Jueves, 19 Octubre, 2017

            

El astronauta americano Mike Hopkins lleva la Eucaristía al espacio

Hopkins usaba la cúpula de la Estación Espacial Internacional para rezar y tomar la comunión

Foto: E.P./NASA
E.P.


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El astronauta americano Mike Hopkins celebró misa en el espacio durante su primera y hasta el momento única misión en el año 2013. Hopkins pidió permiso a la diócesis de Galveston-Houston, en Texas, para poder subir en la nave seis formas consagradas que dividió para poder celebrar la Eucaristía cada semana durante los seis meses que duró la misión, según han confirmado a Europa Press fuentes de la diócesis.

Hopkins, que se convirtió al catolicismo no solo porque su mujer y sus hijos lo eran sino porque se dio cuenta de que le “faltaba algo” en su vida, explica cómo vivir 24 semanas en el espacio le confirmó en su fe. “Cuando uno ve la Tierra desde ese punto de vista y ve toda la belleza natural que existe, es difícil no darse cuenta de que tiene que haber un poder superior que ha hecho esto”, asegura a Catholic News Service.

Precisamente, fue en la cúpula de la Estación Espacial Internacional, un módulo con grandes ventanales desde el que los astronautas pueden tomar fotografías y disfrutar de las vistas de La Tierra y del espacio, donde Hopkins rezaba y tomaba la comunión.

En virtud de un acuerdo especial con la Archidiócesis de Galveston-Houston y con la ayuda del sacerdote James H. Kuczynski, pastor de la Iglesia Mery Queen, en Friendswood (Texas), el astronauta pudo subir al espacio seis formas consagradas divididas en cuatro piezas cada una, suficientes para comulgar las 24 semanas a bordo de la ISS.

“Era muy, muy importante para mí”, cuenta Hopkins, de 47 años, que creció en una granja en las afueras de Richland, Missouri, en una familia metodista pero que completó el rito de iniciación cristiana para adultos y se convirtió a esta religión justo antes de subir al espacio.

Hopkings empleaba algunos de sus ratos libres para mantenerse al día con las lecturas del domingo y la homilía semanal de su sacerdote, que recibía vía email a través de la persona de apoyo para su familia, designada por la NASA, que era un miembro de su parroquia.

“Mis compañeros de tripulación sabían que tenía la Eucaristía conmigo”, explica Hopkins que asegura que todos respetaban su fe y su deseo de mantenerla viva “incluso en órbita”.

Hopkins realizó dos caminatas espaciales para cambiar la bomba de un módulo con su compañero Rick Mastracchio y cuenta que antes de salir de la ISS, también tomó la comunión. “Estas situaciones pueden resultar estresantes. Saber que Jesús estaba conmigo cuando saliera por la puerta hacia el vacío del espacio era importante para mí”, afirma.

Esta no es la primera vez que un astronauta practica su fe en el espacio. En 1994, los astronautas Sid Gutiérrez, Thomas Jones y Kevin Chilton, celebraron un servicio en la cubierta de vuelo de la lanzadera 125 millas sobre el Océano Pacífico.

MISA EN LA LUNA

Muchos años antes, en la víspera de Navidad en 1968, Frank Borman, a bordo del Apolo 8 en órbita alrededor de la luna leyó un pasaje del libro del Génesis. Siete meses después, Buzz Aldrin, presbiteriano, tomó el pan y el vino, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nada más aterrizar en la Luna, empleando un ‘kit’ que le facilitó su iglesia.

Por su parte, los astronautas musulmanes siguen las directrices del Consejo Nacional de la Fatwa desarrollados en 2007 que definen las modificaciones permitidas en los rituales tradicionales como arrodillarse durante la oración, mirar hacia la Meca al rezar y lavarse los pies.

Mientras, el astronauta israelí Ilan Ramon, que murió durante la reentrada a La Tierra a bordo del transbordador Columbia en 2003, que se desintegró 16 minutos antes del aterrizaje, llevaba una Biblia en microfilm que le había regalado el presidente de Israel y había copiado una bendición judía en su diario.

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