ser importante el mes que viene, el año que viene, dentro de tres años? Sufrimos de más en ocasiones porque perdemos el sentido de lo que realmente es importante.

  1. No dudar de ti. La duda debilita. Centra tu atención en tus fortalezas. Bastante crítica hay en el exterior como para que tú también participes y te conviertas en tu peor enemigo.

Todo eso y más como:

A.  No inhibirse debido a las decisiones pasadas. Lo hecho, hecho está, y no se puede cambiar.

B. Cultivar la confianza en las relaciones y huye de las personas poco fiables.

C. Si realmente quieres perdonar a alguien a quien has hecho daño, tienes que ser capaz de sentir su dolorpara que la persona dañada sienta tu disculpa sincera.

D. No culparse por ser complaciente.

E. Es importante mostrarse agradable.

F. Controlar la ira, porque esta puede matar la motivación.

G. No rendirse en los proyectos.

H. Fomentar la dignidad y ofrecer una disculpa digna para restablecer la confianza.

I. No ser un perfeccionista porque cometer errores es una parte esencial de cara al futuro.

J. No justificar errores.

K. Entender los errores.

L. Evitar repetir los errores.

M. Reconocer los errores propios nos ayuda a perdonar a los demás.

Porque para crecer como personas es obligatorio equivocarse. El fracaso es una asignatura obligatoria para el éxito duradero. La única razón por la que fracasamos es porque al menos nos permitimos seguir creciendo. Y es que no hay ninguna especie en el planeta que lo haga todo bien. El error es parte del crecimiento y la evolución.

Y además, hay 6 aspectos a tener en cuenta de lo positivo que puede ser cometer fallos:

  1. Podemos volver más inteligente: el error te permite analizar la situación y aprender de ella pues el éxito a la primera no genera análisis;

2. Desarrollamos una mayor capacidad de aprendizaje;

3. Desarrollamos tu memoria;

4. Nos motivan a seguir aprendiendo;

5. Incitan nuevas conexiones neuronales en el cerebro y lo vuelven más activo

6. Ejercitamos nuestra capacidad de resistencia.

Ante el error, es imprescindible valorarlo, reflexionar y por último, hacer un plan de mejora. Porque el error forma parte de la ecuación del cambio. Los errores nos permiten adaptarnos a los cambios. A nadie le gusta cometerlos, pero cuando ocurre, es fundamental aprender de los errores correctamente y darse cuenta de que forman parte esencial de la superación personal. No debemos sentirnos abrumados por la culpa y el arrepentimiento, pero sí analizarlos y extraer lecciones de ellos. Porque quien se equivoca descubre el limite de su error y encuentra claves para su victoria, porque es necesario caerse para levantarse; pero quien evita caerse, ignora lo duro que le sería la caída, ya que cuanto más tarde aprenda a caer más duro ha de ser el golpe. Los errores son las huellas de nuestros intentos y además nos enseñan sobre lo que no sabemos. Porque los errores nos recuerdan que somos humanos.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.