De la calle al plato: el aprovechamiento de comida en el mercadillo de Almanjáyar

Cuando los puestos recogen sus tendales y las calles se vacían, los últimos clientes del Almanjáyar llegan para llenar sus cestas de forma gratuita y sostenible

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En el mercadillo de Almanjáyar se puede ahorrar y velar por un consumo consciente | Foto y vídeo: Rafael Muñoz
Mariona Gallardo I Bergés
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El mercadillo de Almanjáyar, también conocido por los granadinos como el 'Mercadillo del Polígono' o 'Marcha Verde', es el más grande de los tres que se celebran los domingos en la ciudad. Este mercadillo situado en la calle de Casería de Aguirre, en la Zona Norte, se convierte el último día de la semana en un encuentro social entre vecinos del barrio y habitantes de toda la capital granadina. De nueve a dos de la mañana la amplia calle se transforma en un animado bullicio de gente que compra, habla e intercambia anécdotas de la semana. Es, definitivamente, un encuentro muy esperado por los vecinos todas las semanas.

Son muchas las personas que cada domingo deciden coger sus bolsas y carros de la compra y dirigirse a la Zona Norte de Granada en busca de las mejores ofertas de fruta, verdura, textiles o complementos de todo tipo. De hecho, al aproximarse a la zona ya se puede percibir que, además del alboroto rutinario, las frutas y verduras de temporada mezclan sus olores con los de la churrería o los bares cercanos, creando así la representativa atmósfera dominguera de Almanjáyar.

Lo que muchos no saben es que este icónico mercadillo no solo sirve como lugar de compra venta de productos, sino que además tiene otra función mucho más desconocida, sostenible y económica. Esta es la del aprovechamiento y reciclaje de comida.

Conseguir plátanos, berenjenas, aguacates o tomates por un precio de cero euros es posible en Almanjáyar, solo hay que saber cuándo y dónde ir. Sobre las dos del mediodía, cuando el sol ya empieza a hacerse notar y las paradas del mercado empiezan a desmontarse, aparece una segunda ola de clientes a la calle Casería de Aguirre. Con diferencia a la primera tanda que buscaba ofertas y precios bajos, estos clientes vienen a conseguir comida que de otra forma se desperdiciaría, y todo ello sin pagar nada a cambio.

Estudiantes, madres y padres de familia, viajantes y muchas otras personas llegan al mercado con sus cestas vacías y con la intención de llenarlas de provisiones que les durarán toda la semana, sino más. Ya conocen el funcionamiento: preguntar a los vendedores cuáles son las frutas y verduras que no se han vendido o ir directamente a las cajas dispuestas en el suelo, seleccionar los productos que más les interesen, y aprovecharlo todo para hacer los tuppers para toda la semana.

GranadaDigital ha podido adentrarse entre las paradas del mercadillo y conocer un poco más a sus vendedores y a sus clientes, quienes han contado sus experiencias y opiniones acerca del mercadillo y de su función, un poco más desconocida, de aprovechamiento de comida.

Ahorro y sostenibilidad se juntan todos los domingos en la Zona Norte de Granada

Daniel, un vendedor de fruta y verdura que lleva viniendo al mercado más de 15 años, comenta que esta práctica lleva ocurriendo casi desde siempre, "para tirarlo pues que lo aprovechen ellos" dice, y explica que esto mismo también ocurre en muchos otros mercados. María, que trabaja en el mismo puesto, añade que "es una pena que tiremos muchas veces fruta en buen estado", "lo que no utilizamos nosotros pues que al menos lo puedan aprovechar". Incide en que aunque siempre ha visto a gente que aprovecha la comida últimamente siente que el número ha aumentado.

Entre cajas de tomates y mandarinas, Ismael nos cuenta que él recicla comida en todos los mercados cuando viaja y que "es una lástima que todo esto se tire a la basura, es el excedente del sistema". Dice que esto es algo que "nuestros abuelos ya hacían, pero se ha ido perdiendo", y explica que, por ejemplo, esta semana se hará un "gazpachito" ya que ha podido aprovechar muchos tomates.

Rafael, vendedor de otro animado puesto de fruta, asegura que le "parece estupendo" pues, "para no llevárnoslo a casa lo dejamos aquí y la gente se lo lleva, así se recicla y se aprovecha". Al lado de la parada ya desmontada de Rafael, Cris nos cuenta que viene a reciclar comida casi todos los domingos y que aunque el motivo principal es "vivir con el menos dinero posible" también lo hace para "aprovechar toda la comida que se tira, que son kilos y kilos de comida que está rica" dice, y hace hincapié en que "en Granada siempre ha habido mucho reciclaje de alimentos".

Miguel, "el de las flores", dice que hay una gran cantidad de estudiantes que vienen a buscar comida al final de la mañana y que incluso a él le regalaron tres bolsas de manzanas la semana pasada "y las fui regalando". "Me parece de maravilla, aquí no se tira nada" comenta con una sonrisa mientras los vendedores ya ponen punto y final a sus jornadas. Por otro lado, Adora, una vendedora senior del mercadillo, cuenta convencida que "la gente viene aquí por falta de recursos económicos" y que mientras que "casi todos son estudiantes" también vienen "otras personas a quien les hace falta".

Pasear por el mercadillo a las diez de la mañana y hacerlo a las dos de la tarde no tiene nada que ver. Mientras que a primera hora abundan los andares tranquilos y la búsqueda de productos específicos, a última hora las exigencias se desvanecen y los que llegan al mercado lo hacen con la mente abierta a encontrar cualquier tipo de verdura o fruta que les pueda salvar la semana.

Entre las calles ya vacías, Camila explica que es "madre soltera y artesana" y que actualmente se encuentra sin ingresos. "No tenemos ningún remedio así que vengo aquí a reciclar" expone. Comenta que igual que ella, hay muchas personas que se encuentran en situaciones similares y que "ya que las instituciones no me dan respuestas ni ayudas" se ve obligada a conseguir comida de esta forma. Cinco metros más atrás, Cecilia y Elena, que acaban de finalizar sus estudios, dicen que intentan venir todas las semanas "en parte para ahorrar y también porque hay cantidades de comida muy grandes que se tiran cada semana". Ellas llevan más de cuatro años viniendo y explican que cada vez es una práctica más usual. Aparte de reciclar, cuentan que también aprovechan para comprar en los puestos ya que "los precios están muy bien", y finalmente añaden que esa misma tarde cocinarán ya que "lo intentamos cocinar hoy o mañana y congelarlo para poder tenerlo para toda la semana".

Por último, Susana, que lleva "toda la vida vendiendo", cuenta mientras atiende a una clienta que el perfil de la gente que aprovecha comida es de "más bien jóvenes" y que ella lo ve ya que "después de que nos vamos cogen todo lo que queda". Así es que Miguel, un joven que viene varias veces al mes a buscar comida, explica que "la subida de precios acaba influyendo" y que "todo está un poco apretado". Como la mayoría, él también hará gazpacho para toda la semana ya que "tomates, ajo y cebolla siempre hay".

De esta forma, y con los puestos del mercado acabando con su jornada del domingo, los últimos visitantes también se marchan a casa, donde seguramente pasarán la tarde cocinando tartas de plátano, lasañas de berenjena o el gazpacho y salmorejo que tanto triunfan. Son muchas las personas que los domingos se acercan al Almanjáyar a reciclar comida, ya sea para ahorrar, para evitar el desaprovechamiento o por necesidad. Así se despide el mercadillo de Almanjáyar hasta la próxima semana, cuando la operación de aprovechamiento se repetirá, ayudando así no solo a los bolsillos de los ciudadanos sino también a la sostenibilidad del planeta.