Los onces, nueves, ochos, doses... de nuestras vidas forofas

1) Gr 1 Español 2
El de la foto sería el peor once de la historia rojiblanca, el que se despidió de primera perdiendo en el Nuevo Los Cármenes 1-2 frente al Español el 19 de mayo de 1917 | Foto: Remitida
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El presunto once mejor histórico del Granada en sus 90 años de existencia es el que, hipotéticamente formarían: Izcoa; De la Cruz, Aguirre Suárez, Fernández, Siqueira; Lasa, Castellanos, Yangel Herrera, Vicente; Porta y Soldado. Es “El Once de Nuestras Vidas” según el escrutinio de la AEPD en su versión penibética, que ha dado pie a la edición de un libro (corran, que se agota) con ese mismo título. El pueblo soberano ha emitido su dictamen, pero servidor tiene algo que decir al respecto. Son 90 años los que se han cumplido (para éste que suscribe, 97), pero los votantes no se han acordado de casi la mitad de esos noventa años y han optado por los futbolistas que vieron o de los que oyeron más hablar. Ley de vida, cada vez quedan menos hinchas de los que vivieron los cuarenta y los cincuenta rojiblancos.

Como digo, el olvido de casi la mitad de la historia del GCF es patente en ese once selecto, por lo que uno no puede estar totalmente de acuerdo con el resultado. Aunque yo tampoco pude ver ni un solo partido de esas décadas, cuarenta y cincuenta, lo que sí que he podido es leer alguno de los varios y excelentes tratados que existen sobre historia de nuestro equipo, y me parece que haber dejado fuera del mejor once histórico a Millán, el primero de los tres únicos internacionales de la historia rojiblanca, suena a sacrilegio, y más cuando, si se le hubiera incluido, habría en ese mejor once votado popularmente al menos un granadino. A Millán sólo recuerdo verlo alguna vez pateando un balón cuando, ya sexagenario, jugaba en el Llano de la Perdiz con sus amigos peñistas los domingos por la mañana, pero hay bastantes y excelentes trabajos históricos que lo destacan como el mejor futbolista que dio nunca nuestra tierra.

El Trompi es otro nombre que quizá reúna más méritos que algunos de los que finalmente han salido. De él en sus buenos tiempos habló con elogios toda la prensa deportiva nacional, lo mismo que de la pareja Millán-González, una de las mejores duplas defensivas de la máxima categoría en la primera mitad de los años cuarenta. Algún periodista de Madrid dijo de Trompi que era el nuevo Monchín Triana, porque como el mítico interior de los dos grandes equipos de la capital de los veinte y primeros treinta, era un gran regateador, de un fútbol alegre y habilidoso, y además cada temporada promediaba un buen número de goles; once años (1939-1950) fue Trompi del Granada, y en ese tiempo se convirtió en el máximo goleador de toda su historia, hasta que ya en los cincuenta el granadino Rafa le arrebató el título, pero esa marca, la de segundo máximo goleador histórico, sigue vigente a día de hoy (el siguiente en la lista, Morales, un delantero de finales de los cuarenta, está a casi veinte de distancia).

También se olvidaron los votantes convocados por la AEPD del Granada de finales de los cincuenta, el subcampeón de España 1959. Méndez, Carranza o Arsenio podrían muy bien haber salido elegidos.

Es inevitable. Han pasado tantísimos años que muy pocos lo vivieron o se acuerdan del Granada de los cuarenta y los cincuenta. Es que el club ya es nonagenario. Oficialmente acaba de cumplir los noventa, pero para servidor, está muy cerca de llegar al centenario, que ya es hazaña que una entidad privada alcance en nuestra tierra tan longeva vida. Pero eso ya es otra cuestión de la que algún día nos ocuparemos.

En el fútbol todo es opinable. De ahí su grandeza, que diría aquél. Yo tengo mis mejores onces de la historia como cada cual tendrá el suyo, aunque se ve que más o menos coincidimos y no hay demasiado desacuerdo cuando de recordar a los mejores se trata.

Una selección particular de lo peorcito que pasó por estos predios últimamente

Otra cosa muy distinta y mucho más difícil de consensuar es la de confeccionar el peor once de la historia. Noventa años y más de 1.200 nombres es algo imposible de abarcar, además, lógicamente, en la historia de nuestro equipo, como en la de cualquiera, son muchos más los que no aprobaron que los que triunfaron, y por esa misma razón se recuerda mucho menos a los que pasaron con más pena que gloria por las filas rojiblancas. Los que se distinguieron del montón son siempre menos, son los buenos, pero también voy a ocuparme de los otros, los que si dieron que hablar no fue precisamente por sus virtudes futboleras: los malos.

El amigo José Quesada en su magnífico “Los Antihéroes del Granada CF”, usando un tono cariñoso-sarcástico hace un estupendo retrato de varios de esos protervos en rojiblanco de los que habla la historia: el “amnésico” Uría de los cuarenta, tan cabreado que pateaba el balón para donde saliera; el farsante Otto, un delantero paquete húngaro (había jugado en el mítico Hungaria) que a principios de los cincuenta fingía lesiones para evitar que la gente le gritara petardo y gordinflón; el tal Pocholo, Juanjo, responsable de que el Granada no saliera de la cuarta división, ya en 2003. Un delantero brasileño de los setenta, Uilian, fichado por equivocación, es otro de los “malos” que retrata Quesada, del que se recuerda que cuando llegó a Granada dijo que marcaba de promedio 30 goles por temporada, pero hubo que echarlo a mitad de año porque el probetico no le daba a un cerro, que se dice.

Hay muchísimos más de los que también se recuerdan surtidas “tuerceboteces” y pocas o ninguna virtud balompédica, el más antiguo, de los tiempos del Once Fantasma, los treinta, es un veneciano apellidado Bianchi, defensa lento y pesado que no llegó a debutar en partido oficial. Otro que tal era un futbolista de los setenta, éste sí llegué a verlo jugar; encima de poco virtuoso con el balón tenía además la particularidad de concitar el cachondeo de la grada nada más prepararse para ingresar en el verde, era el “Toro Cabral”, delantero paraguayo de rara pinta y nada de fútbol en su patizamba figura, que fichó Candi como oriundo y que sólo jugó unos pocos minutos en dos partidos. También tenemos a los que salieron ranas por completo después de haber ilusionado a la afición como pocos, como Echecopar o Lalo Maradona.

Esos y otros muchos más son los malos “oficiales” por así decirlo, los que se supone que son los más conocidos. Pero seguro que cada hincha rojiblanco, lo mismo que tiene su mejor once histórico, también puede hacer una selección con lo peor que vieron sus ojos vistiendo de rojiblanco.

Yo me he puesto a la tarea de alinear a los presuntos once peores futbolistas que alguna vez militaron en el Granada, pero he tenido que renunciar ante el bosque de nombres y trayectorias balompédicas que dan noventa años. Quería hacer el peor once de la historia, pero más que nada por la pereza de tener que repasar cientos y cientos de nombres, he tenido que dejarlo, además de reconocerme incapaz de dar un equipo siquiera aproximado, que mis conocimientos no llegan a tanto. Vamos a dejarlo en el peor once de estos últimos años. Como ya he dicho, ponerse más o menos de acuerdo en los mejores de la historia no es demasiado complicado, pero intentar lo contrario y hacer una alineación con lo peor resulta bastante más difícil. Es mejor que cada uno ponga la suya (si el lector la quiere escribir en los comentarios, adelante). Ahí va la mía, referida a 2011-17:

Oier; Tito, Diakahté, Doria, Gastón Silva; Atzili, Samper, Moisés Hurtado, Henrique; Floro Flores y Barral. La plaza de entrenador de este once patoso se la adjudicamos indiscutiblemente a Tony Adams. Se puede hacer incluso un segundo equipo: Toño; Juanma Ortiz, Pamarot, Coeff, Tabanou; Mollo, Eddy Silvestre, Angban, Buonanotte; Thievy y Riki.

Algunos, como se ve, todavía están en activo, por eso les pido perdón por haberlos señalado (si es que alguna vez leen estas líneas), pero tienen que comprender que aquí nos referimos exclusivamente a su mal rendimiento como granadinistas. Animo a los pocos pero apañaos lectores de estas cosillas a que pongan sus onces particulares a pie de página, los buenos y los malos.

Ni están todos los que son (malos), ni son todos los que están