Jueves, 23 Noviembre, 2017

            

Experto insta a “tomarse en serio” los llamamientos a la conquista de Al-Andalus

El diplomático Jorge Dezcallar, partidario de una iniciativa europea "potente" que contribuya a una mejor gestión de la crisis de los refugiados

Imagen del arte de Al-Andalus
E.P.


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El diplomático español Jorge Dezcallar ha analizado la aparición como “gran fenómeno” del terrorismo yihadista, consecuencia de la “terrible” situación de Oriente Medio, en un contexto en el que insta a “tomarse en serio” los llamamientos por parte del Estado Islámico a la conquista de Al-Andalus, una reivindicación que no es “puramente retórica”.

Dezcallar, que ha pronunciado la conferencia ‘Terrorismo yihadista en el contexto de la crisis de Oriente Medio’ en el marco del Foro Diálogos de la Universidad Loyola Andalucía –primera cita del año, organizada con la colaboración de La Caixa y Europa Press Andalucía–, se ha pronunciado sobre la consigna repetida en algunos vídeos de Daesh y que suponen una amenaza que “aunque parece que es una cosa de otra época y otro mundo, yo me tomaría en serio”.

En su conferencia, presentada por el rector de Loyola, Gabriel Pérez Alcalá, y el director territorial en Andalucía Occidental de La Caixa, Rafael Herrador, Dezcallar ha contado al respecto una anécdota, según la cual hace años, estando presente en el despacho de un ministro de Asuntos Exteriores de un país árabe, éste tenía un mapa “con media España pintada de verde”. Aunque la respuesta oficial que obtuvo aquel día fue que se trataba de una “referencia cultural”, ha recordado, en declaraciones a Europa Press, que los islamistas salafistas piensan que todo territorio que un día fue musulmán debe volver a serlo. “Hay gente que se toma estas cosas en serio, y hay que tener cuidado con ellos”, ha advertido.

A lo largo de su intervención, el diplomático ha repasado detalladamente la geopolítica de Oriente Próximo y sus relaciones internacionales como caldo de cultivo previo a la aparición del actual radicalismo islámico, desde la retirada progresiva de Estados Unidos, “hartos de ser los gendarmes del mundo”, hasta la pérdida de fuerza e influencia de Europa, la situación del conflicto entre israelíes y palestinos –“no soy optimista al respecto”– o la Primavera Árabe, que “ha derribado a regímenes corruptos pero ha reabierto viejos conflictos y el debate del papel del Islam en la política”, en un sistema “totalizador” y donde no ha habido separación entre religión y Estado.

El peligro del Estado Islámico, con base territorial en Siria, es su crecimiento exponencial, según Dezcallar, que recuerda que Daesh no es una organización terrorista al uso, sino una insurgencia que pretende suplantar un Estado y que, eso sí, utiliza el terrorismo para sus objetivos. En ello se diferencia de Al-Qaeda, un grupo con el que “se lleva mal: esperamos que sigan así y nunca unan fuerzas”. Ambos son una amenaza no sólo para Occidente, sino también para los musulmanes y árabes: la mayoría de las víctimas y los que huyen del Estado Islámico son refugiados sirios.

“Cada refugiado es un drama”, ha asegurado el otrora embajador en Roma, Marruecos o Estados Unidos, que localiza el fenómeno en un estado “fallido” como Siria, cuyo problema “hay que resolver”, para lo que ha aportado posibles medidas como una zona liberada y segura dentro del país, donde puedan ser atendidos y refugiarse. A medio-largo plazo, “hay que acabar con la terrible guerra de allí y con el Estado Islámico”, así como buscar un gobierno de consenso que implique la salida del actual presidente de Siria, Bashar Al-Assad.

A este respecto, también insta a relativizar los datos: si a Europa, “que puede hacer mucho más”, llegan centenares de miles, en Líbano uno de cada tres habitantes es refugiado, en Jordania uno de cada diez, y en Turquía hay un millón y medio de éstos. Admite la dificultad de plantear la cuestión de responsabilidad en un país como España, con un 20 por ciento de desempleo, si bien se muestra convencido de que Europa “debe ser solidaria”.

Para ello, debe acoger a los refugiados donde se pueda, o si no, mandar dinero para que sean atendidos en otros lugares, aportando soluciones que, de manera ideal, deben encontrarse en el lugar donde se origina el conflicto. En este sentido, Dezcallar ha asegurado echar de menos una iniciativa europea “potente”, habida cuenta de que son los europeos los que más sufren las consecuencias de la crisis siria. “No podemos dejar que sean los rusos, los americanos o los turcos los que lleven la voz cantante”, ha resumido, apuntando a la “crisis profunda” en la que se encuentra inmersa el viejo continente como la posible causa principal de ello.

“LA SEGURIDAD TOTAL NO EXISTE”

El diplomático también se ha pronunciado sobre posibles futuros ataques terroristas, recordando que “la seguridad total no existe” y que la población debe acostumbrarse a vivir con un margen de incertidumbre y riesgo, ya que, si no, se viviría en un estado totalitario “absolutamente insufrible”. No obstante, “tenemos que defendernos, y nos defendemos”: en España se produjeron 82 detenciones en 2015, y si es cierto que aprenden, se sofistican y cada vez actúan de forma diferente, “nosotros también aprendemos a controlarlos y defendernos mejor. Si no actúan no es por falta de ganas, sino porque no pueden”.

Y es que la clave, pese a la dificultad de erradicar el movimiento a largo plazo al existir “mucha gente convencida”, está en “impedir que hagan cosas que no sean buenas; cada uno que piense lo que quiera, pero hay que evitar que lo trasladen al terreno de los hechos y que esto se convierta en sufrimiento”. Utilizar las redes sociales para neutralizarlos o una mejor coordinación interna pueden contribuir a ello. “Pero no nos engañemos, no va a desaparecer, hay que dominarlo pero no pensemos que podemos eliminarlo, porque nos equivocaremos”, ha manifestado.

El perfil del terrorista suele ser el del “más inadaptado y frustrado” dentro de un contexto en el que, tras intentar copiar modelos occidentales sin éxito, se busca en las raíces del Islam. Crecen donde hay conflictos: Al-Qaeda se afianza en el Magreb, y el Estado Islámico crece en Siria, Irak, Libia y Nigeria, donde presenta “un gran atractivo para los que se sienten oprimidos”.

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