Los Mondragones, un activo para la Granada de 2031

Horizontes como el de la capitalidad cultural europea sirven de alicientes para la puesta en valor del espacio

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Propuesta de puesta en valor y musealización del espacio arqueológico de Los Mondragones | Foto: Ángel Rodríguez
Alejandro MacíasAlejandro Macías
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Comprendida la importancia que los vestigios romanos suponen para el patrimonio histórico de Granada, la Junta de Andalucía sigue trabajando para la puesta en valor de los yacimientos arqueológicos hallados en la zona de los Mondragones. Desde la administración autonómica la mira sigue puesta en un horizonte: convertir este espacio en un activo cultural y dotarlo de un uso didáctico y divulgativo. Una prioridad para el equipo de expertos que realiza el trabajo de campo en el complejo. Completar este proceso será clave para que Granada pueda alcanzar cotas como la capitalidad cultural en 2031.

Pero para entender todo este proceso hay que echar la vista atrás hasta 2013. Ese año se conocía por primera vez que la ciudad de Granada albergaba en sus entrañas una villa romana del siglo I d.C. al VII d.C. localizada en el antiguo cuartel. El descubrimiento se produjo de forma casual durante las obras de un aparcamiento subterráneo. El hallazgo de unos potentes muros de sillares precipitó una excavación arqueológica de urgencia. En esta primera intervención afloraron restos de una ‘Domus’, o gran casa, decorada con ricos mosaicos que, a día de hoy, se conservan en el Museo Arqueológico de Granada. También aparecieron dependencias artesanales y un edificio religioso que se presume de notable importancia, puesto que podría constituir los primeros vestigios de una iglesia cristiana en Granada. Sin embargo, el descubrimiento más significativo fue el de la Almazara, el molino de aceite más importante y monumental de la antigua Baetica.

Gracias a estas primeras exploraciones, se puede inferir que Granada, llamada Florentia Iliberritana en época romana, fue un núcleo de población que adquirió mucha importancia. Se conoce que la ciudad fue sede del primer concilio católico en la Península Ibérica celebrado alrededor del año 304 d.C. La recepción de este concilio pone de manifiesto que en la antigua Granada romana existía una comunidad cristina lo suficientemente grande y bien estructurada para organizar un evento de esas dimensiones, al que acudieron obispos y presbíteros de toda la península ibérica. Además, este hecho reconoce el enorme valor simbólico que adquirió la ciudad. En este contexto, se entiende la singularidad del edificio religioso hallado en este enclave, ya que se erige como el primer monumento que se conserva de las primitivas comunidades cristianas en Granada.

La situación en tiempos de la Antigua Roma no distaba mucho de la de ahora, el aceite de Iliberis era muy cotizado en Italia, y eso dio lugar a la fundación de numerosas villas, algunas de ellas monumentales, como la de Mondragones, que conserva una almazara muy importante. La concentración de edificios públicos singulares confirman que el asentamiento pudo tener mayor entidad que la de una villa, posiblemente un ‘vicus’ o ‘pagus’, una hipótesis sostenida por los arqueólogos que explicaría la existencia de un núcleo urbano con funciones administrativas.

Una vez entendido el valor cultural y patrimonial que podía tener el yacimiento, se plantea una problemática: la conservación de todo el conjunto arqueológico era incompartible con el diseño urbanístico previsto para ese espacio. Por tanto hubo que optar por una solución que permitiera conservar los restos más significativos, haciéndola viable con la ejecución del proyecto de desarrollo urbano. Para cumplir con esta consigna, los mosaicos de uso expositivo y decorativo que se encontraron en las villas de uso doméstico fueron trasladados al Museo Arqueológico, a la espera de que se construyese una estructura museística que asegurara su protección y conservación. Mientras que la Almazara y el edificio de culto se mantuvieron en el espacio arqueológico de Los Mondragones, el resto fue destruido. Este hecho provocó que algunos estamentos de la comunidad cultural granadina se levantaran, clamando que todos los restos conservaran su ubicación original.

La cuarta fase, aún por completar

Fuentes próximas a la intervención del yacimiento cifran en torno a medio millón la inversión de la Junta en el proyecto. Esta cifra explica la enorme envergadura de la operación. El proceso de excavación ha comprendido tres fases hasta la fecha, a falta de una cuarta que todavía queda por completar.

La primera comenzó en 2016. Se realizaron en torno a 18 sondeos. Y en uno de ellos se confirmó la existencia de la calle central del yacimiento. Esta vía era muy común en las estructuras urbanas del imperio. Siguiendo su pista en dirección norte, se halló una esquina de la sala caliente.

A partir de los resultados obtenidos, se inicia una segunda en 2018. Sin embargo, antes de comenzar la excavación se tuvo que proceder a la desocupación y demolición de los edificios ubicados en el espacio que conformaba el complejo militar donde se pretendían llevar a cabo las labores de excavación.  Los objetivos que se trazan en este segundo periodo son por un lado, descubrir la totalidad del complejo termal y por otro, hacer un estudio arqueológico exhaustivo sobre el espacio libre, para averiguar si éste comprendía restos de relevancia, con la intención de incluirlos del mismo modo en el complejo arqueológico. Una vez finalizados los trabajos de esta etapa, los resultados son positivos. Se concluye que la villa está dividida en terrazas cuya estructura se ha mantenido con algunos cambios hasta la actualidad. La terraza central incluiría cuatro edificios. Un primer edificio de planta rectangular y uso desconocido hasta la fecha. En segundo lugar, el balneario, ‘therma’ o ‘balneum’ en latín. Las excavaciones han descubierto que las termas se conservan prácticamente intactas. De hecho, se pueden identificar claramente cada una de las dependencias correspondientes al circuito termal: ‘Caldarium’, ‘Frigidarium’ y ‘Tepidarium’. Además, se puede observar toda la infraestructura de calefacción equipada con dos hornos. Gracias a estos trabajos, hoy se puede conocer incluso el combustible que utilizaban en aquella época los romanos para calentar las salas (huesos de aceituna que extraían de la Almazara). Del tercer edificio analizado se desconoce su funcionalidad, pero sí se sabe que fue utilizado hasta época musulmana, concretamente hasta el siglo XIII, un hecho notable que provocó el cambio en la denominación de los yacimientos. Ya no se le podía llamar ‘villa romana’, puesto que los descubrimientos no sólo comprendían la época romana, sino que convivían con estructuras de periodos posteriores. Ahora a pasaba a denominarse ‘Complejo Arqueológico de Los Mondragones’.  Sobre el cuarto edificio descubierto no se tienen todavía nociones claras, pero el hallazgo de tres ábsides da pie a la hipótesis de que fuera un templo cristiano asociado al peso que tenía la ciudad de Florentia en las primeras comunidades cristianas de la península, tal y como explican desde el equipo arqueológico.

Sin embargo, aunque los resultados fueron buenos, no se completaron los objetivos que se habían diseñado para esta segunda fase. Gran parte del espacio libre quedó sin excavar y, aunque se avanzó en el estudio de las termas, no se consiguió desnudar todo el complejo. A principios de este año, se desarrolla una tercera fase sobre las parcelas lucrativas de la zona norte, que dura tan sólo un mes y los resultados fueron negativos, puesto que no se encontraron ningunos restos.

Para la cuarta fase, que aún queda por completar, se plantearon tres objetivos: el primero, detallar las características y la funcionalidad del edificio coronado por tres ábsides que se desenterraron en las excavaciones de 2018. Por otra parte, también se hace necesaria la finalización de los trabajos en las termas. Actualmente se conoce la parte exterior, donde están los hornos y la parte del circuito termal, pero falta por conocer el resto de la distribución del complejo, en el que deberían aparecer salas como los vestuarios, las letrinas o la palestra. Finalmente, el tercer objetivo tiene como fin la conclusión definitiva de las excavaciones en todo el espacio restante (alrededor de 18.000 m2) para acotar el espacio libre donde se podría ubicar el centro de interpretación. Una vez explorado todo el perímetro, los restos deberían quedar cubiertos con una carpa a modo de protección para evitar su deterioro.

La necesidad de construir un centro de interpretación para la puesta en valor de los vestigios romanos, se pone de manifiesto de cara a la apertura al público de este espacio, con el objetivo de dotar al conjunto de un valor cultural y divulgativo que enriquezca el patrimonio histórico y cultural de la ciudad de Granada. Sería un activo cultural significativo, dado que se convertiría en el primer centro de interpretación de un espacio arqueológico en Granada. Además, sería un elemento que aportaría un gran valor a la candidatura para ser capital cultural en 2031. Actualmente, resulta chocante que una ciudad con un turismo eminentemente cultural como es Granada no disponga de un espacio con estas características. Es fundamental que se abra este lugar al público, puesto que serán los únicos restos romanos que se podrán visitar en la ciudad. Una de las propuestas que ofrece este espacio museístico es devolver los mosaicos a su demarcación original en el yacimiento de Los Mondragones, tal y como se apuntó desde la Junta en 2015.

Además, la conservación y musealización del molino de aceite, cobra especial relevancia, debido a que normalmente, los yacimientos de villas que se conocen, suelen exhibir el ámbito doméstico por la decoración de sus mosaicos, pero rara vez se conservan las infraestructuras de producción. La exposición al público de la almazara ayudará a comprender la trascendencia que adquirió el asentamiento de Florentia gracias a su riqueza agrícola. La importancia del conjunto debe entenderse a nivel autonómico. Además de poseer el Molino de aceite más monumental de la antigua provincia Baetica, destaca la singularidad del edificio de culto religioso, el cual representa los únicos restos arqueológicos que se pueden adscribir con seguridad a las primeras comunidades cristianas del sureste peninsular.

El complejo de Los Mondragones constituye el yacimiento arqueológico más extenso excavado en la provincia. Además, todos los restos importantes que se descubrieron han sido conservados y protegidos, algo que es excepcional. Aunque en Granada predomine el patrimonio islámico, la creación del Centro de Interpretación servirá para entender la evolución de la ciudad desde la Antigüedad hasta la Edad Media. Igualmente, será útil para generar dinámicas de aprendizaje y poner en valor una etapa de la historia granadina que fue brillante y no debe quedar en el olvido.





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