Miércoles, 29 Marzo, 2017

¿Seguro que tiene que gobernar Rajoy?

Rajoy, tras ganar las elecciones
Pedro Vaquero del Pozo | @pedrovaquero


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Antonio Gutiérrez dice en El País (5/7/2016) que tendría que gobernar una coalición compuesta por PSOE, Podemos y Ciudadanos.  Según esta propuesta los que nos hemos lanzado a decir que debe gobernar el PP, nos hemos precipitado. Tan abrumados estábamos por el desinfle de la noche electoral en que supimos que Unidos Podemos no iba a subir ni un solo diputado, que caímos en el comentario ambiente creado por la euforia del PP, los comentarios de los medios de comunicación y las primeras impresiones de los líderes de los partidos, excepto por la catatónica reacción de Unidos Podemos.

Han pasado casi dos semanas desde el 26-J y seguimos bajo el síndrome del vuelco conservador de los electores. Que si el miedo, que si el Brexit, que si los fallos en la confluencia Podemos-IU, que si la mala gestión del 20-D o parte de un Podemos bisoño… La búsqueda de las razones de la frustración de la izquierda no mueve molino. Hay que mirar hacia la gente en su porvenir. Antonio Gutiérrez ha elegido bien el momento de lanzar su incógnita. Porque ni la recuperación del PP ha sido tan grande (veremos a ver si logra reunir la mayoría suficiente para obtener la investidura) ni el desplome del voto de izquierdas ha sido tan grande como para dejar pasar una oportunidad histórica como la que surgió del 15-M y sus epígonos. Pablo Iglesias ha echado sus cuentas y piensa que si el PSOE quiere, todavía hay una mayoría parlamentaria para investir a Pedro Sánchez al frente de un gobierno pogresista.

Mirar a la gente en el futuro nos obliga –ahora que aún estamos a tiempo- a ponernos en la tesitura de imaginar los próximos cuatro años gobernados por Rajoy. No hace falta demasiada imaginación para ver cuáles van a ser las prioridades del futuro neoliberal que nos espera: seguir las políticas económicas que nos dicte una UE marcada a sangre y fuego con el síndrome del ajuste, en una coyuntura de un desplome de crédito en el contexto político internacional por el Brexit y el auge de los países con partidos antieuropeos, y con la necesidad de ahorrar parte de su preciado presupuesto.

Lo primero que piensan acometer es otro ajuste del modelo de las pensiones públicas. Ya se han cargado un 60% de los 66.500 millones que tenía el fondo de reserva de la Seguridad Social. Y los más agoreros politólogos piensan que a finales de 2017 se agotará dicho fondo. Es cierto que con una población envejecida el problema demográfico se agudiza. Pero no es cierto que la única vía sea reducir las pensiones, empeorando su cuantía y las condiciones de su percepción. Lo que hay que cambiar no es el modelo del sistema público de las pensiones, sino el modelo del mercado de trabajo y el modelo económico del crecimiento indefinido de las desigualdades por una acumulación. Es el proceso de expoliación por acumulación del capital el que hay que cambiar, aunque sea poco a poco. Empezando por un sistema fiscal más justo, siguiendo por la derogación de las reformas laborales que han permitido salarios de miseria y expolio del fondo de reserva. Pero también hay que cambiar el modelo productivo que permita volver al casi millón de jóvenes talentos que han tenido que irse de España a buscar trabajo en otros países, y el de acogida de nuevos inmigrantes que rejuvenezcan nuestra población y nuestro mercado de trabajo.

Un gobierno progresista debe asentarse sobre la base de priorizar estas cuestiones, empezando por hacerles devolver a los corruptos todo el dinero que han evadido a paraisos fiscales. Simplemente con acabar con la corrupción nuestra actual situación de crecimiento insuficiente podría empezar a respirar. Las arcas públicas tendrían incluso dinero suficiente para corregir el déficit e ir pagando parte de la deuda acumulada (parto de la base de que un gobierno no de izquierdas tendría que pactar unas medidas inscritas en el marco de la disciplina fiscal exigida por Bruselas, eso sí, renegociada para permitir mayor holgura presupuestaria para acometer programas sociales que erradiquen las situaciones de riesgo masivo de exclusión social).

Dejar este panorama en manos de Rajoy puede ser una irresponsabilidad. Visto el panorama desde el ombligo de los partidos (PSOE, Unidos Podemos y sus confluencias, Ciudadanos, ERC, PNV, Bildu) lo más cómodo y conveniente puede ser pasar a la oposición sin intentar ponerse de acuerdo en ofrecer una alternativa. Pero visto desde los intereses del pueblo, pasar a la oposición sin intentar concertar un programa de gobierno medio progresista, puede ser un terrible e imperdonable error.

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  1. Los momentos históricos favorables a la izquierda se producen en las grandes crisis economicas. Pasados estos álgidos momentos tardarán mucho tiempo en volver y no habremos avanzado nada, al revés, otro retroceso. Hemos jugado al todo o nada. El todo o nada es para los momentos revolucionarios por agotamiento de sistema.