Sábado, 16 Diciembre, 2017

            

¿Que ha traído Harry Potter a España?

“Eh héroe se sacrifica por algo... ahí está la moralidad del asunto”

Imagen remitida
Carmen Salinas


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El pasado día dieciocho acepté uno de esos regalos con los que nos obsequia Granada ciertos sábados de invierno. No es mi intención referirme hoy a la temporada de teatro de Isabel la Católica, pero, he de reconocer, que me supone un esfuerzo. Ello así porque tenemos la inmensa suerte de contar con una de las mejores programaciones que, en lo que se refiere a bambalinas, asila este país. Reservo el Café Suizo (el de siempre, en la Acera del Darro) exclusivamente para mi prólogo del teatro: ceremonia obligada antes de que empiece la función es tomar un té aquí (como no tienen leche de soja no puedo abrigarme con un café, aprovecho para reivindicarla una vez más).

Como les decía, el pasado sábado aguardaba el comienzo de Héroes (adaptación de Le Vent Des Peupliers, de Gérald Sibleyras) en lo que ojeaba una magnífica edición de Austral Básicos de Hojas de hierba, de Walt Whitman (2,95 euros; sí, sí, como lo oyen, adquirida por una servidora en nuestra fabulosa librería Babel), y una señorita me sacó de la narcosis en la que suelo vivir el 90% del tiempo: había dejado, con muy malas formas (todo sea dicho), un pequeño flyer a mi lado.
¿No les resultan exasperantes las sobredosis de realidad? Yo no las soporto, pero, afortunadamente, no se trató de una de ellas: el gancho de la publicidad era Harry Potter, The exhibition. ¡Harry Potter!

Tengo dos preciosos sobrinos, Álvaro y Paula, en los que pensé de inmediato; no obstante, tuve que rechazar la idea: aún son demasiado pequeños para llevarlos a Madrid y que aguanten los 1.400 m2 de recorrido mágico que alberga la exposición, con una tía mucho más infantil que ellos, además (afortunadamente tampoco lo necesitan, si conocieran ustedes a mis sobrinos sabrían lo que es la verdadera magia).

Fue la reflexión la que me hizo decidirme a escribir hoy esta columna: relacioné, mecánicamente, a Harry Potter con los niños, sin embargo y con rapidez reconocí el error: conozco a muchísimos adultos que se declaran fans de este personaje y su mundo, entre los que me encuentro, y esta saga que bate récords de ventas no conocidos en la historia es adquirida, con holgura, por un público más que maduro.

¿Qué tiene Harry Potter para conseguir colmar el interés del auditorio adulto siendo un personaje concebido para niños y adolescentes? La respuesta tiene nombre y apellidos, pero no se corresponden con los de J.K. Rowling, si no con los de Joseph Campbell.

A este neoyorquino nacido en 1904 pueden dedicársele, literal y literariamente, todos los halagos de los que dispone la lengua. Creo que la mejor manera de apilarlos es destacar su generosidad: Joseph Campbell fue uno de esos escritores, tan especiales como escasos, que nos ayudan a otros escritores a aprender a escribir. No conciban ustedes al autor (al artista, en general) como un genio signado por los hados que vomita literatura sin más herramientas que su prodigiosa alma de poeta y su pluma mágica (de hecho, desconfíen ustedes de aquellos prosistas que se sienten así, les habla la experiencia y el aburrimiento que genera en mí la pedantería de las estrellas estrelladas): el escritor nace (con la vocación de contar), pero no nace sabiendo escribir. Este es un trabajo muy arduo (para aquellos que asumen la responsabilidad que tienen con el público, por supuesto, los hay que así no lo consideran y bien nos lo demuestran en sus letras), una labor increíblemente dura para la que no hay una formación específica y oficial: no existe una carrera universitaria para ser escritor, los que nacemos con la naturaleza del narrador tenemos que buscarnos la vida, si me permiten la expresión, para aprender a hacerlo. ¿Cómo nos educamos los escritores para escribir entonces? Principalmente, leyendo. Es la docencia primordial con la que contamos, el norte que al que nos dirige la brújula de esa alimaña (en palabras de Cortázar), o de esa tenia (en palabras de Vargas Llosa -sospechosamente idénticas-) que nos posee y nos da la orden de escribir para subsistir en un mundo en el que no podemos hacer otra cosa.

Sin embargo, a veces (pocas) nos encontramos con regalos que nos hacen avanzar a pasos de gigante. Imagino a J.K. Rowling descubriendo El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces, 1949) del maestro Campbell e iluminando su bombilla (déjenme imaginarlo así, por favor, no me saquen de mi inocencia y me obliguen a pensar cosas raras en las que no quiero pensar).
En esta obra maestra que nos guía a los escritores podemos leer el conocido “viaje del héroe” y descubrir a Harry Potter en cada una de sus etapas. Pero no solo al mago, piensen ustedes en otras obras como El Señor de los Anillos (Tolkien), La Guerra de las Galaxias (George Lucas) o cualquiera de las series que están viendo en la actualidad (me permito la licencia de mezclar la literatura con el cine por su constante migración). Aviso spoiler: si siguen leyendo van a descubrir el final de todas y cada una de las ficciones en las que estén inmersos actualmente.

Repasemos entonces la enseñanza de Campbell y dejémonos seducir por el hallazgo que nos va a revelar:
Ante todo, “el viaje del héroe” es un ciclo en el que un personaje se sumerge y que Joseph Campbell descubrió al comprender que se repetía, de manera exacta, en todos los mitos, leyendas y tradiciones del mundo. Usemos a Harry Potter para describir cada fase:
1- Mundo ordinario: el héroe vive en un mundo normal, como cualquiera de nosotros. En el caso de Harry, Londres, el número cuatro de la calle Privet Drive en Little Whinging, Surrey, para ser más exactos. Observen que la autora nos facilita datos concretos, idénticos a los que poseemos todos y cada uno de nosotros: una dirección postal. Fíjense en el héroe. Un chico tímido, débil, enclenque, frágil físicamente. ¿No les recuerda a Frodo Bolson o a Luke Skywalker? Nuestro héroe comienza siendo un blandengue que, con el transcurso de la historia, se convertirá en un campeón.

2- La llamada de la aventura: al héroe se le presenta un desafío, una aventura. Para el nuestro llega una lechuza (carta para los muggles) de Hogwarts, un colegio de magos en el que ha sido admitido. ¿No les resulta curioso que Frodo Bolson recibiera el encargo de destruir el anillo y que Luke Skywalker, por ser conocedor intuitivo de La Fuerza, fuese el elegido para rehacer la Orden Jedi?

3- Rechazo de la llamada: el héroe rechaza el encargo, principalmente, por miedo al cambio. Aquí Rowling innova, fabulosamente, la teoría de Campbell haciendo que el entorno del héroe sea quien rechace y no él (los Dursley, sus tíos, con los que vive). Observen como Frodo, en principio, rechaza su misión, por puro miedo, al igual que Luke.

4- Encuentro con el mentor o ayuda sobrenatural: el héroe encuentra a un mentor que lo hace aceptar la llamada. ¿No ven aquí a Albus Dumbledore? ¿Pueden hacer el esfuerzo para reconocer también a Gandalf y a Obi-Wan Kenobi? Seguro que no les cuesta ningún trabajo, pues, además, físicamente son idénticos (barbas blancas, barbas blancas y más barbas blancas).

5- Cruce del primer humbral: el héroe abandona el mundo ordinario para entrar en el mundo mágico o especial. Harry Potter atraviesa el andén 9 y ¾ en la estación de King’s Cross para tomar el expreso a Hogwarts.

6- Pruebas, aliados y enemigos: el héroe se enfrenta a pruebas, aparecen amigos y enemigos. Harry se cruza con sus fieles Ron y Hermione, que lo acompañarán siempre en todas sus aventuras. Aparece entonces Lord Voldemort, el malo, su mayor enemigo al que ha de derrotar. ¿Les recuerda a alguien este personaje? ¿A Sauron o a Darth Vader quizás?

7- Acercamiento y entrenamiento: el héroe comienza a tener éxito en las pruebas. Todo parece marchar sobre ruedas pese a las dificultades. El héroe se entrena para la prueba final.

8- Prueba difícil o traumática: la crisis más grande de la aventura: piensen en las páginas finales de Harry Potter y observarán, a la perfección, este punto: luchas contra Voldemort.

9- Recompensa: nuestro héroe ha vencido al villano (normalmente debido a la bondad de su propósito y su corazón, así como a su valentía). ¡Mil puntos para Gryffindor!

10- Resurrección del héroe: Ahí viene el famoso “¡un momento! ¡No está muerto!” Y el héroe ha de usar todo lo aprendido durante el entrenamiento para derrotar, finalmente, al villano.

12- Regreso con el elixir: el héroe, glorioso, vuelve a casa después de haber ganado.

Por favor, no se pierdan la fabulosa Exposición de Harry Potter, en Madrid, en el Pabellón 1 de IFEMA. Si van el primer fin de semana de diciembre a verla nos encontraremos en ella. Y ojo con el viaje del héroe, tengo un fabuloso maestro que siempre lo dice: es desesperante ver películas con alguien que lo controla: no soporto que me cuenten el final.

Comments

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  1. Carmen, aprecio en la historia de “su” Alma Mires cierto viaje, en este caso, de la heroína. Puede ser? Es simple curiosidad, gracias por su artículo.