Lunes, 24 de Septiembre de 2018

            

Una oposición, una vida paralizada entre apuntes

Elena, Cristina y Miguel se enfrentan este año al examen de sus vidas; Javier y Marta ya tienen su plaza | Cinco opositores granadinos relatan cómo se viven meses y años de sacrificio, perdidos en un mar de temarios, subrayadores y notas adhesivas

Cristina apura las últimas horas de estudios antes de presentarse a su oposición para ser arquitecta de la Junta de Andalucía
Ángela Gómez Anaya @_Angela_GA


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A las cuatro de la tarde, Elena se enfrenta al examen más importante de su vida, el que será la llave para empezar a ejercer como médica. A estas horas, Cristina ya andará por Sevilla para conseguir su sueño: ser arquitecta de la Junta; a Miguel le espera otro sábado de estudio, unas cuantas horas frente al temario de la Guardia Civil. Marta, en la otra punta de España, hoy descansa, después de una semana de trabajo auditando para el Estado. Javier también puede disfrutar de un sábado libre. Hoy no le toca patrullar por la ciudad.

Ninguno comparte profesión, pero si algo une a estos cinco jóvenes granadinos es una palabra que no olvidarán: oposiciones.

“Se sacrifican muchas cosas. Pones tu vida en pausa durante 16 meses, en los que no existe otra cosa que estudiar”, asegura Elena, quien hoy se la juega con la prueba del MIR, las “oposiciones de los médicos”, un examen que hace criba, y que es imprescindible que apruebe para empezar a dar sus primeros pasos por un hospital como médica, aunque residente por unos años.

Cristina también comparte ese sentimiento de sacrificio. “Existe un cansancio físico, otro mental y otro psicológico, y éste último marca la diferencia porque es el que nos va a hacer aguantar a largo plazo. Esto es una carrera de fondo”, afirma.

Leo  acompaña a su ‘humana’ en sus horas de estudio previas al MIR

Miguel aún no sabe la fecha de su examen, pero intuye que será por junio o julio, así que tiene por delante meses que exprimir. “He sacrificado mi puesto de trabajo. Echo de menos tener tiempo libre para estar con los míos, viajar e irme a la cama sin tener la oposición rondando por la cabeza”, admite este joven granadino de 28 años que quiere entrar en la Benemérita.

A Marta todas estas afirmaciones le suenan. Ella ha pasado por lo mismo, pero hoy puede sacar pecho y decir que ha compensado. El año pasado se hizo con una de las 62 plazas convocadas para entrar en el Cuerpo  Técnico de Auditoría y Contabilidad del Estado. Ha acabado en Gerona, lejos de su tierra natal, y hace balance de su época opositora: “Fueron tres largos, duros, frustrantes, sacrificados y desesperantes años”, responde con la certeza de quien lo ha sufrido en sus propias carnes.

Tras cuatro años y medio de arduo estudio, hoy Javier viste su uniforme de Policía Local, un sueño cumplido y, encima, en su tierra.

Todos han recorrido, o están en ello, un camino con mucha pendiente, en el que las ganas a veces flaquean y se pierde el Norte; con momentos de sprint y otros en los que hasta el aire falta; un trayecto largo, para unos más que para otros, y en el que uno se llega a cuestionar si de verdad merece la pena, si no sería más cómodo volver a la zona de confort. Pero cuando se cumple, cuando llegas, la satisfacción personal cura ampollas.

Las oposiciones, hoy día, no son un camino de rosas, y la ‘lucha’ por conseguir una plaza es latente. Si antes, por lo general, los aspirantes de estas pruebas respondían a un perfil más vocacional; ahora, la crisis y la motivación por un empleo ‘estable’ han hecho que, en los últimos diez años, miles de personas se hayan replanteado su futuro laboral y hayan apostado todas sus cartas a un examen, animados por la oferta de empleo público que espera rozar las 250.000 plazas en el trienio 2017-2020. Así las cosas, en estas pruebas de acceso entran en juego muchos factores: la preparación, los aspirantes ‘rivales’, el número de plazas y la suerte divina que tengas el día del examen.

Cristina prepara su examen para optar a una plaza del cuerpo de arquitectos de la Junta de Andalucía

“Es duro ver como tu entorno sigue dando pasos en la vida y la tuya llega a paralizarse”

Cristina tiene que ‘competir’ con 400 personas más para conseguir una de las cinco plazas ofertadas para ser arquitecta de la Junta de Andalucía, un puesto ‘congelado’ desde 2008. Esta arquitecta granadina de 29 años decidió hace año y medio pedir una excedencia en su trabajo para dedicarse en cuerpo y alma a esto.

Justo hoy se examina de la primera parte del examen, después de cientos de horas rodeada de apuntes, notas adhesivas y rotuladores, un ‘básico’ en el escritorio de todo opositor. “Separar la zona de vida de la de estudio ayuda a limitar los dos campos”, por eso ella prefiere estudiar en la biblioteca. Dedica unas 8-9 horas diarias al estudio. “¿Nunca es suficiente?”, le preguntamos. “Nunca. Siempre habrá preguntas nuevas o modificaciones que añadir al temario ya que la legislación está en continua evolución”, responde esta granadina quien tiene a la paciencia como su mejor aliada. “Esto es una carrera de valientes”, dice, “y uno se esfuerza sin saber cuándo conseguirá alcanzar su meta, pero quiero pensar que quién la sigue, la consigue”.

Elena pasa horas de estudio en su habitación. A su lado, siempre, su gato Leo.

“Hay que tener una vía de escape, un día a la semana en el que no recuerdes ni qué es el MIR” 

Elena finalizará su examen del MIR hoy a las 21 h., después de cinco horas para contestar 225 preguntas. “¿Qué vas a hacer cuando salgas?”, le preguntamos. “Puede que llorar y reír mucho a partes iguales. Disfrutar de mi familia, de mi pareja y de mis amigos. Hay que compensar todos estos meses en los que pusimos la vida en pausa”, responde.

Como se suele decir, Elena tampoco sabe dónde ‘pondrá el huevo’. Antes le importaba menos tener que alejarse de sus raíces, pero ahora preferiría no traspasar la frontera andaluza para estar cerca de su familia, sobre todo de su madre. Le detectaron un cáncer y, claro, ese factor no entraba dentro de los planes de estudio de Elena. Han sido meses complicados…  “Hubo un momento en el que pensé que no iba a ser mi año, y fueron ellos, mi familia y amigos, los que me hicieron ver que era capaz, que tenía que ir a por todas”. Así que Elena se mentalizó y se puso las pilas, por ella y por su familia. “Para mis padres hubiera sido un disgusto enorme si yo hubiese tirado la toalla. Puedo decir que he aguantado estos ocho últimos meses por intentar darles una alegría”, admite esta joven granadina que considera “impensable” prepararse el MIR sin el apoyo de una academia.

Hasta hoy, de lunes a viernes de los últimos meses, su mesa de escritorio ha aguantado sus codos una media de nueve y diez horas diarias, más de doce en la recta final. “Creo que tengo en mis lapiceros toda la gama de colores, con sus correspondientes sustitutos por si se gastan”, confiesa entre risas. Y si alguien ha sido testigo esas horas entre el extenso temario de medicina ha sido Leo, su gato, quien no ha parado de observar a su humana favorita y ha intentado consolarla en los días de agobio.

Sin menospreciar al resto de oposiciones, El MIR es una prueba exigente, “y es verdad eso de que hasta que uno no se prepara el MIR no sabe Medicina”, opina Elena, quien considera que para que se pudiera cambiar el sistema para poder ejercer como médicos, tendrían que cambiar de base los planes de estudios actuales. “Como enfermera acabas la carrera siendo perfectamente capaz de ejercer al día siguiente sin ningún temor, sin embargo, no puedo decir lo mismo de la preparación que se nos da como médicos”, apostilla.

Miguel prepara su examen para conseguir una plaza en el cuerpo de la Guardia Civil este año

“La oposición la vive tanto el que la prepara como la gente que le rodea”

Miguel también considera que algunos aspectos en las oposiciones para entrar en el cuerpo de la Guardia Civil se deberían mejorar para una selección “justa”, como el tema del baremo, que, según nos explica, “debería contar una vez que apruebas todas las fases y entres en la Academia, y no antes, aunque luego sí cuenten para escalafonarse. Así se podría evitar la picaresca que hacen algunos de aumentar el baremo”, opina.

Un total de 36.743 personas, entre ellas estaba Migue, se presentaron en 2017 para conseguir una de las 1.801 plazas ofertadas este año (1.000 de acceso libre). No es fácil hacerse con una.  “Es mejor no pensar en las probabilidades, sino pelear por una plaza, la tuya, y que las demás no te importen”, afirma Miguel, quien aún desconoce la convocatoria para este año.“Es una apuesta que si ganas te va a salir muy bien, pero si pierdes…”, apostilla y recuerda el trabajo que dejó por luchar por este sueño.

Monotonía. Todos los días igual. “Es vivir en el Día de la Marmota. Me levanto, voy a la biblioteca hasta la hora de comer, por la tarde academia, algo más de estudio y algo de deporte, que me ayuda para la preparación física y para deshacerme del estrés”, nos explica.

Si aprueba todas las fases, a Miguel aún le quedan por delante nueve meses en la Academia de la Guardia Civil, ubicada en Baeza. Tras esto, un periodo de cuarenta semanas de prácticas en las Unidades Territoriales de la Guardia Civil. No será hasta el tercer año cuando le darían un destino. “Hay que valorar muchos factores, pero me gustaría quedarme cerca de casa”, explica.

“Si no apruebas este año, ¿cómo lo encajarías, Miguel?”, le preguntamos. “Sería como si me tirasen a una piscina olímpica de agua congelada. Un suspenso echaría por tierra todo el trabajo e ilusión, pero hay que contar con ello y, si pasa, pues probar al siguiente año. La oposición es para gente cabezona, valiente y constante”, apostilla.

Marta, a las puertas de la Delegación de Hacienda en Gerona, su destino al conseguir plaza como en el cuerpo de técnico auditor del Estado

“Siempre he admirado a los que pueden desconectar cuando apagan el flexo” 

 Marta ya respira aliviada. Consiguió su plaza y ahora su vida transcurre en Gerona.  Después de todo el esfuerzo, sonríe, pero admite que está aquí “de rebote”. Ella es licenciada en LADE y, durante un año, buscó trabajo en firmas de auditoría y consultorías privadas, pero no lo consiguió, y recurrió al “plan B”: máster u oposición. Hizo lo último. “¡Y qué buena apuesta hice!”, exclama. Ella ya forma parte del Cuerpo Técnico Auditor del Estado. “No trabajo para la Agencia Tributaria. Nuestro objetivo no son los contribuyentes, sino las entidades y organismos que forman parte del Sector Público”, nos explica.

Aún recuerda el momento en el que vio que había conseguido su plaza. “Lloré y abracé a mi hermana sin consuelo. La pobre no sabía si lloraba por haber aprobado o suspendido”, recuerda. Y es que, detrás de esas lágrimas, habían pasado tres años de sacrificio y de objetivos marcados, en los que Marta conoció sus límites y capacidades. “Soy una persona organizada, responsable, constante, ambiciosa y competitiva, así como nerviosa, negativa y un poco impaciente. Ese cóctel aderezado con presión es tremendo. Con todo, a toro pasado, vuelvo a ser como era, pero quizás mucha más agradecida y más orgullosa de mí misma”, responde. Y lanza un consejo a futuros opositores. “Elegir una oposición ‘asequible’, contar con un buen temario o preparador y, en tercer lugar, no dudar, no pensar, ser constante, organizarse, sacrificarse y buscarle lo bonito a lo que haces”.

 

Javier ha conseguido plaza en Granada como Policía Local

“Pasar ocho horas solo delante de los libros te hace ser un poco más solitario”

“Tío, ¿no te cansas? ¡Si no has aprobado ya, no lo vas hacer!”, le dijeron varias veces a Javier, pero entre sus planes no estaba darle la razón a esta persona, y desde hace unos meses es agente de la Policía Local de Granada, un sueño cumplido. “Voy con una sonrisa y con muchas ganas a trabajar, y eso intento reflejarlo en mi cometido. Intento aprender cada día algo nuevo y ser lo más justo posible”, responde cuando le preguntamos cómo se ve la vida ahora con el uniforme puesto.

Después de cuatro años y medio, Javier está donde quiso estar desde el principio: dentro de la Policía Local en algún punto de Andalucía. Lo ha conseguido y encima en su Granada. Allá por 2008 estuvo tres años y medio estudiando ‘a hierro’ para acceder a alguna de estas plazas, pero decidió hacer una pausa y complementar sus estudios. De este modo, se graduó en Derecho, mientras mejoraba el plan económico municipal de los respectivos ayuntamientos y empezaban a salir más oposiciones. “Mi paso por la Universidad me cambió la perspectiva y decidí prepararme a nivel estatal para la escala ejecutiva de Policía Nacional, pero sin olvidar las pruebas para Policía Local en Málaga y Granada.

A los meses salieron en Granada. Concretamente cuatro plazas. Javier se hizo con una. “Fue una sensación de plenitud y paz”, expresa este joven granadino de 29 años que ha pisado más de quince municipios para las fases de selección entre unas pruebas y otras.

“Pasar ocho horas solo delante de los libros te hace ser un poco más solitario”, expresa Javi, y lanza un consejo a los opositores: “que inviertan todo el tiempo que pueda, que se hagan un horario y lo cumplan, que pregunten dudas y que, ante todo, no miren a quiénes tengan al lado, sino a ellos mismos”.

TIEMPO INVERTIDO, PERO TAMBIÉN DINERO

Lanzarse a una oposición sin un respaldo económico para costear material, cursos, academias, preparadores, viajes, etc. es casi imposible. Miguel, por ejemplo, lleva invertidos alrededor de 5.000 euros en tres años; Javi se ha dejado unos 6.000 euros; Marta, casi 8.000 euros; Elena, por su parte, alrededor de 2.000 euros; y, Cristina, unos 2.500 euros.

Sin duda, una oposición conlleva una inversión de tiempo y dinero, un sacrificio en tu calidad de vida y una merma de las relaciones personales. Un reto por algo que a veces se consigue a la primera o que te puede llevar años, pero, sin duda, una sensación que solo los que los experimentan pueden describirla.


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