Jueves, 14 Diciembre, 2017

            

Goles para mitigar el exilio | Galería

Cada lunes, jóvenes refugiados que viven en Granada comparten unas horas de fútbol sobre el césped | Con estos encuentros deportivos, consiguen relacionarse con otros colectivos y evadirse, por momentos, de su situación

Un momento del partido entre jóvenes refugiados de Granada y un equipo de periodistas y fotógrafos de la ciudad | Imágenes: Ángela Gómez
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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Desde hace un par de meses, los lunes por la noche se han convertido en una vía de escape para medio centenar de jóvenes refugiados que residen en Granada.

A las nueve de la noche, varios chicos procedentes de Ucrania, Colombia, Venezuela, Pakistán, Afganistán, Siria, Palestina, Jordania, Guinea, Argelia, entre otros países, se atan los cordones de sus botas y saltan al césped de césped del Paquillo Fernández para olvidarse, por dos horas, de su pasado y de cómo les tratará el futuro.

Alberto, el entrenador, divide a los jóvenes por equipos

“Cada uno tiene una historia muy dramática”, nos comenta, tras las redes de protección del campo, Mariam Roncero, la presidenta de la Asociación Dar Al Anwar. La mayoría de ellos tuvieron que huir de sus hogares, asediados por una guerra que parece no tener final, por estar amenazados de muerte o por la situación política insostenible de sus países de origen. La lista de motivos es larga, y nada halagüeña. “Nadie se marcha por gusto”, apostilla Miriam.

En sus espaldas cargan el peso de haber dejado atrás a buena parte de su familia, sino toda, y con la incertidumbre de qué pasará con ellos cuando Cruz Roja deje de prestarles ayuda.

Bajo el manto de esta organización, más de 80 refugiados viven en el Albergue InturJoven, ubicado muy cerca del Estadio de la Juventud. Allí pueden estar durante seis meses. Después, Cruz Roja les ayuda a buscar un piso donde empezar desde cero. Mientras, reciben clases de español y, esporádicamente, cursos de formación. “Luego tienen que empezar a funcionar solos, y es algo que les inquieta porque, hoy por hoy, ven complicado conseguir un trabajo en Granada. Están algo desanimados”, confiesa Miram, mientras, por el rabillo del ojo, les vemos disfrutar dando toques al balón, empapados en sudor. “Su sueño es ser futbolista profesional”, nos dice Miriam, y señala a uno de los jóvenes que descansa en el área de juego.

Un instante del partido

El pasado lunes, por primera vez, estos jóvenes jugaron con un equipo ‘extranjero’: varios periodistas y fotógrafos de la ciudad. Y esa es la tónica que se quiere seguir a partir de ahora; que cada lunes, el fútbol se convierta en la herramienta integradora que muchas veces deja de ser.

Ronald, un joven colombiano, está encantado con la idea. “Esto hace que liberemos la tensión que tenemos. Nos viene muy bien”, manifiesta este chico que tuvo que emigrar de Colombia, junto a su tía, “por problemas muy serios” de los que prefiere no hablar. “Quiero empezar desde cero y traer a mi familia que lo está pasando realmente mal allá, pero aún no cuento con los recursos económicos para hacerlo, así que me toca ser paciente”, añade Ronald, mientras seca el sudor de su frente para volver al campo.

El Ayuntamiento de Granada, gracias a las reuniones que mantienen con varias asociaciones, entre ellas Dar Al Anwar, les ha cedido, de forma gratuita, este campo de fútbol del Polideportivo Paquillo Fernández y, a partir de agosto, otro césped en otro polideportivo de la Chana.

Estos chicos cuentan su propio míster, Alberto. “No ha sido fácil organizar a los jóvenes en equipos porque, además de ser muchos chicos, no todos tienen el mismo nivel”, nos explica Miriam.

Los jugadores se saludan al final del partido

Muhammad prefiere no jugar, pero ha asistido para entretenerse un rato viendo a sus compañeros. Hace cuatro años, tuvo que hui  de la guerra en Siria, el país que le vio nacer y marcharse, y al que no quiere volver, nos confiesa en un rato de charla sobre el césped. Como cientos de miles de personas, Muhammad acabó en un campo de refugiados de Grecia. La vida, o esa huida del hambre y la miseria, le ha traído ahora a Granada. Nos confiesa que no le gusta mucho España, pero que lo único que quiere es estudiar y trabajar. De hecho, el joven está cursando 4º de ESO. “Mi meta es ser modelo y traductor”, nos responde cuando le preguntamos qué espera del futuro.

En el campo sigue el juego. El entrenador ha decidido hacer equipos mixtos. Los periodistas tocan algo el balón, pero les ‘dejan’ la posesión del balón a sus compañeros, que se desviven en el campo. Llega el final del partido, y nadie se acuerda del marcador. A diferencia de otros partidos, el resultado, en número, no es importante; el resultado, en sensaciones, sí que lo es.

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