El Parque Nacional de Sierra Nevada, el hogar para un centenar de caballos salvajes

Hay censados cien equinos que viven en libertad en plena naturaleza y que están adaptados para estar a casi 3.000 metros de altitud

caballos salvajes sierra nevada - foto julia torres
Un grupo de caballos salvajes en el Parque Nacional de Sierra Nevada | Foto: Julia Torres
María José Ramírez
0

El Parque Nacional de Sierra Nevada es el hogar para un centenar de caballos salvajes que galopan por sus cumbres. En grupos, estos caballos viven en plena naturaleza y a casi 3.000 metros de altitud. No se sabe a ciencia cierta desde cuándo hay caballos ferales en el Parque Nacional de Sierra Nevada, pero se cree que “pueden ser animales que escaparon de sus explotaciones o fueron puestos en libertad, seguramente durante los años de la crisis de 2008 en adelante”, comenta a GranadaDigital el director del Parque Nacional de Sierra Nevada, Francisco Muñoz. “A estos animales se le suman sus descendientes, nacidos en el Parque y sin dueño oficial”, añade.

En la última investigación censal de los caballos ferales o cimarrones en el Parque Nacional de Sierra Nevada, llevada a cabo en el pasado mes de julio mediante rastreo sistemático terrestre y con drones, se ha comprobado que se reparten en grupos en diferentes términos municipales, y que hay seis grupos en total con algún subgrupo. En total hay unos cien caballos, que se encuentran en diferentes zonas: en Nigüelas hay 17; en Dúrcal hay 22; en Dílar-Monachil hay 24; en Güéjar Sierra – Lugros hay 16; en Bayárcal-Nevada-Aldeire-Ferreira hay 15 y en Huéneja hay seis.

Los caballos ferales se mueven por Sierra Nevada “buscando pastos, ya sean prados o borreguiles de media montaña y pernoctan en zonas resguardadas del frío en invierno y del calor en verano, en especial, en los pinares del Parque”. “En diversas épocas se les ha visto en las zonas urbanas”, comenta el director del Parque Nacional. Ahora en verano, los caballos están “por zonas concretas como son las cabeceras de los ríos como el Alhama de Lugros, el Monachil o el Dílar”.

Muchos senderistas se encuentran con los caballos ferales mientras realizan sus rutas por Sierra Nevada, pero, en circunstancias normales, son animales que huyen del ser humano, por lo que en el Parque Nacional no han recibido “quejas ni comunicaciones de problemas con senderistas”. Y esto lo ha podido comprobar Julia Torres, una estudiante de Biología en la Universidad de Granada y apasionada de los caballos, que ha puesto en marcha un proyecto de investigación para estudiar el comportamiento y crecimiento de los grupos ferales de caballos que hay en el Parque Nacional de Sierra Nevada. “A algunos caballos he tenido que acercarme por obligación para ponerles el GPS y no es fácil, porque tienes que ponérselo en el cuello y el caballo se tiene que dejar tocar. Hay grupos que son asustadizos y no lo he conseguido y otros en los que me ha resultado relativamente fácil encontrar algún caballo que me permitiese esto. Ha habido un acercamiento y trabajo progresivo, pero depende mucho de la edad, de las experiencias que hayan tenido con los senderistas. Por lo general, cuando se acercan senderistas, los caballos pasan de ellos, no se asustan, están acostumbrados, pero no se dejan tocar”, comenta.

Durante el tiempo que lleva con su investigación, Julia Torres ha comprobado las zonas en las que hay más caballos ferales, que son el Puerto de la Ragua o la zona de la Alpujarra. “Me estoy centrando más en los grupos que hay en torno a la zona de Pradollano. Más o menos tengo censados unos 60 caballos, divididos en grupos. El más grande tiene en torno a unos 20. Es bastante grande para ser caballos. El resto suelen estar por debajo de los 10. Hay grupos natales, en los que están naciendo potros y hay un semental, y luego grupos que son más puntuales, que se van reorganizando con los machos que están solteros. De grupos natales, ahora mismo hay tres. De bandas de solteros y grupos un poco mixtos, que van cambiando mucho, hay otros tres o cuatro”, explica.

Julia Torres con los caballos salvajes en Sierra Nevada | Foto: Remitida

Estos caballos viven casi a tres mil metros de altitud y están plenamente adaptados. “Ellos eligen estar ahí, no tienen la obligación de estar tan arriba, no tienen ninguna valla que les acote ni les obligue a estar arriba”, cuenta Julia Torres. “Hasta donde he observado, no tienen ningún tipo de problema en adaptarse. En invierno no han mostrado síntomas de frío ni de falta de comida. Se apoyan mucho en la hierba que hay ahora en verano con el deshielo de Sierra Nevada. Y creo que ahí cogen un poco de energía para todo el año, porque el invierno allí tiene que ser muy duro. Pero lo llevan bastante bien. Al final, no dejan de ser animales que, a lo largo del tiempo, han evolucionado para condiciones muy adversas”, explica.

En invierno, cuando las temperaturas son muy frías en Sierra Nevada, los caballos salvajes “bajan a zonas de menos altitud, en las que hay formaciones boscosas, principalmente pinares, donde es bastante denso el bosque y ahí se refugian”, mientras que en verano “buscan zonas más altas ya que son más frescas”. Julia Torres, que ha colocado GPS a dos grupos de caballos, ha comprobado que en época estival están a la altura de la Laguna de las Yeguas. “Los caballos lo que llevan mal es el calor. Lo toleran menos. En Sierra Nevada están fresquitos y tienen pocos insectos. Las temperaturas son muy agradables en verano allí”, comenta.

Estos caballos salvajes se alimentan principalmente de gramíneas. “La hierba anual que sale en primavera es lo que más comen. En invierno están más en las zonas de arbustos y la hierba es más difícil de comer. Pero se apañan bien a la hora de buscar comida”, detalla Julia Torres. Y agua nunca les falta allí. “En invierno es curioso porque casi toda el agua está congelada y es muy difícil encontrar agua que no esté en forma de nieve. Y lo que hacen es comer nieve. Es algo que podríamos pensar en principio que es malo, pero lo hacen durante medio año y no parece que les siente mal”, explica Julia Torres.

Caballos salvajes en el Parque Nacional de Sierra Nevada | Foto: Julia Torres

Los principales peligros a los que se enfrentan los caballos salvajes en Sierra Nevada son las tormentas en alta montaña y el tráfico. “Las tormentas se forman en muy poco tiempo. Es verdad que los animales, y especialmente los caballos, son expertos en identificar tormentas y terremotos antes de que pasen. Eso se lleva estudiando mucho tiempo. Allí en invierno están siempre cerca de zonas boscosas, donde refugiarse y donde buscar cobijo, no están a la intemperie cuando está la tormenta”, comenta Julia Torres. Sobre el tráfico, esta estudiante de Biología en la UGR lamenta que hace no mucho hubo un accidente que acabó con la vida de una yegua, a la que atropellaron. “La carretera tiene una velocidad limitada en principio, pero hay que gente que conduce mucho más rápido. Se usa para probar coches y en carretera de montaña a mucha gente le gusta apretar y eso es un problema, ya no solo por los caballos, sino por la seguridad de la gente”, asegura.

Granada tiene el privilegio de contar con un sitio como el Parque Nacional de Sierra Nevada, que sirve de refugio para grupos de animales que viven en libertad, como es el caso de estos caballos salvajes. Para Julia Torres, esto es una “enorme suerte” y “ojalá estén bien allí y se puedan quedar mucho tiempo”.