Martes, 24 enero, 2017

“OTRA DE ÉBOLA”



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El desgraciado contagio de una auxiliar de enfermería en España ha levantado todo un escándalo de dimensiones insospechadas. La valiente profesional de la salud afectada, voluntaria para ayudar en un caso extremo, lucha contra la parca mientras esto se ha convertido en un espectáculo lamentable de trascendencia internacional.

Quisiera en este momento reflexionare sobre las probabilidades, sobre los protocolos, sobre los medios de comunicación y sobre los políticos.

Si vamos por partes, lo que ha pasado podía haber pasado. Las probabilidades oscilan (matemáticamente) de cero a uno (no de cero a cien, como decía alguien el otro día en la rueda de prensa).Todo lo que pasa es porque puede pasar, pero no todo lo que puede pasar pasa. A ver si nos entendemos. Nosotros traemos un enfermo cargado de virus de Ébola a España y la probabilidad de que no haya un contagio no puede ser nunca de cero (contagio imposible) porque juegan muchos factores. Si no hubiésemos traído a España a los misioneros, el virus podría (y aún puede) ingresar de otros modos. En otras palabras, no estamos aislados en este mundo global que tanto nos gusta para otras cosas.

El primer factor es pues el de los protocolos. Nuestra sociedad, en expresión de su más absoluta torpeza y confianza en la técnica y la ciencia, y no tanto en las personas, tiende a pensar que hay procesos y actividades que no van a fallar o dejar de funcionar nunca por el mero hecho de estar escritas en un protocolo nacional o internacional. Aprovecho para denunciar una vez más que los protocolos no garantizan nada porque al final los aplican y desarrollan seres humanos, en condiciones determinadas (con miedo o confianza; alegría o tristeza, prisa o calma, pericia o impericia, diligencia o negligencia, prudencia o imprudencia) y por muchos controles o supervisiones que haya o se hagan el proceso puede fallar. Aquí, en Texas y en Singapur.

Ahora bien, no deja de ser cierto que ha habido mucha improvisación en todo esto y que hay que ver el modo de evitar circunstancias similares, porque realmente el espectáculo ha sido lamentable.

Los medios de comunicación, jueces y partes, están jugando en mi humilde opinión, un papel cercano a lo esperpéntico. La falta de rigurosidad en la información, el dar el mismo crédito a lo que dice un profesional responsable que a lo que dice un presunto profesional e irresponsable acreditado, unido a lo que se expande cómo virus por las redes sociales y unido a la necesidad absoluta de captar clientes (audiencia, lectores) nos está llevando a un punto absurdo donde amén de alarmar a la población innecesariamente se está haciendo el ridículo allende nuestras fromteras. Muchos grandes noticieros han ocupado el 90% de su programación dando vueltas a esto basándose en especulaciones y opiniones en muy pocos casos autorizadas: hablar por hablar, pero alarmando de ser posible.

Finalmente, los políticos. En contra de lo que muchos puedan pensar, creo que las responsabilidades hay que buscarlas no en las alturas, sino en las personas –normalmente profesionales en este caso- que se supone que sabían lo que hacían, que le dijeron al Gobierno “que se pueden traer a los enfermos porque la situación estaría 100% controlada”, y que son los que diseñaron y supervisaron parte de las cosas que han fallado.

Lo que la Ministra Mato tiene que hacer es superar esta crisis y depurar responsabilidades inmediatamente, no como venganza, sino con un análisis reflexivo y constructivo. Sólo si hubo denuncias o críticas previas y la Ministra se empeño en mantener a esas personas procedería en mi opinión su dimisión.

Porque en el fondo, cuando de la salud pública se trata, que es la salud de todos, la Ministra de turno me importa poco, porque como mucho estará un mes o un año o dos más; lo que me importa es que los profesionales, que por formación, o devoción o por oposición están en un puesto y puedan estar 20 años más no sean unos incompetentes. Y visto lo visto, me temo que alguno de estos tenemos infiltrado o camuflado.

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