El antiguo convento de Santa Paula, un mural sempiterno para las pintadas en el centro de Granada

Datado del Siglo XVI y ahora convertido en un hotel, este edificio declarado Bien de Interés Cultural se ha convertido en uno de los principales lugares de reclamo para el grafiti del casco histórico

Semaforo de la calle Molinos en El Barrio del Realejo
En la imagen, la fachada del antiguo Convento de Santa Paula, ahora convertido en hotel | Foto: Antonio L. Juárez
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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El antiguo convento de Santa Paula es uno de los lugares más históricos más longevos del centro de Granada. El monasterio, hoy convertido en hotel, fue rehabilitado ahora hace más de 40 años. Su fachada principal, la que da a la recepción del hotel en Gran Vía se ha convertido en un lugar recurrente y reconocido por el turismo foráneo.

Sin embargo, la fachada de lo que antes era la antigua iglesia, la que callejea por el propio barrio del Boquerón, es desde hace años un “mural” cada vez más evidente para las pintadas y grafitis, lo que ha provocado cada vez con más intensidad las quejas de varios vecinos que califican de “bochornoso” y de “vergüenza absoluta” la situación en la que se encuentra este edificio protegido con la máxima distinción desde la Junta de Andalucía, algo que, por otra parte, ya se repite en no pocos lugares del centro histórico de Granada, como es el caso de Multicines Centro o el Carmen del Negro, ambos catalogados, pero con circunstancias diferentes cada uno.

En lo que sí coincide con el caso del antiguo Multicines es que en este caso hablamos de un edificio privado, cuya limpieza dependería, en todo caso, del propietario. Coincide además el caso con el estado del Boquerón en general, con las quejas por la limpieza generalizadas y con un consenso amplio con respecto a la necesidad de limpiar y rehabilitar tanto las fachadas como varios de los edificios lo componen.

Fondos Edusi

Pintadas en el monasterio de Santa Paula | Foto Antonio L Juárez

Para este tipo de casos, el Ayuntamiento solicitó fondos europeos para llevar a cabo acciones a este respecto. La solicitud se llevo a cabo en 2015, con el gobierno de Torres Hurtado aún el poder. Concedidos en la etapa de Paco Cuenca y el gobierno socialista en el consistorio, los fondos no se han llegado a utilizar ni para Santa Paula, ni para el ningún otro edificio, una circunstancia que podría causar no pocos problemas en el futuro del patrimonio de la ciudad, tal y como apuntó hace un mes el concejal de Ciudadanos Manuel Olivares . Este alertó en una comparecencia el pasado 13 de septiembre sobre el riesgo que existe de pérdida de estos fondos, dada “la dejadez de actuaciones y la falta de planificación de uso por parte del anterior equipo de gobierno”, según apuntó él mismo.

La “inacción” precisamente parece la principal preocupación de los vecinos del Centro de Granada, que aunque en parte quitan responsabilidad al hotel, al que algunos ven como “víctima”, insisten en la necesidad de acabar con unas pintadas que vuelven por mucho que se limpie. “Quien sea pero que se cuide” apuntan.

Un edificio con una historia de más de cinco siglos

Pintadas en el monasterio de Santa Paula | Foto Antonio L Juárez

Construido en el siglo XVI alrededor de una zona de vega, ha tenido a lo largo de su vida muy diversas circunstancias, normalmente acotadas al momento político que la Iglesia vivía en el país. Desde que viera la luz en 1543, con la llegada de las primeras monjas, o durante los siglos frente a las Cárceles Secretas de la Inquisición, la vida en el convento fue relativamente tranquila sin muchos sobresaltos hasta 1835, cuando se proclamaron las leyes que suprimían los conventos y se daba orden de la exclaustración de los mismos.

Quizás las dos desamortizaciones del XIX no fueron de tanta relevancia, si pensamos en el incendio de 1932 con la llegada de la República o la voladura de portón meses más tarde. La cuestión es que finalmente el lugar, con toda su historia detrás, se estipuló como Bien de Interés Cultural en 1983 y así quedó declarado, al poco de ser adquirido por el Hotel AC, que se encargó de rehabilitarlo.

Parte de las obras que albergó y algunos edificios colindantes que llegó a tener fueron destruidos, como suele ocurrir en estos casos, lo que no impide que siga considerándose como una de las pruebas arquitectónicas de una de las épocas doradas de la cultura granadina.





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