Científicos piden medir las consecuencias de talar árboles de bosques después de sufrir incendios, plagas o tormentas

Los ecosistemas forestales han evolucionado con perturbaciones como incendios o plagas, y la tala posterior de los árboles dificulta la regeneración del ecosistema

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Incendio forestal | UGR
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Los incendios forestales y otros sucesos que generan mortalidad en los bosques, como las plagas o las tormentas, son una preocupación muy habitual para el común de la población. Sin embargo, los ecólogos señalan que esas perturbaciones son parte de la dinámica propia de esos ecosistemas y alertan sobre los efectos negativos de algunas acciones que se realizan después, como la tala del bosque afectado.

Alexandro Leverkus, investigador de la Universidad de Granada (UGR), explica que las perturbaciones han existido a lo largo de la evolución de las especies y que, cuando ocurren, generalmente la naturaleza puede regenerarse sola. Sus investigaciones se han publicado recientemente en revistas como Frontiers in Ecology and the Environment y Nature Communications. “En cada parte del mundo hay cierto tipo de perturbaciones. Por ejemplo, en los bosques mediterráneos suelen ocurrir incendios con una cierta frecuencia. Hay plantas que después de un incendio vuelven a brotar, y otras cuyas semillas se benefician del calor del fuego para germinar”, explica el investigador de la UGR.

En otras zonas geográficas, las perturbaciones más habituales son tormentas o plagas de insectos, que terminan con la vida de muchos árboles y a su vez generan una oportunidad para otras especies, permitiendo una mayor biodiversidad. “Las perturbaciones son una parte importante de la dinámica de los ecosistemas”, explica Leverkus.

El investigador de la UGR Alex Liverkus | UGR

Sin embargo, un problema sobre el que alerta el investigador con sus colegas Jorge Castro, también de la UGR, y Simon Thorn, de la Universidad Julius Maximilians de Wurzburgo, son las acciones posteriores de manejo. Muchas veces, después de un incendio, los árboles muertos se talan por motivos económicos, estéticos o emotivos (ver la madera quemada puede traer malos recuerdos). En realidad esa madera es importante para la regeneración del ecosistema, ya que proporciona alimento a numerosos animales y nutrientes y sombra a las plantas que se regeneran. Con esa tala se agrega una segunda perturbación que puede perjudicarla recuperación.

El valor de la madera muerta

“Hay que entender que, cuando los árboles han sufrido una perturbación ecológica, el ecosistema sigue estando allí. Antes de pedir a las autoridades que talen o reforesten toda esa zona que parece muerta, hay que entender cómo ha sido el incendio, qué está ocurriendo y qué especies van a regenerarse. No debemos actuar sin una valoración previa”, señala Leverkus.

Una reivindicación que hacen estos autores es sobre la importancia de la madera muerta, en general vista como leñao, como suciedad. “Se ha dedicado mucho esfuerzo a extraer la madera muerta de los bosques, cuando hay un sinfín de especies de animales, plantas y hongos que necesitan de esa madera. Incluso hay árboles cuya función ecológica puede incrementarse al morir, pero hay especies (por ejemplo algunos insectos que comen esa madera) que están en peligro de extinción porque dichos árboles muertos son rutinariamente retirados de los bosques”, explica Leverkus.

En ese sentido, los trabajos recientemente publicados hacen un balance global de los efectos de talar después de perturbaciones sobre la biodiversidad y la capacidad de los ecosistemas de producir servicios para la sociedad. Mientras que el efecto sobre los servicios ecosistémicos es en general negativo, existe cierta proporción de árboles afectados por una perturbación que debería de mantenerse en pie para favorecer a las especies más vulnerables a la tala.

Finalmente, el investigador advierte que se observan cambios preocupantes en las perturbaciones, como incendios con temperaturas mucho mayores que destruyen las semillas o en lugares donde no son habituales, como en los bosques tropicales de Australia, la selva amazónica o los bosques húmedos de Oregón, tal como se ha observado este año. “Ante esto, es necesario tomar medidas y entender mejor la situación desde un punto de vista científico para coordinar en conjunto las respuestas que demos”, reflexiona Leverkus.