Jueves, 13 de Diciembre de 2018

            

Un Belén en pleno mes de agosto para Huétor Tájar

El municipio granadino ha dado comienzo a la instalación de uno de los belenes con más renombre de toda España

Instalación del belén | Foto: E.P.
Nacho Santana | @NachoSantana_27


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El simple nombre del Belén ya evoca la Navidad. La estampa del nacimiento viene siempre acompañada de árboles con luces de colores, adornos brillantes, villancicos y mantecados, pero ese no es el caso en Huétor Tájar. El municipio hueteño destaca desde hace años por tener uno de los belenes más atractivos de España, tanto por su propuesta como por el tamaño del que goza, en torno a los cien metros cuadrados. Este año, los preparativos para que el público pueda volver a disftutarlo en diciembre han comenzado ya, iniciando el montaje del belén en pleno mes de agosto.

Mayka Gómez, la máxima responsable de este proyecto desde que impulsase su nacimiento en 2008, reconoce que la idea se inició “de forma casual”. Una década después, ya es un referente que atrae a la localidad a gente de distintas partes del país. “Cada año ha intentado captar la atención de las personas que lo visitan por ser un poco diferente“, reconoce Mayka, que repasa su historia al afirmar que “en su día fue representación del pueblo, poco a poco evolucionó y fue representando rinconcitos de los pueblos vecinos, de ahí fuimos a Granada, luego a Andalucía y ahora a España”.

Precisamente ahí reside la fortaleza de esta obra. El belén monumental de Huétor Tájar combina la esencia tradicional que todo nacimiento tiene, pero añadiendo lugares “bastante representativos” del país. Esta representación ha llevado a gente de toda España al pueblo granadino para ver la representación de su lugar natal, aunque también entraña una dificultad añadida.

Mantener la esencia a pesar del progreso

La principal lucha a la hora de hacer un proyecto así no es otra que la de mantener la esencia. “Intentamos evitar que se vuelva un conjunto de maquetas”, asegura Mayka, que defiende que “el belén sigue el orden cronológico de cada belén”, aunque “cada una de las escenas es un rinconcito de España”.

Pese a lo brillante de la idea, también requiere un hilo conductor capaz de enlazar cada escena con la anterior y la posterior. “Ahí es donde más sufrimos”, reconoce la impulsora del proyecto, sabedora de la dificultad de “cambiar de una escena a otra dándole continuidad al Belén y haciendo que paisajísticamente sea razonable”.

Sin embargo, el sufrimiento no se evita cada año, pues el Belén “cada año nace y muere en la sala, se construye y se destruye”. En los últimos años, explica Mayka, se están comenzando a hacer excepciones “como en las fallas”, indultando algunas piezas con la idea de hacer en el futuro un museo del belén de Huétor Tájar en el que se expongan, aprovechando así el calado a nivel nacional que ha logrado la obra.

La fama y el éxito, presión añadida

No todo es tan idílico como parece. El reconocimiento a nivel nacional trae a gente al municipio solo para ver el belén, lo que termina por marcar un listón “que quieres superar o al menos igualar” año a año, indica Mayka, consciente de la dificultad de “superarnos a nosotros mismos sin ser artesanos”, pues defiende que los participantes en el proyecto son “amantes de nuestro pueblo y del mundo del belén”. 

Precisamente este mundo en el que ahora brillan con luz propia era su gran desconocido cuando comenzó el proyecto, “uno es electricista, otro técnico de cultura y el resto son voluntarios”, indica Gómez sobre sus compañeros a la hora de sacar adelante el belén cada año. Además, la destrucción del belén cada año no ayuda, pues confiesa que “cuando dejas el lienzo otra vez en blanco dices: ay Dios mío, ¿ahora qué hacemos este año?”.

El orgullo de ver crecer el proyecto

Pese a los quebraderos de cabeza y el inestimable trabajo que conlleva sacar adelante cada año el Belén, Mayka se muestra orgullosa al ver la evolución. “Soy un granito de arena del mundo, esto es un pueblecito pequeño y en un mes vienen 25.000 personas a inundar el pueblo buscando ver el belén”, afirma, consciente de que su obra (y la de sus compañeros de la Casa de la Cultura) supone un gran impulso para el turismo de Huétor Tájar, cuyo Ayuntamiento “ha hecho una inversión en tener una oferta que haga que la visita no sea ver el belén e irse, queremos que vean nuestro pueblo y que sea una forma de hacer turismo municipal”.

A nivel personal, Mayka Gómez reconoce que “cuando empiezo a mirar para atrás siempre digo: ¿y esto lo he hecho yo?”, con el orgullo en sus palabras de alguien que ha acompañado un proyecto durante diez años y que ahora lo ve triunfar. “Todo esto es por algo que yo tuve en mente una vez y verlo ahora hecho realidad y que sea algo tan importante…”, inicia antes de bromear entre risas con que “me tienen que poner una calle, me la he ganado, le han puesto una calle a Rafa Nadal, que no sabe ni que existe Huétor Tájar, y no le ponen una calle a los artesanos del belén”.

“Es un orgullo”, destaca ya dejando las bromas a un lado, “eres un vecino más que le has puesto mucha ilusión y tantas horas, ver que da fruto y que es tan positivo para el pueblo te hace sentir orgulloso, a todo el equipo que somos, nuestras familias y nuestros amigos”. “Últimamente los hueteños hacen bandera de su belén”, presume consciente de lo logrado.

El nacimiento y trabajo incansable

Este proyecto nació como “algo casual”. Una empresa era la encargada de hacer un belén institucional cada año para el Ayuntamiento, “pero no lo visitaba mucha gente”, indica Mayka. Llegados a este punto, solicitaron al concejal “utilizar el dinero para hacer un belén más cercano”, que terminaría por convertirse en un referente a nivel español.

“Dijeron que quién iba a hacer el belén y dije: buah, el belén, si a esto le ponemos el riachuelo de papel de plata y las ovejillas de plástico… esto tenemos que saber hacerlo”, recuerda Mayka entre risas, “nos tiramos al barro los trabajadores de la Casa de la Cultura”. La idea acabó por gustar y comenzó a crecer hasta el punto de que impartiesen un curso “en el que compartí lo que había ido aprendiendo de ver tutoriales y probar técnicas”. Fue entonces cuando nació un “pequeño grupo de artesanos aficionados” que hoy son los que dan vida al nacimiento.

Sin embargo, un proyecto tan ambicioso como este, que cuenta con más de cien metros cuadrados y 500 figuras, de las cuales 150 tienen movimiento, implica un gran número de horas de trabajo. La preparación, según explica Mayka, implica un periodo de medio año con trabajos que se intensifican en octubre, momento en el que se establecen tres turnos para trabajar sin descanso en el belén: mañanas, tardes y madrugadas.

Aunque puede sonar exagerado, cabe recalcar que cada pieza está hecha a mano, por lo que supone una gran inversión de tiempo. “Para hacer una simple macetilla, desde que coges el barro, lo preparas, haces la maceta, la pintas, la barnizas, le pones las florecillas… puedes echar media mañana“, comenta Mayka, “como es todo hecho a mano, es laborioso”.

Sin embargo, gracias al trabajo incansable de este grupo de voluntarios, el Belén monumental de Huétor Tájar abrirá el 1 de diciembre y permanecerá disponible hasta después de Reyes. El enclave en el que se podrá visitar este proyecto, cuya entrada es gratuita, es la Casa de la Cultura, en la Plaza Gregorio Peláez.


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