Miércoles, 29 Marzo, 2017

El Vía Crucis nos hace cristianos

El cortejo inició el acto puntualmente a las 19,00 horas desde la Iglesia de San Emilio, saliendo por la puerta trasera de la misma situada en la calle Maestro Lecuona

Fran Yeste y Davinia Grande


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Como cada año, este viernes primero de Cuaresma, ha tenido lugar el Vía Crucis oficial organizado por la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada. En ésta ocasión la imagen elegida ha sido la de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, dado que es el 25 aniversario de la bendición de esta talla.

El cortejo inició el acto puntualmente a las 19,00 horas desde la Iglesia de San Emilio, saliendo por la puerta trasera de la misma situada en la calle Maestro Lecuona. Al acto acudían representaciones de todas las hermandades de Granada, con la participación de miembros de la Junta de Gobierno de cada una de ellas.

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Portada por catorce horquilleros y con música de capilla, la imagen de Ramos Corona, recorría las calles de la ciudad hasta la Santa Iglesia Catedral Metropolitana. El itinerario elegido para llegar a la misma ha sido desde la Iglesia Parroquial de San Emilio por la calle Maestro Lecuona, Pintor Zuloaga, Conde Cifuentes, Mulhacén, San José Baja, Frailes, San Antón, Alhóndiga, Jáudenes, Marqués de Gerona, Plaza de las Pasiegas, Santa Iglesia Catedral a la que ha llegado a las 20,50 horas.

Una vez en la Catedral se han leído las catorce estaciones del Vía Crucis por Juan Gutiérrez Lorenzo, Deán de la S. I. Catedral Metropolitana, realizando un pequeño recorrido por el interior de la misma:

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Primera Estación: La última Cena. Con palabras del Evangelio, invita a amarnos los unos a los otros sin discriminación ninguna sabiendo que, el día de mañana, todos nos sentaremos con Dios en la misma mesa.

Segunda Estación: El beso de Judas. En la que nos muestra el camino de Jesús al sentir el frío de la traición, o el terrible sufrimiento que provoca la división entre hermanos o la lucha fratricida.

Tercera Estación: Negaciones de San Pedro. La mayor injusticia es condenar a un inocente indefenso, y eso es lo que hizo Jesús. Su silencio lleva a la salvación de los pecados de la humanidad.

Cuarta Estación: Jesús es sentenciado a muerte. El Señor ha puesto su mirada en los que se avergüenzan o se acobardan de su fe. Muestra el ejemplo de San Pedro, que llora amargamente por su traición al negar conocer a Jesús.

Quinta Estación: Jesús cargando con la Cruz. Cruz no es un madero, sino todo lo que nos dificulta la vida. El Señor muere para reconciliar a los hombres con Dios. Por ello la cruz no nos salva por sí sola, lo hace el Crucificado.

Sexta Estación: Jesús cae bajo el peso de la Cruz. Jesús sufre el ridículo y la humillación de los que les rodean al caer rendido por portar la Cruz. Nadie lo ayuda. Sin embargo, él será el apoyo de los pecadores y dependientes.

Séptima Estación: El Cirineo ayuda al Señor a llevar la Cruz. Simón es obligado a ayudar a Jesús a transportar la cruz por miedo a que éste muera en el camino. Mientras lo hace, logra comprender a Jesús y comparte sus sufrimientos.

Octava Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús. Sólo una de las mujeres que lloraban tras el Señor se acerca a limpiarlo con su velo. Por su valentía Jesús deja impresas sus faciones en el paño de la Verónica.

Novena Estación: Jesús es Despojado de sus Vestiduras. El Señor aguanta la humillación y el desprecio de ser desnudado delante de la muchedumbre. Nos recuerda que los vestidos no sólo cubren el cuerpo, también la dignidad e intimidad.

Décima Estación: Jesús es clavado en la Cruz. Jesús clavado en la Cruz acoge el sufrimiento de todos los que viven clavados en situaciones dolorosas. El Cordero que quita el pecado del mundo se hace pecado y paga por los pecados de los demás.

Décimo primera Estación: Jesús muere en la Cruz. Un soldado atravesó al Señor con una lanza para asegurarse que estaba muerto, y así poder disfrutar de las fiestas de Pascua sin tener que vigilar a los crucificados.

Décimo segunda Estación: El descendimiento. José de Arimatea y Nicodemo pidieron a Pilatos el cuerpo de Señor para colocarlo en un sepulcro, aliviando las amarguras y penas de la Virgen María.

Décimo tercera Estación: Jesús en brazos de su madre. No hay mayor dolor que una madre tenga entre sus brazos el cuerpo de su hijo destrozado.

Décimo cuarta Estación: Jesús es puesto en el Sepulcro. El Señor es enterrado y lapidado.

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Para el regreso, el itinerario seguido ha sido desde la Santa Iglesia Catedral, Plaza de las Pasiegas, Marqués de Gerona, Mesones, Puerta Real de España, Recogidas, San Antón, Nueva de San Antón, Aben Humeya, Marqués de Mondejar, Pintor Zuloaga, Maestro Lecuona, y a su Templo.

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