El moat de la empresa

Los activos intangibles, que son aquellos que mantienen a los competidores controlados de forma estricta, por ejemplo las patentes o las licencias gubernamentales o una marca con fuerza

castillo

Rememorar tiempos pasados y evocar eras de castillos, asedios y pólvora nos permite establecer paralelismos entre las obras defensivas erguidas para la custodia y protección de un reino con las murallas preservadoras que han de alzarse para la salvaguardia y custodia de la supremacía de una empresa. Y es que el cometido de proteger el castillo de los alcances de la artillería rival bien puede trasladarse a tiempos presentes en los que la empresa ha de escudarse de la competencia, debiendo además establecer un liderazgo, responsabilizándose de convertirse en indestructible.

Así, moat era el foso que circundaba un castillo, el espacio defensivo que aseguraba su invulnerabilidad, una trinchera que impedía que las máquinas de asalto accedieran a los muros protegiendo todo lo que la fortaleza comprendía y representaba. Se puede afirmar que a día de hoy, una empresa que no tiene moat no sobrevivirá al asalto.

Para Warren Buffett, uno de los mejores inversores de la historia, el moat es la ventaja competitiva de una empresa, una especie de liderazgo económico que la convierte en prácticamente indestructible durante al menos una generación, un “foso económico” que protege las elevadas rentabilidades sobre el capital de las que disfrutan las mejores compañías del mundo. Si la empresa necesita rodearse es porque no basta con que hoy lo esté haciendo bien, es necesario que pueda mantenerse en el futuro. La ventaja competitiva de una compañía y la durabilidad de esa ventaja ha de quedar determinada, pues cuando se desarrolla un producto o servicio no pasa mucho tiempo antes de que la competencia trate de sacar provecho de esa oportunidad produciendo una versión similar, incluso a veces mejorada: los beneficios siempre atraerán a la competencia, así pues ¿cómo protegerse de ella?

Copiosos estudios han llevado a numerosos investigadores e inversores a determinar que hay fuentes que decretan la ventaja competitiva: los costes de cambio, es decir los gastos en que incurre un cliente al cambiar de un producto a otro. Un cliente que se encara a un alto coste de cambio habitualmente no cambiará a no ser que se le ofrezca una gran mejora. Son las empresas cuyos clientes tienen un fuerte coste de cambio las que pueden embolsar precios más altos sin la amenaza de corromper su firma. El efecto red, el cual se produce cuando el valor de un bien o servicio aumenta tanto para nuevos usuarios como para los ya existentes a medida que más personas utilizan ese bien o servicio. El resultado es la creación de un círculo que permite que los fuertes se hagan más fuertes.

Los activos intangibles, que son aquellos que mantienen a los competidores controlados de forma estricta, por ejemplo las patentes o las licencias gubernamentales o una marca con fuerza. La ventaja del coste, teoría que viene a poner de manifiesto que las empresas que consigan encontrar la manera de proporcionar bienes o servicios a un menor coste (sin influir ello, por supuesto, en la calidad) pueden amortiguar a sus rivales vía precio. En este caso se trata de encontrar la estrategia que nos permita un margen de beneficio más grande vendiendo productos o servicios al mismo precio (o inferior) que nuestros rivales. Y por último la participación en una escala eficiente, es decir, entrar en la dinámica de ser una empresa que sirva a un mercado de tamaño limitado, un mercado que tan sólo puede soportar a uno o a pocos competidores, limitándose así la rivalidad.

Los ataques artilleros, la excavación de túneles subterráneos de acceso o la defensa del material de guerra de la época obligaban al señor del castillo a protegerse con el moat tal y como la poesía épica arrastra hasta nuestros días, siendo la cualidad de “caballero” una forma de vida que conllevaba el más duro de los aprendizajes. En nuestro presente, en el que los juglares llevan cámara fotográfica y micrófono, ese héroe épico es el empresario, el cual siente la misma necesidad de protección con respecto a su reino que es su empresa, no pudiendo dejar de cavar “fosos” alrededor de ella que sirvan de protección y custodia para mantener su fortaleza prominente y segura. Un héroe épico consciente del campo de batalla en el que se encuentra y que sabe que todo estoque, lanza y ballesta son pocos cuando se trata de defender su ciudadela y todo lo que ella comprende y representa.







Comentarios

Un comentario en “El moat de la empresa

  1. Impresionante.