Martes, 25 Julio, 2017

            

Tres de cada diez escolares beben sin control los fines de semana | VÍDEO

En 2015, cerca de 60 jóvenes de Granada recibieron terapia en Proyecto Hombre para dejar de consumir drogas

Una menor se rellena una copa con alcohol | Autor: ANDINA/Difusión
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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Parece que Granada se está descosiendo la etiqueta que la designaba como la ciudad del botellódromo. El ayuntamiento de la ciudad, tras presión política y ciudadana, ha decidido quitarle protagonismo a ese espacio, reducirlo a un segundo plano y llevarlo al fin de sus días antes de que finalice este verano.

El botellódromo de Granada ha conseguido llevar un problema que habitaba cada fin de semana en toda la ciudad a un punto en concreto. Ha solucionado, en parte, amaneceres sucios en las calles de la capital, pero se ha ganado el descontento de vecinos de las calles colindantes a este espacio y, otro problema mayor, que entre esa mole de jóvenes que consumen alcohol, hubiese algún que otro menor camuflado. En ese recinto, pocas veces se ha visto a la policía pidiendo el carnet de identidad.

Cuándo nos dicen que un joven de 17 se ha pillado el ‘pedo de su vida’ ¿nos extrañamos? Lo cierto es que el consumo de alcohol entre menores se ha normalizado. Después del tabaco, el alcohol parece ser la droga más aceptada por la sociedad, y así se refleja en su consumo.

La delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas llevó a cabo en 2015 una encuesta estatal para conocer las tendencias de consumo de drogas entre los estudiantes de enseñanzas secundarias de 14 a 18 años de edad. El formulario ha sido contestado por cerca de 40.000 estudiantes y los resultados arrojan que ha descendido el consumo de todas las drogas respecto años anteriores aunque eso no quiere decir que los datos sean positivos.

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El alcohol y el tabaco, seguidos del cannabis siguen siendo las drogas más consumidas por los estudiantes españoles. Le siguen, por este orden, hipnosedantes, cocaína, éxtasis, alucinógenos, anfetaminas, inhalables volátiles y heroína.

Hay una reducción del consumo intensivo de alcohol (las borracheras) aunque la encuesta apunta que la prevalencia sigue siendo muy alta: ocho de cada diez escolares ha bebido alcohol alguna vez. El 68% afirma que ha bebido en el último mes. Y otro dato más: tres de cada diez escolares tiene un consumo de riesgo durante los fines de semana, es decir, beben sin control.

Respecto a la pregunta de ‘¿Cuándo fue la última vez que participaste en un botellón? Casi el 60% afirma haber asistido alguna vez en los últimos 12 meses.

Otro dato interesante que saca a la luz esta encuesta es que los estudiantes perciben el alcohol como la sustancia menos peligrosa. Es más, consideran que el tabaco es más peligroso que el cannabis. El consumo de tabaco desciende en este sector de la población. Aun así, en el último año 137.000 escolares de entre 14 y 18 años empezaron a consumir tabaco.

El cannabis es la droga ilegal consumida por un mayor porcentaje de jóvenes aunque, por suerte, ha bajado dos puntos porcentuales en el apartado de ‘consumo problemático’, es decir, cuando del tonteo de los porros se pasa a la dependencia.

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Unas chicas se ‘lian un porro’ | Autor: narcononopiniones.com

3.500 € PARA CANNABIS

-¿Con qué nombre quieres figurar en el reportaje?-, le preguntamos a un chico granadino con problemas con las drogas que aguarda en silencio al otro lado del teléfono. -Me da igual-, responde. Así que en este reportaje le llamaremos Ismael.

Ismael tiene 18 años y lleva en terapia de Proyecto Hombre cerca de un año. A los 14-15 años empezó a tontear con los porros. A los 16 nos reconoce que “fumaba mucho”. Hoy día nos confiesa que lleva casi medio año lejos de esa droga, que si acaso se echa un par de tercios con los amigos o un cubatilla, “pero nada más”.

Ismael robó en casa 3.500 euros para costearse el cannabis. Por suerte o por desgracia para él, le pillaron. Esa fue la gota que colmó el vaso en su familia, cansada y destrozada por la actitud de este joven. Pero lo más importante, ese fue el engranaje que activó la máquina de la conciencia de Ismael. “Supe que tenía un problema”, nos confiesa por teléfono. Ismael era consciente del daño que estaba ocasionando a su familia y, sobre todo, a su madre. “La iba a matar si seguía por ese camino”, reconoce Ismael con la memoria puesta en el pasado reciente.

Le preguntamos qué le ha llevado a consumir esta droga. “No sé… Yo que sé…” y entre los sus rodeos, encontramos la respuesta difuminada: “te vas con los amigos y todos fuman, y no sé, pues fumas tú también”.

ACEPTACIÓN SOCIAL, MAL EMPLEO DEL TIEMPO LIBRE O FALTA DE AUTOESTIMA
SON ALGUNOS FACTORES QUE INVITAN AL CONSUMO DE DROGAS ENTRE LOS JÓVENES

“Los factores de riesgo son los grupos de iguales”, nos explica Ramón Ariza, un terapeuta que trabaja con estos jóvenes en Proyecto Hombre de Granada, quien nos atiende junto a Miguel Ángel Márquez, coordinador del programa para jóvenes, en una de las salas del edificio.  Muchos de ellos consumen por la presión de grupo, el mal empleo del tiempo libre, ausencia de normativas en el núcleo familiar, falta de autoestima y, sobre todo, por aceptación social. En Proyecto Hombre se escucha muy de vez en cuando la excusa de “Como mis amigos lo hacen…” o la de “en mi pueblo, todos los de mi edad fuman”; así que parte de la terapia para ‘sacar’ a estos chavales de las drogas se basa en que se mantengan fuera de ese círculo. “Tienes que hacerles ver que ese es parte del problema y que sean ellos los que tomen la decisión porque si tú les dices “deja a tus amigos”, ten por seguro que no volverá”, nos detalla Ramón.

Dada la demanda, Proyecto Hombre decidió abrir en 2013 un programa especial para jóvenes. Hay dos grupos definidos. Uno para jóvenes menores de edad, de entre 14 y 18 años; y, en segundo lugar, otro para jóvenes de entre 18 y 24 años, denominado ‘PREVIA’, que significa Preparación para la Vida Adulta. “En este grupo están los chicos que se encuentran más confusos porque no tienen perspectivas de trabajo, han abandonado sus estudios o se ven inferiores respecto a otros amigos”, nos explica el coordinador del Programa Joven de Proyecto Hombre.

La diferencia entre ambos grupos es que, por lo general, los menores no identifican que tienen un problema y vienen por decisión familiar y, los mayores, empiezan a ser conscientes. “Hay quienes proponen no emborracharse y al final se emborrachan, por lo que se dan cuenta de que tienen un problema y vienen”, ejemplifica el terapeuta.

En este punto del reportaje hay que dejar claro que Proyecto Hombre no trabaja en la rehabilitación de estos jóvenes porque, según nos explica el coordinador, la mayoría de ellos no son adictos. “Tienen problemas de consumo pero no llega a adicción”, matiza Miguel Ángel, quien prefiere denominar el trabajo con estos jóvenes como “intervenciones educativas”, con una parte terapéutica para incentivar el cambio a nivel cognitivo. Durante 2015, cerca de 60 jóvenes pasaron por estos programas. Actualmente hay unos 20, y todos ellos han admitido regentar el botellódromo.

“LOS JÓVENES ACUDEN CON ACTITUD NEGATIVA PORQUE CREEN QUE ES UN SITIO PARA YONKIS”

“YO QUE HAGO AQUÍ”

El 90% de los que atraviesan las puertas de Proyecto Hombre lo hacen con una actitud negativa porque consideran a esta asociación como un “sitio para yonkis”. Hay más negatividad, sobre todo, entre los que consumen marihuana y hachís, quienes suelen venir por un ultimátum dado por sus propias familias en la mayoría de los casos. “Pero conforme pasa el tiempo y avanzan en el tratamiento empiezan a aceptar que están trabajando para conseguir unos objetivos que, a la larga, les va a beneficiar”, explica Ramón.

Ganarse la confianza. Con esa base funcionan los trabajadores de Proyecto Hombre para conseguir resultados con estos jóvenes. “Con un adulto neutral, fuera de su círculo familiar, sí son capaces de tener un carácter más autocrítico, y empiezan a recapacitar y pensar que lo que están haciendo no es tan bueno como ellos pensaban”, nos manifiesta Ramón para que entendamos el proceso.

“Son personas contestatarias, pero, a la vez, desean que se las tengan en cuenta. Por eso, cuando le das una responsabilidad, no se sienten juzgados. Marcamos normas, horarios, responsabilidades para eso”, profundiza.

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Jóvenes hacen botellón | Autor: generaccion.com

“ARRÉGLAME A MI HIJO”

Como hemos contado, en la mayoría de los casos, estos jóvenes no acuden por iniciativa propia al centro. Los padres se ven afectados notablemente por esta situación que en ocasiones les supera. No son pocos los que se sienten desbordados y buscan ayuda.

A raíz del Programa Joven, Proyecto Hombre abrió su Escuela para padres y madres. Se trata de, en un año, dotarlos de recursos que les facilite el ejercicio de su parentalidad.

Granada Digital se ‘cuela’ en una de estas sesiones. En una sala del edificio, formando un medio círculo con las sillas, van llegando algunos matrimonios y padres y madres que acuden por separado. El tema en el que gira la sesión de hoy será la “solución de conflictos”.

“AQUÍ NO QUEREMOS SÚPERMADRES Y SÚPERPADRES”

-¿Pensáis que la negociación es una herramienta útil?- lanza la voluntaria que imparte el taller. A través de PowerPoint que definen el tipo de negociación que se pueden dar en el núcleo familiar, debaten sobre este asunto porque en la teoría parece más sencillo, pero en la práctica y en la realidad de cada hogar surgen dudas a la hora de negociar con los jóvenes. “Rara vez vais a tener la sensación de hacer las cosas de forma perfecta”, interviene Miguel Ángel e invita a los padres a que pongan ejemplos. “Él quería salir y yo no lo dejaba porque era tarde”, relata una madre. “Por no llegar otra vez a los gritos y a las voces, me quité de la puerta y le dejé salir”, asegura esta mujer quien siente que a la hora de negociar con su hijo ella “pierde” porque él mentalmente es más fuerte. Otra madre interviene: “Por experiencia, si eres constante con las negociaciones, se suele conseguir algo”.

Minutos antes de esta sesión, Miguel Ángel nos cuenta que padres y madres acuden con una gran carga de culpa. “Aquí no queremos superpadres y súpermadres sino que cada uno encuentre en su conciencia la seguridad de que lo que están haciendo por su hijo o hija es lo que él o ella necesitan. La actitud lo define todo. Cuando contribuyes al cambio de tu hijo, te dotas de técnicas, la actitud va a cambiar y vas a dejar de lado el derrotismo, la culpabilidad, la frustración y el dramatismo”, explica.

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Jóvenes en la fiesta de la primavera de Granada | Autor: Archivo GD

SU PADRE LE DENUNCIÓ

A esta Escuela de Padres asisten Antonio y Pepita (tampoco son sus nombres reales). Su hijo, que ahora tiene 21 años, empezó a fumar porros a los 14 años. A Luis, que así llamaremos a este joven, le cambió la actitud y un “zorra” a su madre, cuando ésta le descubrió un chivato de cannabis y se lo tiró, encendió la luz de alarma en aquella casa.

El olor a porro en su cuarto y en su ropa confirmaba que Luis no solo estaba pasando cannabis sino que también fumaba. La situación se agravó cuando este joven le pegó a un compañero de clase. Su madre, Pepita, pidió por favor a los padres del muchacho agredido que lo denunciasen para que le sirviera como toque de atención y así fue. Fue al juez de menores. Pero parecía no ser suficiente porque Luis había decidido cambiar por completo con su padre. Del amor pasó a un sentimiento de odio hacia Antonio, al que llegó a amenazar en varias ocasiones. Creo tanta tensión en casa, con su hermana pequeña de por medio, que este padre decidió denunciar a su propio hijo. “Sí, tuve que hacerlo. Me lo recomendó el juez de Menores para tenerlo más controlado y estuvo un tiempo en libertad vigilada”, nos relata Antonio.

“ERA MI ÚLTIMO CARTUCHO. QUERÍA VER SI ASÍ CAMBIABA DE ACTITUD”

La situación se controló algo cuando Luis decidió marcharse a estudiar un FP de Cocina en otro municipio granadino. Fue una época de idas y venidas ya que Luis volvía a su pueblo los fines de semana y salía con su círculo de amigos, y alguna que otra vez consumía. Tras acabar sus estudios regresó y estuvo trabajando en una cocina de un bar del pueblo. “Y como ya tenía dinerito pues lo destinaba a sus vicios”, nos explica su madre, quien manifiesta que Luis ya apenas fumaba cannabis pero le había dado ahora por consumir alcohol. Una temporada el joven se fue de casa y pidió volver cuando vio qué significaba la palabra independencia; y otra temporada, fueron Pepita y Antonio los que decidieron echarle de casa. “Era mi último cartucho. Quería ver si él tocando fondo, viendo las facilidades que tenía en casa, era capaz de cambiar su actitud”, confiesa esta madre. Fue en esos días cuando la Guardia Civil encontró a Luis tirado en el suelo borracho. “Creo que ahí fue cuando se dio cuenta de que tenía un problema grave”.

Han pasado seis meses desde que Luis, Pepita y Antonio entraron juntos por la puerta de Proyecto Hombre, un lugar que este matrimonio reconoce que les ha ayudado bastante, donde han encontrado apoyo y consejos. Luis, por su parte, ha progresado. Ha retomado sus estudios y en su casa acepta e intenta cumplir unas normas de convivencia que se han marcado – ¿Confiáis en él? – le preguntamos a Pepita. Y responde con un suspiro inquietante. “Han sido tantas veces las que hemos confiado en él y luego… que ya nos cuesta” (Pepita hace una pausa y esboza una sonrisa) …”pero sí, voy confiando en él. Quiero confiar en él”, añade esta mujer.

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