Emociones negativas, emociones necesarias que sirven de defensa

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Alegría, sorpresa, enfado, tristeza, miedo, asco, estas son las seis emociones básicas según el psicólogo Paul Ekman en Emotions Revealed. Otros autores identifican solamente cuatro emociones principales: alegría, enfado, miedo y tristeza. De estas emociones base se derivan un amplio abanico de sensaciones y emociones humanas, con diversos matices: ira, verguenza, celos, rencor, orgullo, desesperación, euforia, lástima.. etc. Así nos lo cuentan JA. Piqueras, V. Ramos, AE. Martínez y LA. Oblitas en su “Emociones negativas y su impacto en la salud mental y física”.

Las emociones tienen una finalidad, si aparecen es por algo y para «decirnos» algo. Las emociones son reacciones que todas las personas experimentamos ante un peligro real, que nos genera tener miedo y nos aleja de dicho peligro, lo que nos ayuda a adaptarnos al entorno. Uno va aprendiendo que las emociones son todas legítimas y que no necesitan justificación. Cada etapa se supera como se puede y no todo el mundo lo hace de la misma manera. Y es importante recordar que las palabras huecas no animan, y que vale más y es más útil, aprender a escuchar y a acompañar.

Decíamos en el artículo anterior que usamos la palabra «negativa» para describir las emociones que son más difíciles. Y confirmábamos que la palabra negativa no significa que las emociones sean malas o que no las podamos tener.

De las emociones negativas, destacamos algunas como la ansiedad, la rabia, la culpa, la envidia o el aburrimiento. No solo producen malestar sino que las intentamos suprimir, reprendiéndolas por sentirlas y hasta medicándonos contra ellas. Y el miedo y otras sensaciones que a veces evitamos son tan importantes como el optimismo para ser feliz.

Cuando falleció mi madre, mis emociones fueron de tristeza y esto ayuda a que las personas de mi alrededor se mostrasen compasivas y empáticas conmigo, como reacciones emocionales normales y adaptativas, que consiguen que me adapte al entorno y que muestre mis sentimientos a los demás.

Sin embargo, algunas emociones negativas se producen sin un desencadenante claro ni una función concreta o durante más tiempo del deseado.

El miedo, la tristeza, la ira y el asco son estados emocionales que, cuando son intensos y habituales, afectan negativamente la calidad de vida de las personas, como explican el documento sobre el poder positivo de las emociones negativas.

Las emociones negativas principales, tal como podemos conocer en EMOCIONES NEGATIVAS Y SU IMPACTO EN LA SALUD MENTAL Y FÍSICA por José Antonio Piqueras Rodríguez, Victoriano Ramos Linares, Agustín Ernesto Martínez González y Luis Armando Oblitas Guadalupe, son:

1. Miedo

No hay emoción más temida que el miedo. Y no hay emoción que vele más por nuestra seguridad que el miedo. Nos lleva a buscar protección, a prevenir posibles peligros, a preveer riesgos.

Ante una situación que vivimos como amenaza, nuestro cerebro prepara el cuerpo para: tomar la decisión más conveniente para mantenernos con vida; ya sea escondernos, correr o activar la ira para defendernos. El corazón y la respiración se aceleran, dándonos un plus de energía.

Y las preocupaciones, son una manifestación del miedo. Para gestionar la incertidumbre ante un problema, se activa la ansiedad obligándonos a pensar y valorar las diferentes opciones disponibles y escoger la solución más conveniente.

2. Sorpresa

La sorpresa, nos dice también la wikipedia, es una reacción emocional provocada por algo imprevisto o extraño. Desencadenantes de la sorpresa pueden ser estímulos novedosos, inesperados, interrupciones, cambios bruscos, etc. La sorpresa es la emoción más breve. Nos ayuda a orientarnos frente a una situación nueva.

La galaxia de la sorpresa se refiere a una emoción ambigua por excelencia, ya que puede ser positiva y negativa según las circunstancias. En este sentido es como una especie de cometa o materia intergaláctica que puede navegar a través de todas las demás galaxias. Por esto se ha colocado en un lugar central. Ante una sorpresa, sobre todo si es negativa, hay que reaccionar rápidamente.

3. Asco

Asco es la denominación de la emoción de fuerte desagrado y disgusto hacia sustancias y objetos como la orina, como determinados alimentos, excrementos, materiales orgánicos pútridos o sus olores, que nos produce la necesidad de expulsar violentamente el contenido del estómago a través de la boca.

Nos produce aversión, nos orienta a la evitación de algo que puede ser perjudicial.

Una sensación desagradable pero sumamente protectora recorre tu ser: es el asco. En solo unos segundos has pasado de tener un hambre voraz a no querer volver a ese restaurante que te gustaba nunca más, y por supuesto a no querer cenar esa noche.

4. Enfado

El enfado es una emoción que seduce nuestro monólogo interior, que nos secuestra en pensamiento, palabra y acción. Un arma defensiva que, mal utilizada, puede volverse en nuestra contra y hacer verdadero daño si la dejamos crecer.

Manifiesta una frustración y nos orienta al ataque.

5. Fobia

La fobia es una emoción que no está justificada.

Algunos ejemplos de fobia pueden ser:

• A la oscuridad.
• A insectos.
• A la muerte.
• A conducir.
• A hablar en púbico.
• A hablar con los demás.

Para superar la fobia tenemos que intervenir en dos líneas:

A. Los pensamientos que nos abruman y
B. Las conductas de evitación

Todas las fobias tienen en común que los pensamientos suelen ser catastróficos, exagerados y con un fundamento erróneo.
Algunos ejemplos serían: “voy a perder el control”, “voy a hacer el ridículo si hablo en público, todos se van a dar cuenta de que estoy nervioso”, etc. Para superar la fobia, es necesario hacer frente a estos pensamientos ilógicos, plantearnos que pueden ser desmesurados y buscar explicaciones alternativas.

Por ejemplo, si creemos que vamos a hacer el ridículo o vamos a quedarnos en blanco hablando con los demás, es importante pensar lo peor que puede pasarnos y con ello vemos que las consecuencias no son tan terribles como parecen. Y es que si le restamos importancia a los errores, los demás también lo harán.

Y además, para afrontarlo y superar una fobia es intentar minimizar las sensaciones desagradables que te producen.

6. Ansiedad o preocupaciones excesivas

Experimentar la ansiedad, en la que el cuerpo responde con nerviosismo, miedo a la incertidumbre, etc, resulta desagradable. Y son muchas las situaciones que pueden provocárnosla.

En la mayoría de las situaciones, la ansiedad dificulta el rendimiento, por lo que controlarla nos aporta muchos beneficios.

Y es que a veces nos proponemos objetivos irreales y difíciles de cumplir, por lo que no pasa nada si en algún momento dejamos parte del trabajo para el día siguiente. De esta forma, conseguiremos aliviar la ansiedad y, una vez hayamos descansado lo suficiente, estaremos listos para continuar el trabajo que dejamos pendiente.

7. Ira o agresividad

La ira es una emoción que surge por numerosos motivos, como cuando vemos amenazada nuestra libertad, cuando nos sentimos ofendidos, etc. Cuando nos ocurre, se producen múltiples cambios fisiológicos en nuestro cuerpo, como enrojecimiento facial, aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, tensión de los músculos, entre otros.

Para controlar la agresividad, debemos distanciarnos de la persona o situación que nos ha provocado esta emoción, puesto que otra característica común es que nos sintamos abrumados y no podamos pensar con claridad.

Reflexionar sobre la situación concreta y sobre aquello que podemos hacer para solucionar el problema, nos ayudará.

8. Tristeza

La tristeza es una emoción negativa que cumple una función adaptativa muy importante: hacer ver a las personas de nuestro alrededor que estamos pasando por un mal momento y necesitamos apoyo social.

Sin embargo, si solemos tener un sentimiento general de tristeza, debemos plantearnos seguir estos consejos para que logremos combatirla.

Planear actividades que nos mantengan ocupado. Si nos aislamos, si nos centramos en lo negativo de la situación, entraremos en un círculo vicioso del que es muy complicado salir.

Hablemos de lo que nos entristece. Ocultar nuestras emociones tampoco nos servirá de nada. Lo importante es aprender a gestionar la tristeza hablando con amigos y familiares, exponiendo aquello que nos provoca esa emoción.

Llorar cuando lo necesitemos. No evitemos llorar, puesto que de esta forma, podremos desahogarnos y podremos reponernos posteriormente. Se ha demostrado que el llanto libera una serie de hormonas que alivia la angustia sentida ante un evento doloroso. Además, también parece que podemos mostrarnos más abiertos a nuevas ideas tras habernos desahogado a través del llanto.

Buscar la parte positiva de lo sucedido. Si nuestra tristeza ha comenzado, debemos buscar los beneficios que nos aporta la nueva situación.

9. Culpabilidad

La culpa es otra emoción negativa que puede hacer que nos sintamos mal con nosotros mismos. Es una emoción adaptativa, puesto que evita que nos comportemos mal y seamos crueles los unos con los otros –por lo tanto, ayuda a mantener el bienestar de la sociedad-.

Para combatir dicha emoción, podemos plantearnos algunos cambios, en función de la situación concreta:

Hablar con la persona a la que hemos herido. Si mostramos nuestras disculpas abiertamente, lograremos deshacernos de la culpabilidad por haber actuado de forma inadecuada o, al menos, atenuar esa culpabilidad.

Corregir nuestros errores. En la medida de lo posible, intentemos enmendar nuestro error para que nuestro sentimiento de culpa disminuya.

Aprender de nuestros errores.

10. Celos

En los celos están intrínsecos el afán de posesión, el temor a la pérdida, ciertas dosis de egoísmo, entre otros síntomas. Son propios de personas inseguras.

Cuando aparecen de forma ocasional y ante la mirada o el halago de un tercero pueden resultar simpáticos, pero a largo plazo no tienen ningún beneficio. Recordemos que nadie pertenece a nadie.

11. Adicciones

Todos tenemos un sentimiento latente de autodestrucción, es por eso que es vital fluir, dejar ir y encontrar el poder que está dentro de nosotros. En la medida en que se le da poder a la voz interior negativa, se pierde el control para salir adelante.

12. Soberbia

Es propio de personas que están buscando y desean con anhelo tener reconocimiento y distinción por parte de los demás. Esto cobija a todas las personas que desean controlar a los demás, que no aceptan que cada quien tenga su propia opinión o un gusto diferente. Si bien es necesario que toda persona reconozca su capacidad y su valor, siempre es mejor demostrarlo con hechos.

13. Culpa

Asumir la responsabilidad frente a todo tipo de circunstancias le otorga un peso de remordimiento que no le ofrece ninguna solución. Los sentimientos de culpa atan al pasado o a determinadas personas. Ser conscientes de que esos sentimientos están equivocados, libera. La culpa hace a las personas más débiles y víctimas más fáciles de las relaciones tóxicas.

14. Pereza

La pereza hace que la atención se disuelva con cualquier otra actividad, disolviendo el objetivo principal por el cual queremos luchar, alejándonos de nuestros objetivos, del verdadero éxito y desarrollo. Muchas veces se origina por falta de motivación, si el trabajo no nos gusta, ni nos apasiona.

Por tanto, es importante que No gestionemos las emociones negativas, buscando someterlas a nuestra voluntad: escuchémoslas y aceptémoslas.

Lo fundamental y principal es reconocerlas: reconocer la emoción y aceptarla. Aceptar la emoción, nos permite sentirla y escucharla, hablar con nosotros mismos, y actuar desde la templanza.

Lamentablemente en nuestra sociedad nos enseñan poco respecto a reconocer y aceptar las emociones. Nos enseñan a reprimir las emociones desde pequeños en lugar de a reconocerlas, aceptarlas, y expresarlas de forma asertiva.

Ante ello:

1. Aceptemos nuestro comportamiento sin castigarnos por ello
Vivir plenamente el momento presente y luego buscar alguna solución constructiva. Optar por sentirnos culpable y auto castigarnos por lo sucedido no solucionará nada ni tampoco asegurará que nuestro comportamiento vaya a cambiar. En el mejor de los casos, obtendremos una solución parche que no tardará en esfumarse.
2. Fijarnos momentos adecuados para ocuparnos de nuestros asuntos y obligaciones
Preguntarnos qué es aquello que hemos estado evitando, reflexionar sobre si nuestro sentimiento de culpa es producido por estar evitando alguna situación o alguna responsabilidad
3. Hacer valer nuestra posición de no auto castigarnos
Si algún individuo tiene alguna posición contraria a la nuestra e intenta manipularnos por medio de la culpa, empieza por respetar nuestra posición de no optar por sentimientos inútiles que impliquen auto castigarse y reflexiona de manera constructiva sobre si nuestra actitud tiene algún propósito o solo nos está perjudicando.
4. Comenzar por aceptar cosas en nosotros mismos que puede que no le agraden a los demás
Recordar que es imposible satisfacer a todo el mundo, nuestro comportamiento no tiene por qué ser catalogado como malo o bueno según la opinión del resto. Fijar como prioridad nuestra felicidad y armonía antes que la aceptación externa.
5. Tomar nota de todas las situaciones que nos hacen sentir culpable
Podemos anotar el porqué, el cuándo y el quién de la situación, para luego analizar y determinar si es que efectivamente debemos de realizar algún cambio en nuestra actitud.



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