Martes, 17 Octubre, 2017

            

Así afecta un beso ‘con lengua’

Con un beso puedes sentir desde placer y bienestar hasta odio e ira

Foto del beso más famoso del mundo


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El beso con lengua, el ‘morreo’, ese beso que te deja sin aliento. Un proceso que comienza en los labios, pero que lleva sensaciones a todas las zonas de tu cuerpo. Y es que, la boca junto con la yema de los dedos, la que mayor densidad de terminaciones nerviosas contiene por lo que manda mucha información al cerebro.

“En los labios se nota con mucha precisión la temperatura corporal de la otra persona, el tono muscular y hasta el estado de su sistema inmunitario a través de los anticuerpos y otras proteínas de este sistema. Además, durante el beso, especialmente con lengua, hay un importante intercambio de saliva que hace que el hombre pase testosterona a la mujer y actúe como una especie de afrodisíaco que activa la receptividad sexual de la mujer. Cuando toda la información llega al cerebro, este valora si le gusta o no, si lo rechaza o lo acepta”, explica David Bueno i Torrens, biólogo e investigador de genética en la Universidad de Barcelona a El País.

Un estudio de la Universidad de Oxford, realizado por Rafael Wlodarski y Robin Dunbar, que sugiere que ayuda a evaluar la idoneidad de la pareja. También la científica Sheril Kirshenbaum, de la Universidad de Texas, una de las mayores expertas en la materia y autora del libro La ciencia del besar, aporta datos interesantes, como por ejemplo que las mujeres se sienten atraídas por el olor de los hombres que portan un código genético distinto del de ellas porque, de esa manera, se aseguran mejor descendencia.

Cuando el cerebro analiza esa información sensible, dice sí, en décimas de segundo, comienza a segregar una serie de neurotransmisores y es ahí cuando los protagonistas del beso empiezan a notar sus efectos, buenos y malos. Este experto describe cuatro neurotransmisores básicos que se despiertan con el beso: dopamina, que nos hace sentir placer y bienestar; serotonina, con la que sentimos excitación y optimismo, aunque también puede tener un efecto de ira y agresión (“en este caso lo que ocurre es un rechazo a la pareja”, subraya Bueno); epinefrina, que aumenta la frecuencia cardiaca, el tono muscular y la sudoración, por eso sentimos calor y que el corazón se acelera; y la oxitocina, que genera apego y confianza.

Pero, además, se liberan otras sustancias, como el óxido nítrico, que relaja los vasos sanguíneos y por lo tanto provoca la erección. O la feniletilamina, “una anfetamina potente y rápida que estimula el sentimiento de placer, por eso el primer beso de los adolescentes suele ser más intenso y apasionado”, explica el doctor Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos y autor del libro ‘El planeta de los besos’, al periódico El País. Aunque el psiquiatra destaca que no solo ocurre en los adolescentes, según Gándara, también puede darse en adultos. Pero la pasión no es eterna. La química del beso parece cambiar con el paso del tiempo dentro de una misma relación. De manera que el enamoramiento inicial donde todo es energía y vitalidad se va desvaneciendo paulatinamente y deja paso a una segunda etapa más sosegada. Para el biólogo David Bueno, la razón de este cambio reside en la saturación de los receptores del cerebro. El psiquiatra Jesús de la Gándara señala incluso que existe un cambio en la química cerebral, algo que parece confirmar un estudio realizado en la Universidad Bar llán, en Israel, y que mostró el importante papel de la oxitocina, la hormona que genera apego, en las relaciones estables.

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