Viernes, 26 Mayo, 2017

Los afectados de parálisis cerebral mejoran con un tratamiento multidisciplinar

En el marco de la celebración del Día Mundial de la Parálisis Cerebral, se expone como en esta patología, que no tiene cura, es muy importante un control prenatal adecuado



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Esta semana se ha celebrado el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. Esta enfermedad es un trastorno motor, de carácter crónico y no progresivo, secundario a una lesión cerebral, producida generalmente durante el crecimiento intrauterino, pero que también puede ocurrir en el momento del parto (por falta de oxígeno durante el periodo de expulsión, por ejemplo), o durante los dos primeros años de vida del bebé, mientras su cerebro aún se está desarrollando (traumatismos, infecciones…).

No es una enfermedad específica, sino un grupo de trastornos de causas variables, que puede presentar síntomas muy leves o muy graves. Las lesiones propias de la parálisis cerebral se traducen en una dificultad para controlar las funciones del sistema motor, y el afectado puede presentar espasmos o rigidez muscular, movimientos involuntarios, falta de coordinación, o trastornos en la postura o la movilidad del cuerpo. Dependiendo de la extensión y localización de la lesión, pueden existir otros problemas como retraso mental, dificultades para hablar o en el aprendizaje, o deficiencias visuales o auditivas.

Se estima que dos de cada mil personas padecen parálisis cerebral, porcentaje que se eleva a diez de cada mil cuando se trata de bebés prematuros o con bajo peso al nacer. Esta prevalencia se mantiene estable en los países desarrollados, pero gracias a los avances en tratamientos y cuidados, la esperanza de vida de los afectados ha aumentado en los últimos años, por lo que se ha incrementado el número de pacientes.

La parálisis cerebral no tiene cura; el tratamiento es multidisciplinar, y su objetivo es lograr el mayor grado posible de desarrollo físico e integración social de los afectados. Debe ir enfocado a tres líneas de actuación:

Tratamiento del trastorno motor: para mejorar la movilidad del paciente y prevenir y tratar las deformaciones y/o el dolor asociados. Para conseguirlo se emplean técnicas de fisioterapia y terapia ocupacional, dispositivos ortopédicos, cirugía, y fármacos para reducir las convulsiones o relajar los músculos.

Prevención o disminución de los efectos que tiene el trastorno motor sobre el desarrollo general del niño: durante los primeros años de vida, el aprendizaje y la relación del niño con su entorno están directamente relacionados con su capacidad de movimiento. Sus desplazamientos y la manipulación de los objetos le ayudan a conocer su entorno, y la limitación motora le priva de este conocimiento, de ahí la importancia de una atención terapéutica temprana que mejore la autonomía del paciente y sus posibilidades de comunicación.

Tratamiento de los trastornos asociados: ya sean déficits sensoriales (hipoacusia, deficiencias visuales…), epilepsia (muy frecuente en estos pacientes), trastornos de la alimentación, respiratorios, del sueño, retraso en el crecimiento, retraso mental, problemas de aprendizaje, etc.

En la mayoría de los casos no es posible prevenir la lesión cerebral que provoca los trastornos agrupados bajo la denominación de parálisis cerebral, aunque los controles prenatales adecuados pueden prevenir en cierta medida los factores de riesgo asociados, como la prematuridad. También las mejoras en el control terapéutico del recién nacido prematuro y la atención multidisciplinar resultan muy efectivos para detectar y tratar precozmente el trastorno y los problemas asociados al mismo.

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