Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

El 63% de la población tiene una alimentación adecuada pero baja actividad física, según un estudio

Se observa una proporción significativamente mayor de mujeres (58,5%) y una alta proporción de personas con un nivel educativo bajo

Comer fruta es saludable | Foto: Pixabay
E.P.


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El 63,3 por ciento de la población tiene una alimentación adecuada pero baja actividad física, aunque a su favor hay que destacar que no llevan una vida sedentaria, mientras que un 23,6 por ciento muestra tener una alimentación inadecuada, baja actividad física y un estilo de vida sedentario, según muestra un nuevo estudio coordinado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN).

Finalmente, un 13 por ciento de la población mantiene una alimentación mixta, es físicamente activo y lleva estilo de vida poco sedentario’, según los datos del estudio ‘ANIBES’, publicado en ‘Nutrients’, que tiene por objeto la identificación de patrones alimentarios en la población adulta española y determinar su ingesta de macro y micronutrientes junto al gasto de energía realizado, así como describir las relaciones entre factores sociodemográficos y los diferentes modelos de estilos de vida.

Para llegar ha estas conclusiones se han identificado cuatro patrones alimentarios: el Patrón ‘tradicional’, el Patrón ‘mediterráneo’, el Patrón ‘aperitivos’ y el Patrón ‘lácteos y alimentos azucarados’. Los dos primeros fueron los más comunes entre las personas con un mayor nivel educativo, frente a los otros dos patrones.

Asimismo, explica el presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), el doctor Javier Aranceta-Bartrina, “los patrones ‘mediterráneo’ y ‘tradicional’ engloban a un número significativamente mayor de adultos de edad más avanzada (50-64 años), en cambio, el patrón de ‘lácteos y alimentos azucarados’ incluye una mayor proporción de adultos jóvenes (18-30 años)”.

En lo que se refiere a diferencias por sexo, añade, “se encontró un mayor número de hombres en el patrón ‘aperitivos’ mientras que los patrones ‘mediterráneo’ y ‘lácteos y alimentos azucarados’ tuvieron una presencia mayor de mujeres, ajustando por edad e ingesta de energía”.

ESTILOS DE VIDA

Una vez establecidos estos patrones, se analizaron junto con los minutos por semana dedicados a realizar actividad física vigorosa o moderada, a caminar o montar en bicicleta, al tiempo dedicado a actividades consideradas como sedentarias, la duración del sueño y la existencia o no de hábito tabáquico, este nuevo trabajo del estudio científico ANIBES identificó tres patrones de estilo de vida.

Según explica la doctora Carmen Pérez Rodrigo, presidenta de la SENC, en el patrón alimentación mixta, activo y poco sedentarios se observa una mayor proporción de población masculina (71,9% de hombres frente al 28,1% de mujeres) asimismo en el que el grupo de edad de 50 a 64 años tiene una representación significativamente baja.

“En lo que se refiere a la ingesta de alimentos y bebidas, este patrón se caracteriza por un mayor consumo de frutas, pasta, aceite de oliva, agua y bebidas alcohólicas”, añade.

Por el contrario, en el grupo más mayoritario (Patrón alimentación adecuada – baja actividad física – estilo de vida poco sedentario), se observa una proporción significativamente mayor de mujeres (58,5%) y una alta proporción de personas con un nivel educativo bajo.

Mientras que en el patrón alimentación no adecuada una proporción mayor de adultos jóvenes, con edades comprendidas entre 18 y 30 años. Además, las personas incluidas en este patrón realizaban un mayor consumo de leche, bollería y pastelería, azúcar y dulces.

“Los hombres consumieron más precocinados y bebidas de alto contenido alcohólico, mientras que las mujeres realizaron un consumo significativamente mayor de bocadillos salados, zumos y néctares y refrescos con azúcar”, afirma el doctor Aranceta-Bartrina, que ha sido el investigador principal en este trabajo de investigación.

Para Aranceta-Bartrina, “los hallazgos de este estudio subrayan la importancia de diseñar e implementar intervenciones que aborden múltiples hábitos de riesgo para la salud, considerando los patrones de estilo de vida, la agrupación de comportamientos de riesgo y los determinantes asociados”.

Además, añade, “tal y como se ha comentado en este trabajo, cada individuo puede tener varios comportamientos poco saludables dentro de su estilo de vida, cuya combinación podría favorecer el aumento de peso. De la misma forma, hay que tener en cuenta que las personas también puede tener una combinación de prácticas tanto saludables como no saludables”.

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