Lunes, 23 enero, 2017

El síndrome de clase turista afecta más a las personas con antecedentes cardíacos o sobrepeso

El síndrome de la clase turista tiene lugar cuando se produce un coágulo al concentrarse la sangre en las venas de las piernas y dificultar su retorno al corazón. Ocurre cuando se permanece inmóvil en un lugar pequeño y con limitaciones de movimiento durante un período prolongado

Foto: E.P.


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Las personas con antecedentes cardiacos, hipertensión, sobrepeso o que consumen ciertos fármacos tienen más probabilidades de sufrir el síndrome de la clase turista, según ha explicado el secretario general de la Fundación Española del Corazón (FEC) y vicesecretario de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), el doctor Ignacio Fernández.

Fernández ha explicado que “es poco habitual en personas que no padecen factores de riesgo. Sin embargo, hay más probabilidades de sufrirlo en el caso de individuos con sobrepeso, hipertensión, antecedentes cardiacos, que se tratan con estrógenos o anticonceptivos orales, que presentan una edad avanzada, padecen enfermedades de coagulación o han sido operados recientemente, además de los fumadores o los que consumen mucho alcohol”.

El síndrome de clase turista se puede dar en cualquier medio de transporte, pero es más probable que suceda durante un viaje en avión debido a la disminución de la presión y la baja humedad en el ambiente. Para evitarlo, es recomendable sentarse cerca del pasillo, para tener mayor movilidad, levantarse y pasearse una vez cada hora, hacer ejercicios de contracción y estiramiento con los pies, piernas, manos y cuello, no cruzar las piernas, no llevar prendas ajustadas e incrementar el consumo de agua. Además, en el caso de las personas con alto riesgo, es necesario que utilicen medias o calcetines compresores y que tomen una pastilla de ácido acetilsalicílico antes, durante y después del viaje.

Esta patología se identifica con el verano y la época de vacaciones, aunque no es el único problema que puede afectar a la salud del corazón. “El verano supone un cambio radical de costumbres que comporta algunas amenazas para la salud, como la posibilidad de sufrir síndrome de la clase turista, un déficit en nuestra hidratación o cambios en nuestra alimentación”, ha señalado Fernández.

UNA BUENA HIDRATACIÓN Y ALIMENTACIÓN

Una buena hidratación conlleva beneficios para la salud en general y especialmente para la cardiovascular, por lo que el doctor Fernández ha recomendado el consumo de agua ya que “el cuerpo pierde entre dos y tres litros de líquido al día, cantidad que se puede incrementar si aumenta la temperatura ambiente”. Las personas mayores, además, tienen que prestar especial atención al consumo de agua porque sufren una disminución en su estímulo de la sed y pueden deshidratarse.

Durante el verano se pueden comprar productos de temporada que permiten preparar platos cardiosaludables de gran calidad. Fernández propone recetas como la parrillada de verduras con calabacín, espárragos trigueros, berenjena y tomates, el gazpacho y la parillada de pescado azul, pescado como sardinas, boquerones y bonito y frutas como la sandía, el melón, el melocotón y el albaricoque.

Si se come fuera de casa, es preferible acudir a restaurantes con platos saludables, evitar los fritos y pedir platos cocinados al vapor, a la parrilla o a la plancha. También hay que tener cuidado con los alimentos ricos en sal, por lo que el doctor Fernández ha recomendado pedir los platos sin sal y añadirla después al gusto.

El alcohol no es una buena opción para cuidar la salud cardiovascular, ya que una ingesta brusca y excesiva puede provocar el síndrome de corazón, una arritmia supraventricular que se da generalmente en las aurículas y que se presenta en personas jóvenes, sanas y sin un historial previo de arritmias. Suele tener lugar al consumir grasas, dulces y alcohol en un corto período de tiempo.

HACER EJERCICIO Y DESCANSAR

El doctor Fernández ha recomendado realizar deporte también durante el verano. Un paseo durante una hora es suficiente, aunque se debe realizar a primera hora de la mañana o a partir de las seis de la tarde, cuando las radiaciones solares son menores. “Si se ajustan los horarios y se protegen del sol, nada impide mantenerse activos en verano”, ha afirmado.

Tan importante es realizar ejercicio como descansar, por lo que se recomienda dormir un rato, nunca más de 30 minutos, justo después de comer. De esta forma, el cuerpo se relaja y se reduce la presión arterial y el estrés, uno de los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares.

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