¿Cambiará la mentalidad de la sociedad a causa del coronavirus?

El presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría, Javier García, sobre la pandemia: "Espero que seamos conscientes de que se podría repetir"

Entrevista a Francisco Javier García Monlleó presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología
Francisco Javier García Monlleó, presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología | Foto: Antonio L. Juárez / GD
Rosa NúñezRosa Núñez
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Cargado de títulos atiende a GranadaDigital el doctor Francisco Javier García Monlleó. Este jiennense es el presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología, el presidente de la Comisión de Deontología del Colegio Oficial de Médicos de Granada, y académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Andalucía Oriental. Él es de las personas en la comunidad andaluza que más se preocupa por las personas mayores y, aunque ya está jubilado, sigue siendo un gran comunicador encargado de aconsejar a la población sobre el cuidado de los ancianos.

Pregunta (P): ¿Qué medidas de prevención se deberán tener a partir de ahora en las reuniones en general, y en las que acudan personas mayores, en particular?

Respuesta (R): El pasado año 2020, la pandemia ocasionada por el SARS-COV-2, que ha sacudido a la población mundial, ha ocasionado muchas pérdidas personales, un gran daño emocional, dificultades económicas y pérdida de estabilidad y seguridad. Hasta ahora, la medida más efectiva para prevenir los contagios es mantener la distancia física y la reducción de aforos, hacer uso de mascarilla, el lavado frecuente de manos y la ventilación de los espacios cerrados, al menos, hasta la respuesta de la esperada vacuna.

P: ¿Cree que se está gestionando bien el reto que está dejando el coronavirus en las residencias de mayores?

R: La pandemia por el Covid-19 ha puesto en evidencia determinadas actuaciones en su gestión por parte de las autoridades que han tenido las competencias asumidas, y por supuesto en las relacionadas con la gestión de la atención en las residencias de personas mayores. Ha quedado el resultado dramático que invita a una profunda reflexión, y es que en España ha habido más de 30.000 ancianos que han muerto en residencias por el Covid-19 o síntomas compatibles con la enfermedad. De lo ocurrido en las residencias de mayores y de personas con discapacidad, debemos aprender la lección de que han tenido una escasa o nula atención sanitaria adecuada y que probablemente habrá que tener una vinculación con el sistema sanitario y una gestión unificada sociosanitaria que garantice una actuación a través de planes preventivos y asistenciales capaces de ofrecer la protección de la salud con especial orientación a situaciones de cronicidad y casos como el ocurrido de epidemias. Desde la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología (SAGG), a la que represento como presidente, preocupados por esta situación, y buscando siempre el
objetivo prioritario de nuestra sociedad, que es mejorar la calidad de vida de nuestros mayores en Andalucía, nos planteamos la situación vivida durante la pandemia. ¿Qué se hizo mal? ¿Qué podemos hacer en un futuro para evitar nuevas catástrofes? Lo que tenemos es que ofrecer un sistema de atención mucho más digno para las personas, donde se respeten sus derechos. Nuestros mayores se merecen una atención cualificada, y son los momentos de crisis los que más exigen que estemos todos unidos, y hagamos todos los esfuerzos necesarios para garantizar una adecuada asistencia coordinada Social y Sanitaria. Queremos impulsar la inclusión de la Geriatría en la Sanidad Pública Andaluza. Ahora el coronavirus ha demostrado la importancia mayor aun de la Geriatría, de la valoración geriátrica integral, del abordaje multidisciplinar y coordinado tanto con Atención Primaria como con otras especialidades. Lo vemos como una oportunidad de seguir trabajando para demostrar la necesidad de una asistencia geriátrica especializada.

“Nuestros mayores se merecen una atención cualificada, y son los momentos de crisis los que más exigen que estemos todos unidos”

P: ¿Le parece justo que se achaque la muerte de algunas personas mayores al coronavirus cuando tenían patologías previas?

R: Actualmente, el sentir general entre los médicos es que no está justificado en absoluto hacer discriminación por criterios de edad solamente. La entrega que los sanitarios han mostrado en la atención a los mayores ha demostrado una vez más que el sentido de la responsabilidad de los médicos es muy superior al de los políticos. Todo lo referente a los mayores en esta crisis ha resultado realmente conmovedor e inhumano. Nos va a costar olvidar esta particular tragedia. También, lo que con toda claridad ha puesto en evidencia esta crisis es que las condiciones previas a la epidemia en las residencias de mayores estaban muy lejos de ser las óptimas. Creo que se puede afirmar en términos generales, con las excepciones que haga falta hacer, que el cuidado a los mayores en España es y ha sido hasta ahora, bastante deficiente en lo que seguramente tiene mucha influencia la escasez de personal dedicado a ello. En las residencias de mayores las plantillas son claramente insuficientes. Y esto además de haber trabajado sin protección durante la primera fase de la crisis. Y respondiendo concretamente a la pregunta no es justo que se achaque la muerte de algunas personas mayores al coronavirus cuando tenían patologías previas y viceversa como también ha ocurrido en bastantes casos.

P: ¿Por qué cree que en la primera ola de Covid-19 los más afectados fueron los mayores y en la segunda, los jóvenes?

R: A medida que la pandemia del Covid-19 se intensificaba, los recursos médicos y sanitarios llegaron a ser insuficientes para atender a los mayores. Es posible que se tengan que tomar decisiones difíciles acerca de quién recibe tratamiento médico. Una política de triaje que utiliza un límite de edad superior, por ejemplo, para decidir quién recibe tratamiento médico denegándoselo a cualquier persona mayor de 80 años y, por lo tanto, negándole su derecho en condiciones de igualdad a acceder a los servicios de salud junto con cualquier otra persona menor de 80 años es discriminación directa por edad. Los protocolos de triaje para el Covid-19 deben desarrollarse y basarse en la necesidad médica, la evidencia científica y los principios éticos, como la equidad y la proporcionalidad. Basar las decisiones en cualquier característica no médica, como la edad o el valor social asumido, no es ético y es discriminatorio. En la segunda ola se han incrementado las medidas de prevención y protección en las residencias y sin embargo mucha parte de la población juvenil ha minorizado el riesgo de padecer la enfermedad y ello ha conllevado a descuidar las medidas de protección y de reuniones numerosas que ha dado lugar a esta afectación de los más jóvenes.

P: ¿Cree que la sociedad cambiará de actitud con esta situación? ¿Serán mejores las personas, valorarán más ciertas cosas…?

R: Está claro que los profesionales de la sanidad han dado más del 100 % de su capacidad para superar esta crisis. Hay testimonios impresionantes de nuestros profesionales que se han enfrentado en su labor asistencial a una enfermedad nueva, desconocida, sin protocolos claros y evidentes de tratamiento y actuación, con pluripatología que afecta a múltiples órganos de los pacientes, con desconocimiento de fármacos indicados… Por tanto, creo que la sociedad deberá hacer un reconocimiento, en primer lugar, a nuestros sanitarios, y también hacernos reflexionar sobre nuestras actuaciones de comportamiento, de proteger al medio ambiente, a la naturaleza, a valorar nuestro modo de vida, el medio rural… quizá esto nos lleve a ser mejores personas.

P: ¿Cómo cree que serán los años venideros? ¿Hasta cuándo habrá que mantener las medidas de seguridad?

R: De las crisis se debería aprender siempre. Pero se debería aprender en la práctica y rápido, antes de que se nos olvide, que suele ocurrir, desafortunadamente. Las crisis ponen en evidencia las carencias, las deficiencias, que deberíamos corregir con medidas y modelos adecuados y ajustados a la realidad, aquella que no se atendió en su momento. Las crisis nos deben hacer valorar más lo que tenemos, aquello que no valoramos hasta que lo perdemos, aquello que deberíamos sentir como extraordinario, aunque lo hayamos tenido siempre. Cada uno debe valorar en su responsabilidad y actuar en consecuencia. Estos años próximos tendremos muy reciente esta terrible pandemia y espero que seamos conscientes de que se podría repetir, así que hay que mantenernos alertas y no olvidar las medidas de seguridad que han demostrado ser eficaces; en la historia de las epidemias sabemos que hasta que no hayan desaparecido los casos y los posibles contagios tendremos que mantener las medidas de seguridad y probablemente la vacunación masiva de la población sea el principio del fin.

“Las crisis nos deben hacer valorar más lo que tenemos, aquello que no valoramos hasta que lo perdemos”

P: ¿Cómo es posible que, con la situación tan terrorífica que se está viviendo, haya personas que nieguen la existencia del Covid-19, los llamados ‘negacionistas’?

R: La actitud mantenida por un número impreciso de ciudadanos, entre los que también hay médicos y otros sanitarios, que niegan la realidad de la existencia del virus SARS-CoV-2, negando, así mismo, la amenaza grave y real sobre la salud pública. La explicación, insensata, consiste en atribuir los acontecimientos a un interés socio-económico, de poder y dominio sobre los países, por parte de unos pocos poderosos, con influencias sobre los políticos y los profesionales que siguen designios de la industria farmacéutica. Dicha corriente de opinión está siendo ampliamente divulgada por los medios de comunicación, lo cual está calando en algunos sectores con un peligro importante para la salud individual y colectiva, ya que esta actitud provoca ausencia de medidas de protección y de prevención (mascarilla, lavado de manos, distancia de seguridad…) y hasta rechazo a una posible vacunación y a tratamientos. Desde los Colegios de Médicos se están haciendo actuaciones contra este tipo de actitudes que van en contra de nuestro código de Deontología y que pueden conllevar sanciones por considerarse como faltas graves.

Francisco Javier García Monlleó, presidente de la Sociedad Andaluza de Geriatría y Gerontología | Foto: Antonio L. Juárez / GD

P: ¿Qué piensa de la vacuna, con respecto a la opinión de algunas personas que afirman que no se la pondrán? ¿Usted se la pondrá?

R: Como ya se ha anunciado varias veces, los primeros en recibir la vacuna están siendo los mayores y el personal de las residencias y centros de dependientes desde que llegaron las primeras dosis. A continuación, lo hará el resto del personal sanitario y los grandes dependientes no institucionalizados. En la segunda y tercera fase serán vacunados el resto de los grupos en los que se dividirá la población. El objetivo principal del plan es reducir la mortalidad por el coronavirus en España a través de las vacunas, por tanto, pienso que será fundamental ponerse la vacuna, y en este sentido sí que me la pondré.

P: Cambiando de tema totalmente, el pasado 17 de diciembre se aprobó la Ley de la Eutanasia en España, convirtiéndose España en el cuarto país de Europa y sexto del mundo en el que está permitida. ¿Qué opinión le merece esta ley?

R: Actualmente estoy de acuerdo con la declaración sobre la eutanasia y el suicido con ayuda de la Asociación Médica Mundial, en la que se expresa el total acuerdo con los principios de la ética y el máximo respeto por la vida humana. Es por ello que, el compromiso de la profesión médica al servicio del ser humano y en la sociedad, como dice nuestro Código Deontológico, al respeto por la vida humana, y es un deber del médico aliviar el sufrimiento y eliminar el dolor. El deseo de morir bien es una legítima aspiración de los seres humanos. Este deseo nos obliga a los profesionales de la salud a ayudar a nuestros enfermos a que mueran bien, sin sufrimiento alguno. Los médicos debemos estar preparados para escuchar algo más que una petición de morir, porque para aliviar su sufrimiento debemos hacer un control adecuado y enérgico de los síntomas que le hacen sufrir, por ello, debemos evitar aquellos tratamientos que son inútiles en esa situación clínica y que les
provocarían más sufrimiento que la propia enfermedad. Pero, la eutanasia no es un acto médico, porque nos hemos formado para dar vida, para conservar la salud de las personas y, si no es posible, ayudar a morir en paz.

“Antes de esta ley (de la eutanasia) se debería haber hecho a nivel nacional una ley de Cuidados Paliativos”

P: ¿Por qué cree que ha generado miedo y rechazo en una parte de la población? ¿Cree que se puede deber a un desconocimiento de la ley, a una creencia de que se vaya a utilizar para la mayoría de los casos como una solución fácil a las enfermedades incurables o difíciles de curar?

R: Creo que antes de esta ley se debería haber hecho a nivel nacional una ley de Cuidados Paliativos que garantice de forma integral no sólo los cuidados paliativos y la atención al final de la vida, sino que contemple todos aquellos condicionantes sociales necesarios para proporcionar la mejor asistencia a aquellas personas que padecen una grave enfermedad orgánica o psíquica que le genera gran incapacidad y un sufrimiento insoportable. Por tanto, considero que la profesión médica no puede ni debe permitir, que la causa por la que una persona decida solicitar terminar con
su vida sea la ausencia de apoyo y falta de recursos, porque es intrínseco de la profesión del mismo modo que el defender el derecho a la asistencia sanitaria universal. La ley de eutanasia es innecesaria si no se cuenta con el acceso garantizado a los cuidados paliativos. Es por ello que tenemos la obligación de anticiparnos a los posibles escenarios y reflexionar sobre cuestiones de impacto y consecuencia que esta ley va a tener en el ejercicio de la Medicina, facilitando recomendaciones y medidas para tomar de forma conjunta, en temas como en la objeción de conciencia.







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