Jueves, 25 Mayo, 2017

2046

Un tapiz narrativo que busca en el futuro lo que nunca se consiguió en el pasado.

Cineptos Zinescrúpulos | @cineptos


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“En el pasado, cuando las personas tenían secretos y esos secretos no deseaban compartirlos subían a una montaña, buscaban un árbol y tallaban un agujero en él para susurrar el secreto en el agujero, luego lo recubrían con barro, de ese modo nadie más lo descubriría.”

Aún no estoy seguro de qué significa esto. Sólo sé que me encanta. En ocasiones he leído alguna crítica o escuchado algún comentario en los que se dice de esta película que es lenta, petulante o incluso pretenciosa. Estos adjetivos harían huir a cualquiera o al menos condicionarían de alguna manera el ánimo con el que vean la película. Pues bien, hoy voy a romper una lanza (y las que hagan falta) por las cosas lentas y pretenciosas. A toda esa gente les diría que se relajen y mantengan sus sentidos lo más receptivos que puedan ya que no todo tiene por qué ser tan fast ni tan furious.

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2046 es una película del director Wong Kar Wai estrenada en 2004 y que cierra la trilogía formada por ‘Días Salvajes’ (1990) y ‘Deseando Amar’ (2000), estando especialmente relacionada con esta última. Sin embargo, no tema, esta película se puede ver sin necesidad de haber visto las anteriores. 2046 tratará de manera tangencial varios temas, como la soledad, la memoria, la frustración… pero fundamentalmente uno, el amor, o mejor dicho, su ausencia y su continua búsqueda.

Nuestro protagonista será Chow Mo Wan (Tony Leung), un hombre enjuto, de bigote recortado, pómulos bien definidos y una sonrisa entre cínica y encantadora, además le gustan demasiado las mujeres, el alcohol y el juego. Este personaje nos guiará a través de esta historia -su historia- de como uno no siempre consigue lo que quiere.

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La historia está doblemente ambientada entre, por un lado, Singapur y Hong Kong en la década de los 60 y por otro, un relato de ciencia ficción ambientado en el futuro. Chow es periodista y escritor. Se traslada de Singapur a Hong Kong después de una frustrada historia de amor con Su Li Zhen (Gong Li), una enigmática mujer con la que no podrá estar a pesar de que ambos se deseen.

En Hong Kong, Chow se instala en un desvencijado hotel en el que trabará cierta amistad con el dueño y sus hijas mientras sobrevive escribiendo para un periódico. Son tiempos convulsos, la población está empobrecida, la policía es corrupta y la tensión entre la colonia y la metrópoli no hace más que aumentar. Chow pasa el tiempo entre clubes nocturnos y casas de apuestas; sale con muchas mujeres, se reencuentra con antiguos amores y mantiene nuevos romances con otras mujeres. Es como si en todas ellas buscara a su antiguo amor de Singapur.

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Paralelamente comenzará a escribir el relato de ciencia ficción que llamará “2046”, tomando el número de la habitación contigua a la suya como referencia. En el relato, un tren misterioso viaja a 2046, donde los pasajeros esperan recuperar la memoria perdida “pues en 2046 nunca cambia nada”, sin embargo, nadie que haya ido hasta allí ha vuelto para contarlo.

Chow irá incorporando a la gente que conoce en el hotel a su relato futurístico, así aparecerá el dueño del hotel, el Sr. Wang como jefe del tren y su hija mayor, como una auxiliar de abordo que en realidad es una androide que reacciona con efecto retardado. El personaje principal del relato es un alter ego del protagonista, viaja buscando en el futuro un amor del pasado y a falta de otros pasajeros humanos en el tren acabará buscando calor en las auxiliares androides y sus tacones eléctricos, enamorándose y siendo rechazado con efecto retardado.

La voz en off de Chow nos irá narrando ambas historias, sus palabras serán el hilo conductor a través del cual se desarrollarán pequeñas historias secundarias que se entrecruzarán sutilmente con la historia principal, su historia, que al mismo tiempo termina convirtiéndose en otro de sus relatos que escribe para el periódico.

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Lo que caracteriza especialmente a esta película es la ausencia de linealidad a la hora de desarrollar la acción. A medida que la historia avance, el relato del tren, sus personajes y la historia real se irán entrecruzando, solapándose y repitiéndose, creando un puzzle narrativo que en determinados momentos puede llegar a aturdir al espectador. Sin embargo no será demasiado difícil darse cuenta de que en el relato del tren, Chow está hablando de sí mismo, de su búsqueda del amor que no ha encontrado en los cuerpos de otras mujeres. El tren funciona como una metáfora de los recuerdos del protagonista que espera, al observarlos, volver a un punto del pasado a sabiendas de que es imposible y de que la memoria, al igual que el tren, sólo avanzan en una única dirección de la cual no se puede escapar.

Otro de los rasgos especiales de esta película, y que a mí personalmente siempre me ha fascinado, es su estética. Toda la película tiene un colorido muy particular, una extraña textura que casi te permite alargar el brazo y tocar las imágenes con las yemas de los dedos. Destaca también el uso de la luz, o mejor dicho, de las sombras, los vacíos, las ausencias o los encuadres. A menudo los planos se enmarcan en puertas o ventanas o en los recodos de los pasillos, creando así la ilusión de estar observando la acción desde fuera, como si fuésemos testigos de lo que sucede sin ser vistos, al igual que Chow observa desde su habitación lo que sucede en la habitación contigua.

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En conclusión se podría decir que estamos ante una especie de poema sinfónico cinematográfico en el que la unión entre el texto, las imágenes y la excelente música de la banda sonora hacen de esta, una obra total y casi monumental. Las cualidades estéticas hacen que, en general, no sea del todo necesario entender al cien por cien el mensaje de la película o sacar conclusión alguna si no se quiere pues es posible disfrutar enteramente de la obra que Wong Kar Wai pone ante nuestros ojos sin más pretensión que la de disfrutar de la experiencia estética en sí misma.

“Todos los recuerdos son surcos de lágrimas.”

Un artículo de Cineptos Zinescrúpulos escrito por Alberto Fernández

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