Viernes, 21 Julio, 2017

            

Condenado a siete años y medio de cárcel por intentar matar a su mujer con un cuchillo de cocina

Los magistrados le atribuyen un delito de asesinato en grado de tentativa con la circunstancia agravante de parentesco y otro delito de amenazas leves de género, por los que se le impone además la prohibición de acercarse a menos de 500 metros de su víctima por un periodo de doce años, dos años de privación del derecho a la tenencia y porte de armas y el pago de una indemnización de 14.000 euros para su mujer



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La Audiencia de Granada ha condenado a siete años y medio de prisión al hombre acusado de intentar asesinar a su esposa con un cuchillo de cocina grandes dimensiones después de que ella, que había sufrido varios episodios de maltrato, lo denunciara tras marcharse del domicilio conyugal, situado en Atarfe (Granada), con sus dos hijos en común.

Los magistrados le atribuyen un delito de asesinato en grado de tentativa con la circunstancia agravante de parentesco y otro delito de amenazas leves de género, por los que se le impone además la prohibición de acercarse a menos de 500 metros de su víctima por un periodo de doce años, dos años de privación del derecho a la tenencia y porte de armas y el pago de una indemnización de 14.000 euros para su mujer.

Según consta en la sentencia dictada por la Sección Segunda, a la que ha tenido acceso Europa Press, la pareja había iniciado su relación sentimental en el año 2004, y contrajo matrimonio en junio de 2011. El matrimonio, con dos hijos menores en común, comenzó a deteriorarse “de modo ostensible” un año después de la boda, y el 4 de agosto de 2012 la esposa denunció al marido, pero ella decidió retirar su acusación y no se abrió ningún procedimiento penal.

Sin embargo, en el mes de mayo de 2013 las relaciones entre los esposos “eran ya pésimas”. Según consideran probado los jueves, el acusado daba muestras de una “celotipia incontenible” que se traducía en “constantes advertencias a su esposa sobre las posibles consecuencias que acarrearía su anunciada separación”.

En las discusiones que mantenía con ella le decía que “su vida no iba a ser un camino de rosas”, “que como le pusiera la mano encima ya no se levantaría más”, “que por las malas podía hacerle mucho daño”, o que “un tsunami no era nada para lo que podía pasar”, conversaciones que la mujer llegó a grabar en una ocasión.

El sábado 25 de mayo de 2013 la mujer se desplazó con sus hijos al domicilio de sus padres en Moraleda de Zafayona, buscando la compañía de estos y sobre las 5,30 horas del domingo día 26 el acusado se presentó allí, tocó el timbre hasta que le fue abierta la puerta y recorrió la casa de arriba abajo “registrando y buscando no se sabe qué” con el “único propósito de comprobar si la mujer estaba en su dormitorio como así era en efecto”.

Con las luces del día se marchó, pero este hecho determinó que la mujer, acompañada por su padre, formulara una denuncia ante la Guardia Civil de Atarfe la mañana del lunes 27 de mayo en la que resumía todo lo que estaba sucediendo y narraba también cómo el denunciado le había quitado su teléfono móvil para indagar con quién se relacionaba y había llegado amenazar a un amigo suyo con el que conversaba a través de Internet.

Sobre el mediodía la mujer y su padre acudieron al domicilio de Atarfe para recoger unas cosas confiando en que el procesado no estuviera allí, pero sí estaba y “los obligó abandonar la casa”. Entonces llamaron a la Guardia Civil, que acudió de inmediato, y se llevó conducido el acusado.

La mujer dio por supuesto que el marido había quedado detenido y se fue a su trabajo mientras que su padre regresaba a Moraleda para recoger a su mujer y a sus nietos con los que volvió a aparecer por la tarde.

Sobre las 22,45 horas de ese mismo día 27 de mayo, la mujer regresó del trabajo a su domicilio en Atarfe, dejó estacionado su vehículo y se dispuso a entrar en la casa. Pero, en ese mismo momento, el encausado, “que se encontraba agazapado tras un vehículo provisto de un cuchillo de cocina con una hoja de 19 centímetros de longitud”, la abordó por detrás y le lanzó dos golpes de cuchillo al tiempo que la arrojaba al suelo y se colocaba sobre ella “para seguir apuñalándola”.

La mujer, que logró revolverse y empujar al procesado con las piernas para apartarlo de sí, pudo de ese modo incorporarse, pero el marido le lanzó aún tres golpes más mientras intentaba liberarse de él “escabulléndose entre los coches allí estacionados”.

Su padre, “que estaba al acecho”, percibió desde la casa que algo raro estaba sucediendo y salió a la calle, momento en el cual el inculpado vaciló sobre a quién acometer y como uno de los vecinos que presenció estos hechos comenzó a increpar al acusado y ootros vecinos más comenzaran asomarse a la calle alertados por las voces, el hombre optó por huir. Se ocultó en una calle paralela en el jardín de acceso al edificio dejando el cuchillo que aún llevaba consigo semioculto en una papelera próxima.

La esposa, que se había refugiado en la casa del vecino que salió en su ayuda, recibió allí la primera asistencia que le dispensaron sanitarias que vivían en la zona, y seguidamente fue trasladada de urgencia al Hospital de Traumatología de Granada, donde le apreciaron varias heridas incisas en tronco y brazos que sin embargo no revistieron gravedad al no haber penetrado la cavidad torácica ni la cavidad abdominal, aunque “en otro caso habrían puesto en peligro la vida de la lesionada”, a la que le han quedado como secuelas cicatrices con un perjuicio estético ligero y un trastorno por estrés postraumático.

El examen médico forense y psicosocial practicado al inculpado evidencia en éste un “sentimiento de humillación ante el distanciamiento impuesto por su mujer” y un discurso reiterativo que atribuye a la misma toda la carga negativa de los acontecimientos”. Está presente en él por tanto una ideación de perjuicio achacable a ella, a pesar de lo cual muestra una capacidad intelectiva suficiente para comprender la ilicitud de los hechos y la relevancia y consecuencia de sus actos.

Según se señala en la sentencia, por su parte, el examen psicosocial practicado la mujer muestra que la misma ha padecido una situación de insatisfacción progresiva en la convivencia con su marido, relacionada con las conductas de acecho y control por parte de éste, lo que ha determinado un sentimiento de temor hacia él y su desvinculación emocional.

En el juicio, el 11 de junio, el procesado afirmó que él no tenía intención de matarla sino que sólo quería hacerle unos “cortes” para “darle un susto”, aunque el tribunal considera que “tan dramática escena no se corresponde en modo alguno con el simple propósito de asustar a la ofendida, sino de acometerla hasta la saciedad con un arma letal”, según consta en la resolución, contra la que cabe recurso de casación ante el Tribunal Supremo.

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