No aguantemos un 'lo vas a hacer porque lo digo yo'

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Entre el autoritarismo y la permisividad se encuentra la disciplina positiva | Foto: Remitida
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Hoy va a ser un buen día, porque lo digo YO era el titular de un artículo publicado por mi amigo Iñaki González @goroji en su blog hace 10 años. Y decía en el artículo: Pues el lamentarse se va a acabar. Todo depende de ti, de tu actitud mental. Ponlo dónde quieras y cuantas más veces lo leas a lo largo del día, mejor. Pero sobre todo es fundamental que te lo grabes bien en tu cabecita. Repítelo cada vez que alguien venga a sacarte de tus casillas, repítelo en cada situación que te busquen las cosquillas, repítelo hasta que te quede claro que NADIE, NADIE, NADIE te va a fastidiar el día

Es evidente que el trabajo debe ser algo que nos apasione. Hay que perderle el miedo al despido y eso es algo que han entendido los jóvenes. Viene una generación que tiene unas prioridades diferentes a las que muchos siempre han tenido.

Yo soy muy partidario de la desobediencia inteligente, de la necesidad de decir que no estamos de acuerdo y plantear opciones. Y eso es lo que grupos de trabajadores (y más los jóvenes) tienen claro.

Actualmente, muchos jóvenes que entran en el mercado laboral forman parte de una generación sobrecualificada que, sin embargo, cada vez es más consciente de que eso de la meritocracia de la que tanto les hablaron, no existe.

Precariedad salarial, sobrecarga de trabajo, dificultad para conciliar o falta de flexibilidad son algunas de las condiciones a las que se enfrentan muchos trabajadores en sus organización. Condiciones que los más jóvenes no están dispuestos a tolerar. Ya no aguantan el 'haces esto porque te lo digo yo' de los jefes de otra época. Tienen menos aguante que nosotros y eso es algo muy positivo". Ahora ponen encima de la mesa sus condiciones".

Los jóvenes tienen menos aguante y eso es positivo. Las nuevas generaciones de trabajadores también valoran más su tiempo. Necesitan tiempo para emprender, viajar, hacer deporte o cualquier otro tipo de actividad, y tienen claro que eso es calidad de vida.

El concepto de éxito ha cambiado. Antes, el éxito estaba directamente relacionado con el hecho de tener un buen empleo. La fórmula para triunfar consistía en echar horas y horas en la empresa y renunciar a la vida personal para así, quizás, lograr el ansiado ascenso. Ahora eso está cambiando. Muchos jóvenes ya no miden el éxito ni su valía por el puesto que ocupan en la empresa. De hecho, muchos renuncian a su empleo en busca de nuevos retos, aunque sus condiciones laborales sean buenas.

El concepto ha cambiado, y los RRHH de las empresas no lo entienden todavía. Piensan que quien se va no tiene compromiso y lo ven como una traición. Pero se equivocan. Los jóvenes se van porque tienen retos y prioridades distintas. Quieren probar cosas nuevas.

Y además sabemos que el utilizar porque lo digo yo genera:

Reducción de la confianza que tenemos en nosotros: Las expresiones como “se hace lo que digo y basta” minan la confianza que tienen los trabajadores en sus jefes. Y en los casos más extremos en los que este estilo se repite todos los días, puede generar miedo hacia sus jefes.

Poca proliferación del pensamiento crítico: Ello hará que los trabajadores sean más sumisos y no hayan desarrollado ni practicado el pensamiento crítico. Necesitamos trabajadores que protesten, que digan: yo esto no lo quiero hacer.

Falta de curiosidad: Si usamos estamos expresiones les estamos cortando sus alas llenas de curiosidad.Y todo ello es porque en muchas empresas se sigue aplicando un estilo de liderazgo y una cultura de los años 80: venir a la oficina, calentar la silla y que el jefe te vea ahí sentado por si a última hora se le ocurre pedirte algo. Esto es un error. Si las empresas quieren atraer el talento y no la mediocridad deben cambiar la mentalidad, porque las nuevas generaciones no van a aguantar esa falta de flexibilidad.

Y cómo decía Iñaki González (@goroji): El truco es que igual que nuestro filtro en principio está aplicado por nuestro inconsciente, podemos utilizar nuestro consciente para forzar a nuestro cerebro a ser conscientes de todo lo positivo que hemos vivido en ese día, desde que nos hemos levantado a la hora, he cogido el autobús por los pelos, al comprar el café me han sonreído o me “he echado” unas risas con los compañeros/as. La cuestión es que nosotros elegimos y decidimos. A fin de cuentas ya nos decía nuestra abuela “No ofende quien quiere, sino quien puede”, es decir, a quien le dejamos que tenga el poder de ofendernos.

Por tanto utilizar un estilo respetuoso implica:

Poner límites firmes pero respetuosos: Entre el autoritarismo y la permisividad se encuentra la disciplina positiva. Pausar: Si sentimos que estas expresiones van a surgir, démonos un momento, respirar e intentar calmar nuestras emociones. Buscar la razón por la que decimos estas expresiones.

Cambiar es bueno. Respetar la mejor manera de actuar.