Lunes, 23 Octubre, 2017

            

Siria: La mayor huida del siglo XXI

Muchos han intentado resistir en Siria y finalmente se han visto obligados a huir. Son familias debilitadas por el conflicto y sin ningún tipo de colchón económico. Los países colindantes alojan a la mayoría de los refugiados



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Cuando pasen los años y se mire al principio del siglo XXI, de entre todas las guerras habrá una que destacará por el devastador efecto que tuvo sobre millones de personas: Siria. Ya hay más de 3,2 millones de refugiados y 7,6 millones de personas que han escapado de la violencia dentro del mismo país, según datos de la ONU. En total, más de diez millones personas han huido de los combates y las bombas. Es el mayor movimiento de población desde hace décadas.

Este año, todo lo que podía ir mal ha ido aún peor. Ya se cuentan más de 200.000 muertos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Por falta de financiación, el Programa Mundial de Alimentos (PAM) ha suspendido la ayuda que proporcionaba a más de 1,7 millones de refugiados, justo ahora que llega el invierno. Se habla de la fatiga del donante, pero los que realmente están extenuados y abatidos son los sirios, sobre todo los civiles: quien pudo huir ya lo hizo, y los que ahora salen del país se hallan en una situación de extraordinaria vulnerabilidad.

Muchos han intentado resistir en Siria y finalmente se han visto obligados a huir. Son familias debilitadas por el conflicto y sin ningún tipo de colchón económico. Los países colindantes alojan a la mayoría de los refugiados.

En Líbano, un país con una población de menos de seis millones, se hallan más de 1,14 millones de refugiados sirios. Esto supone un tremendo debilitamiento de los sistemas de salud de la región y una enorme presión social y económica sobre las comunidades que acogen a los refugiados.

EUROPA MIRA HACIA OTRO LADO

Mientras muchos de estos refugiados miran a Europa como último destino donde conseguir refugio y quizás poder empezar una nueva vida, Europa mira hacia otro lado: el esfuerzo conjunto de los países de la UE no sirve ni siquiera para acoger al uno por ciento de los refugiados sirios.

Uno de estos casos es el de Mahmud*, a quien conocí el verano pasado en un pueblo fronterizo entre Siria y Turquía. Mahmud es un palestino que se había refugiado en Damasco con su familia, huyendo de una de las múltiples guerras que vivió en su país. Ahora ha tenido que volver a huir, temporalmente a Turquía, escapando esta vez de la guerra civil siria.

Y, probablemente, este no será su último desplazamiento. Su única esperanza ahora es poder alcanzar los países del norte de Europa, donde quizás pueda encontrar asilo y trabajo. Mahmud está ya a la espera de una llamada de su “contacto” en la red de inmigración ilegal para empezar su viaje hacia Europa.

LA VIOLENCIA CONTINÚA

El drama de estos millones de personas ha quedado enmascarado por los movimientos geoestratégicos en la región. Mientras, la violencia contra la población continúa. Este año los bombardeos indiscriminados contra civiles se han reproducido en varios puntos del país, con especial virulencia en la ciudad de Alepo, donde se estima que todavía más de 200.000 civiles podrían vivir en la zona este de la ciudad, controlada por los grupos de oposición.

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