El lado feminista de Santa Teresa de Jesús

¡Mejor será que hilen!

Esta semana, durante una mesa redonda destinada a debatir el papel de la mujer en la literatura universal, tuve ocasión de referirme a una autora que me viene fascinando desde años atrás: Santa Teresa de Jesús y, en concreto, a su obra estrella: Camino de Perfección. Pero que nadie se asuste porque esto no va de curas: no me gusta la religión católica ni yo le gusto a ella, naturalmente, pues hago grandísimos esfuerzos por ser una pecadora en toda regla y no comportarme como lo hacen los cristianos. Mi postura con respecto a la religión católica es la de Gandhi: “no sé de nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús. De hecho, no hay nada malo en el cristianismo. El problema está en ustedes, los cristianos, que no viven en conformidad con lo que enseñan” (yo añadiría “el problema está en ustedes, los cristianos y la iglesia…”) y así nos entendemos todos. Recuerdo a los lectores que concibo las mayúsculas iniciales como un lujo que no se merece cualquier palabra.

La imagen que se tiene de Santa Teresa está muy tergiversada, principalmente por la iglesia y su prodigiosa Inquisición, que desvalijó la biblioteca que la Santa tenía en el monasterio de la Encarnación en 1559 al publicarse el índice de libros prohibidos del inquisidor Fernando de Valdés. No piensen en ella como la típica monja ni como una correcta señorita que agachaba la cabeza ante los curas, pues Santa Teresa fue una feminista en toda regla, quizás la primera mujer feminista de la iglesia católica. Si bien es cierto que, como decía antes, no me interesa esta religión, tampoco me interesa el mundo de la pederastia y ello no hace que el Lolita de Vladimir Nabokov deje de ser una obra maestra, por ejemplo. Por esta razón, rogaría a los detractores de la iglesia que hagan el esfuerzo para separar la ideología de la Santa de su producción literaria y acción social.

La fundadora de las carmelitas descalzas fue toda una activista en lo relativo a los derechos de la mujer, principalmente en el mundo eclesiástico. ‘Nos tienen acorraladas’, decía ‘y no son tiempos de desechar ánimos fuertes, aunque sean de mujeres’. Santa Teresa vivió en una época en la que la mujer era invisible en la sociedad civil y en la iglesia, asunto que, afortunadamente, ha cambiado en el primer ámbito, pero no en el segundo. Ella fue una mujer libre, independiente y con una garra espectacular a la hora de emprender reformas. Para ser oída, en su obra Camino de Perfección (por favor, lean esta proclama feminista si tienen oportunidad porque es demoledora) criticó fieramente a los inquisidores por prohibir libros y, a la vez, a los curas por permitirlo, refiriéndose a estos últimos como ‘falsos profetas’ y ‘medios letrados’. Dijo que ‘no son tiempos de creer a todos, sino a los que vierais van conforme a la vida de Cristo (…)’ y pide a sus hermanas que ‘no hagan caso de la opinión del vulgo’ (se refiere aquí a los sacerdotes). Santa Teresa pide a las monjas que sean ‘independientes, autónomas, y que intervengan activamente en la elaboración de sus leyes’. Decía la Santa que ‘en nuestras cosas no hay que dar parte a los frailes’ a los que acusa de ‘malos cristianos’ y ‘negros devotos que destruyen los conventos femeninos por prohibir libros a las mujeres’. Siempre defendió su dignidad como mujer. Se cuenta una anécdota que seguro que a todo el mundo le resulta familiar, porque pasan los años (pasan más de 500 años) y los comentarios machistas también pasan con ellos. Se dice que un albañil le gritó en una ocasión ‘¡Qué lástima, una mujer tan guapa y que sea monja!’ a lo que ella respondió ‘A ti te da igual, porque nunca me hubiera casado contigo’.

Si algo me gusta de la época en que vivimos es que estamos comenzando a saber (aunque muy poco a poco) qué ha sucedido en la historia; están empezando a salir a la luz las verdades que nunca se nos contaron. Considero de justicia, por esta razón, porque todos hemos de contribuir a ello, recordar a esta mujer, que antes que santa (muchísimo antes) fue mujer, como una auténtica feminista que vivió en uno de los mayores contextos androcéntricos y patriarcales que ha conocido el mundo (me refiero a su época y, en concreto, a la iglesia católica). Tengamos muy presente el proyecto de reivindicación feminista que llevó a cabo y animémonos a leer sus obras, las cuales, les aseguro, no les van a dejar indiferentes.