La reapertura de la Biblioteca de Las Palomas, crónica de una lucha popular por la cultura

En agosto hará cuatro años que la histórica biblioteca del Zaidín cerró sus puertas | El equipo de gobierno del PP recula ante la presión de la oposición y la demanda de Ciudadanos | El concejal de Cultura, Juan García Montero, ya ha dado la orden de recuperar la biblioteca "lo antes posible".

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Vecinas del Zaidín de todas las generaciones apoyan la apertura de la biblioteca
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La Plaza de Las Palomas arde. Lo lleva haciendo desde el 8 de agosto de 2011, fecha en la que el Ayuntamiento de Granada decidió cerrar la biblioteca del Zaidín. Hoy, la plaza y los vecinos, que poco a poco van apareciendo para explicarme su historia, siguen ardiendo. Su combustible, que durante casi cuatro años ha sido la indignación, ahora es la esperanza. "Como no cumplan, ¡se van a cagar!", dicen entre risas los zaidineros, siguiendo el tono de lucha y reivindicación que ha caracterizado a la Plataforma por la Reapertura durante todo este tiempo. De inconformismo, imaginación, perseverancia y amor por la cultura trata este relato de una lucha vecinal con final feliz.

DEL CIERRE A LA OCUPACIÓN

Dentro de biblioteca nada arde. Es una Ínsula de Barataria en la que todo es posible, en la que el cierre es sólo un mal recuerdo apuntalado por carteles que piden la reapertura de una biblioteca que un día estuvo destinada a convertirse en sede del grupo de bailes regionales. Esa fue la primera explicación que desde el Ayuntamiento de Granada se le ofreció a los vecinos del Zaidín, tras hacerse público en el verano de 2011 que la biblioteca tenía los días contadas. Desde el Consistorio se intentó tranquilizar al barrio, explicando que esa biblioteca sería sustituida por la Francisco Ayala, en la Plaza de la Hípica.

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Cartel explicativo

"El alcalde nos llegó a llamar insolidarios", explica Rocío Fajardo, una de las  activistas de la Plataforma que no entiende por qué la apertura de una biblioteca debía conllevar el cierre de otra; en Granada no se cumple la ley andaluza que ampara el derecho a una biblioteca para cada 20.000 habitantes. Me lo recuerdan varias vecinas del barrio, integrantes todas de una Plataforma que ha realizado alrededor de 40 actos reivindicativos en cuatro años. Casi nada, pienso mientras intento medir la horquilla de edad que separa a las 'luchadoras' más jóvenes de las más mayores. Aquí están todas las generaciones representadas, hasta las que todavía no saben leer, como el hijo recién nacido de María Campos, que también nos acompaña y para el que esperan construir un barrio culturalmente más rico.

Intentando hacer balance, las vecinas saltan de las protestas de 2014 a la ocupación del despacho de Juan García Montero en 2012. El suyo es un relato apasionado, salpicado de recuerdos que intentan darle sentido a algo que "nunca lo ha tenido". Como no lo tuvo, me dicen, intentar conectar el cierre de la biblioteca del Zaidín con la apertura de otra en el distrito Beiro. Fue otra de las explicaciones que se dieron desde el área de Cultura del Ayuntamiento, otra que no sació las inquietudes de los vecinos.

Y por eso, el mismo día en que se decidió en Pleno cerrar el espacio cultural, decenas de zaidineros se constituyeron en Plataforma, una asociación que comenzaría las movilizaciones al instante. Acampadas, recogidas de firmas, manifestaciones... hasta que el 10 de noviembre de 2011 se produjo el desalojo de la cultura, de los libros y de los vecinos que trataron de protegerlos. Lo comentan con la impotencia contenida al recordar a los efectivos de Policía llevándose en brazos a mayores y jóvenes por igual. Aquel desahucio fue combustible para el mundo de la cultura granadina, que cerró filas entorno a la biblioteca y sus usuarios. Desde el cantante Juan Pinilla hasta el poeta Luis García Montero, no fueron pocas las voces que se levantaron pidiendo que el Ayuntamiento de Granada reconsiderara su postura.

Ese respaldo, explica Rocío, ha contrastado en todo este tiempo con la dificultad para reunirse con responsables institucionales, ya fueran del Ayuntamiento o de la Junta de Andalucía. "Por que al final, todos se pasan la pelota", dice la vecina.

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Colección de la biblioteca

Resueltos a continuar con las movilizaciones, los integrantes de la Plataforma también llevaron a cabo un referendum que pretendía demostrar la unanimidad del barrio con respecto a su biblioteca. El resultado, de un 99 por ciento a favor de la reapertura, también cayó en saco roto. Y ahí se comenzó a gestar un nuevo paso dentro de la campaña de protesta, uno que devolvería los libros a la biblioteca. Porque casi parece que nunca se han ido.

Deambulando entre las escasas estanterías, uno puede encontrar un pequeño pero ambicioso catálogo que recoge desde los autores locales hasta las grandes figuras de las letras extranjeras. Ciencia Ficción, fantasía, misterio, ensayo, poesía, infantil... La biblioteca de Las Palomas cuenta con una colección de 5.000 libros recogidos en base a donaciones procedentes de toda España e incluso de instituciones de fuera del país. Me lo cuenta otra vecina con el orgullo de haber conseguido remover la conciencia de gentes lejanas.

A esa lluvia de generosidad la Plataforma correspondió pintando, arreglando y adecentando la biblioteca, que tras un año de abandono había sufrido diferentes percances e incluso un pequeño fogueo en uno de sus laterales. De hecho, la biblioteca había dejado de serlo para pasar a ser Centro Cultural, el nuevo nombre que el Ayuntamiento le dio al inmueble y que los vecinos no aceptaron. Llegaría así una reunión con el concejal de Cultura, Juan García Montero, al que tuvieron que convencer, dicen jocosos, ocupando su despacho en el Complejo Administrativo Los Mondragones.

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Carteles de protesta

De aquella reunión no saldría una respuesta clara, según la versión de los vecinos, que semanas después terminarían por ocupar la biblioteca, no para gestionarla, como desde la Junta de Andalucía o desde el propio Ayuntamiento se les sugirió, sino para reivindicar su necesidad social.

Porque de eso ha ido siempre esta reivindicación, dice María, de devolver al barrio un espacio cultural clave: "no es un capricho, es una necesidad social". Así parece, al mirar los datos de desempleo del barrio en el que está situada la biblioteca.

Tras cuatro años de movilizaciones, los vecinos pertenecientes a la Plataforma han pasado a ser familia. Se reúnen, conversan, se apoyan... y lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro, porque las suyas han sido algunas de las protestas más originales que la ciudad de Granada ha visto en décadas -con permiso de los Zombies de Santa Adela-. Es la sensación que queda tras charlar con ellos, la idea de que las largas tardes, las acampadas, las frustraciones y movilizaciones, han servido.

El anuncio esta pasada semana de la futura reapertura ha provocado con una sensación de incredulidad. El concejal que tantas veces reivindicaran ver para trasladarles su protesta, ha sido quien ya ha dado la orden de comenzar a gestionar la reapertura. No se lo creen. No pueden, no quieren hasta que no vuelvan a entrar a la biblioteca como un espacio abierto, gestionado por y financiado por el Ayuntamiento de Granada y al servicio de sus vecinos.

La Plaza de las Palomas sigue ardiendo, esta vez de ilusión. Y desde la Plataforma se asegura que van a estar vigilantes.Que más les vale cumplir con lo prometido porque si no... "se van a cagar". 

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